Letras e imágenes como verdad

Quienes escriben, o escribimos, como intento de transmitir conocimientos o problematizar la realidad histórica y presente, nos hemos encontrado con momentos en que lo escrito se convierte en verdad irrefutable sencillamente porque la palabra publicada se convierte en certeza. Así que algunos artículos o libros, lo mismo que puede ocurrir con noticias de prensa, adquieren una condición de veracidad que no todos los autores de esos textos tienen. Lo contrario ocurre, por supuesto, cuando los documentos son de carácter religioso puesto que ahí entra en escena la fe, y ella contiene certidumbres que sobrepasan cualquier posibilidad de crítica ya que su relación con la sacralidad hace que no se dude, sino que se crea. Y aquí quería llegar, ya que cuando no existe una relación con la escritura, y su consecuente lectura, construida como una reflexión o apertura a mundos de imaginación o pensamiento es fácil que lo aparecido en una hoja de papel, o ahora en la pantalla de internet, sea verdad solo por estar impresa y aparecer ante los ojos del lector.

Esa misma circunstancia se observa, guardando las distancias, cuando es la televisión la que emite comunicados de cualquier naturaleza. Informaciones, comentarios o simplemente ideas lanzadas sin hilvanar influyen de la misma forma que lo hace la palabra escrita. Así que ciertos programas o comunicadores se convierten en transmisores de verdad, y sin tener que estar relacionados con un contenido religioso como el que aparece en cadenas televisivas que muestran a telepredicadores todo el día. De tal manera que hay telecomunicadores, sin tomar en cuenta su tendencia o posicionamiento político, creadores de opinión, de verdad.

Tal vez lo expresado suene a una afirmación de perogrullo, no lo dudo, pero lo que me interesa es pensar en las jóvenes generaciones, en su capacidad de crítica y reflexión, que no es lo mismo que la de criticar. Esto último es sencillo y se hace, porque lo realizamos, constantemente en nuestro entorno, y más cuando ello se corresponde con toma de decisiones del poder gubernamental. Por lo tanto, no es criticar lo que me ocupa en estos párrafos, sino la aptitud de crear juicios analíticos alejados de cualquier creencia. Nuestros intereses, ideas y posicionamientos políticos definirán las interpretaciones, no cabe duda, pero alejarán la tentación de la fe simplemente por estar escritos o aparecer en medios de comunicación.

Una sociedad donde solo pocos miembros, una minoría, tengan esa capacidad crítica tiene muchos números para dejarse llevar por los discursos más enajenados o faltos de sinceridad. Posible hipoteca de futuro y que solo se logrará revertir con una educación más constructiva que repetitiva o imitativa, si se permiten estas expresiones seguramente poco cercanas a las teorías pedagógicas.

Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad, afirmaba Göbbels, el propagandista del Tercer Reich. La capacidad para no dejarse embobar por esta lógica solo se remedia con una formación analítica; nada fácil, pero no imposible.

 

 

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