Definición de vaca

Comparte esta nota

vacasagrada2

De acuerdo con el diccionario, vaca es “la hembra del toro. De joven se denomina ternera o becerra. Su leche constituye un alimento completísimo y, después de la de burra, es la más parecida a la de la mujer”.

Quienes en los años sesenta vieron la serie televisiva: “El llanero solitario” recuerdan que su compañero se llamaba Toro. Desde entonces existe una gran confusión, porque los niños que se aprendieron la definición del diccionario creen que la vaca es prima hermana de la llanera solitaria. Si bien es cierto que la vaca, por lo regular, pace en llanos no tiene la costumbre de ser solitaria. Por lo regular se le encuentra en manada. De ahí el dicho que dice: “tanto peca el que mata la vaca como el fanático que se revuelve en la caca”, que se aplica a los millones de aficionados que viven por y para el fútbol. Se sabe que el fútbol es para las masas. Las vacas y los aficionados están hechos para la multitud.

La mayor cantidad de vacas tiene cuatro patas; las vacas son de color café caoba o de color blanco con manchas negras, como si al diseñador se le hubiese regado la tinta y la hubiese secado con servilletas, haciendo más irregular la mancha. Yo conocí una vaca diferente a todas las demás, tenía cuatro patas, también, pero era ¡de color azul! Cuando la encontré en el rancho de mi primo Mateo le pregunté por qué tenía ese color. Mateo que, en ese tiempo, se dedicaba a cortar el rabo a los sueños que se pasaban de la raya, dijo que era de ese color porque era una hija del cielo. Yo vi el cielo y, en ese instante, estaba gris, tan gris que parecía una placa de acero. Bueno, dijo Mateo, me caíste en la mentira. En realidad es hija de la Tierra, dijo, abrió una gaveta y sacó una fotografía donde estaba la Tierra sobre un fondo negro. La Tierra era una canica azul, azul, con vetas blancas. Desde entonces, todo mundo aceptó que la vaca es un animal de la Tierra y si aparece la rareza de color azul es porque se llama Franz Marc.

Las madres de todo el mundo tienen predilección por tres animales: el burro, el cuch y la vaca. Tal vez es una exageración decir que de todo el mundo, tal vez del mundo occidental y de manera específica: las de Comitán. Las madres de Comitán siempre comparan a los hijos con los tres animales citados: “¡Eres tan burro como tu padre, un bueno para nada!”, dicen cada vez que ven al hijo recostado en la hamaca; “¡Te doy dos minutos para que te metás a bañar, parecés cuch de tan percudido!”, dicen cada quince días, cuando obligan al hijo a bañarse; “Vive echadote, como una vaca”, dicen cada vez que la comadre Hortensia pregunta por el ahijado. “¿Echado como una vaca?”, llama la atención porqué las madres comitecas comparan a este animal cuando un hijo está recostado. Pregunto a los lectores: ¿alguna vez han visto una vaca echada? En la casa de mi abuela yo veía con frecuencia inusitada a gallinas echadas, empollando los huevos, pero jamás vi una vaca echada. Nunca he visto una vaca echada. Debe ser porque no vivo en rancho. Cuando viajo de un lugar a otro y, a través de la ventanilla, miro el paisaje con niebla, con árboles de durazno, con chozas de palma por donde se cuela un hilo de humo que sale del brasero donde “echan” las tortillas sobre el comal, a veces, miro vacas, pero las veo paradas sobre sus cuatro patas, apenas inclinadas comiendo pasto. ¡Jamás he visto una vaca echada! ¿Qué tiene de especial el “echado” de una vaca para que las madres comitecas siempre las comparen con el echado de sus hijos? ¿Será que -como dice la definición del diccionario- la leche de la vaca es la que más se parece a la de las madres? ¿Será que en el fondo las madres se reconocen en la vocación láctea de las vacas? ¿Será que las tetas de las vacas son las que más se parecen a las tetas de las mujeres? (esto no lo digo por la forma sino por el contenido. Hago la aclaración porque, aún cuando mi tía Juana, de ochenta y dos años, ya tiene las tetas como si fuese una vaca en ordeña, mi prima Lorena tiene unas tetas preciosas que más bien parecen un par de ojos de gato cachondo).

Si a un hijo le preguntaran a qué se parece el echado de una madre ¿diría que al echado de una vaca? No lo creo. Al menos, nunca he visto una madre azul, jamás. Todas las que conozco son de color café caoba o blancas con manchas negras. Sí, la verdad es que tampoco he conocido una madre totalmente blanca, pura. Tal vez me hizo falta conocer a la Virgen María de quien se dice era inmaculada e intocada y que, dice la Sagrada Escritura, era la madre del Cielo, del cielo azul, azul, azul Franz Marc.

, ,

Sin comentarios aún.

Deja un comentario

Comparta su opinión. Su correo no será público y será protegido deacuerdo a nuestras políticas de privacidad.
Diseño Web por Juventino Sánchez/Tifón Estudio