Incursiona de crimen organizado a ejidos tsotsiles de Cintalapa, en los límites con Oaxaca

Incursiona cartel a más de 6 comunidades de Cintalapa, limítrofes con Oaxaca. Foto: Ángeles Mariscal

 

Hombres armados rodearon en la madrugada del jueves 8 de octubre comunidades fundadas por familias tsotsiles en la zona alta de Cintalapa, colindante con Los Chimalapas. La disputa entre cárteles, que en el último año se libró en la parte baja del municipio, sube ahora a la montaña. El gobierno estatal envió policías a la zona por la presencia de «personas desconocidas»; sin embargo, los hombres armados siguieron incursionando.

La madrugada del jueves 8 de octubre, un grupo numeroso de integrantes del crimen organizado, vestidos con chalecos, con ropa oscura o camuflada y con armas de alto poder, llegó hasta los poblados Las Palmas, Monte Sinaí II El Fénix y Las Nuevas Maravillas, entre otros ubicados en la colindancia entre Chiapas y Oaxaca. Son ejidos del municipio de Cintalapa habitados por indígenas tsotsiles que migraron desde distintas comunidades de Los Altos de Chiapas. No es la primera vez que los armados llegan a esta región, pero sí la primera de esta magnitud.

«Empezaron a rodear por las montañas, algunos iban en motocicleta, otros caminando, eran muy jóvenes», cuenta Patricio, habitante de Monte Sinaí. «Los perros nos alertaron, todavía era de noche. Pedimos ayuda por radio, a Oaxaca», recuerda el comisariado de Las Nuevas Maravillas. «Llevamos tres días sin dormir», dice Irma de Las Palmas.

Estos son solo algunos de los poblados a los que llegaron las personas armadas esa madrugada. El trayecto entre uno y otro se hace largo no por la distancia, sino porque los caminos son de terracería y accidentados. Aun así, la comunicación por radio entre poblados corrió rápido. Así se enteraron de que en otra comunidad de la región, cuyo nombre mencionan pero piden no publicar, «la gente los tuvo que aceptar», y de que en otra más «instalaron un campamento en la zona del panteón».

Las Nuevas Maravillas es el poblado más cercano a Oaxaca, y fue de ahí de donde salió la primera petición de auxilio hacia las comunidades vecinas del lado oaxaqueño. Ahí la alarma empezó dentro de una casa. Once hombres con chaleco entraron a la cocina de un vecino mientras otros se quedaban detrás de la vivienda. El dueño de la casa los escuchó platicar y dio aviso a las autoridades del ejido. «Venían subiendo, se venían colocando en punto en los ejidos», relata uno de los hombres de la comunidad.

Pobladores de dos ejidos grabaron videos y, como pudieron, los subieron a Facebook para pedir ayuda. Quienes tenían mayor conectividad llamaron a la presidencia municipal de Cintalapa, a la que pertenecen sus comunidades. Algunas autoridades les pidieron pruebas antes de implemetar alguna acción, pero las redes sociales hicieron lo suyo y, ante los llamados de auxilio, acudieron policías estatales. En Las Palmas, en cambio, Martín asegura que ellos no los pidieron: «el gobernador se preocupó por nosotros» y mandó a su gente. Solo a Las Nuevas Maravillas, en la orilla con Oaxaca, llegaron además de policías, elementos del Ejército Mexicano.

Para el lunes 12, cuando este medio recorrió la zona, había desplegados policías estatales y parecía que volvía la tranquilidad. Pero esa misma noche, habitantes de Pomposo Castellanos hicieron una nueva llamada de auxilio. Es la comunidad que parecía más segura por estar más cerca de la cabecera municipal, y apenas esa mañana había ahí un destacamento de policías estatales.

«Hace menos de cuarenta minutos llegaron a las tiendas, agarraron muchas cosas, se llevaron suero. Apuntaron con las armas para no pagar. Ahorita ya toda la gente se metió a sus casas, nadie quiere salir.» Como prueba enviaron un par de imágenes: las calles del centro del poblado, oscuras y vacías. Donde esa mañana estaban las camionetas con policías, también estaba vacío.

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La disputa entre cárteles sube de los valles a la montaña

Lo que ocurrió en la zona alta de Cintalapa no es un hecho aislado. Es el último eslabón de una disputa que durante los últimos años se libra en la parte baja del municipio y que ahora alcanza la montaña.

Cintalapa colinda con Oaxaca y comparte con ese estado la zona montañosa de Los Chimalapas, donde están los poblados acosados ahora. También es el municipio donde las autoridades ubicaron a Juan Manuel Valdovinos Mendoza, «El Señor de los Caballos», señalado como líder del Cártel de Chiapas y Guatemala. En esa zona tiene un rancho donde se efectuaban carreras de caballos, afición que le ganó el mote. Reportes de prensa nacional lo vinculan con el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

Entre 2025 y 2026 ha habido varios hechos sobresalientes. El 13 de octubre de 2025 fuerzas federales y estatales intentaron capturar a Valdovinos. El operativo detonó bloqueos y quema de vehículos en Arriaga, Jiquipilas, Ocozocoautla y Villaflores; en reportes posteriores no aparece como detenido. El 5 de enero de 2026, la Fiscalía General del Estado detuvo al entonces presidente municipal de Cintalapa, Ernesto Cruz Díaz, de Morena, por corrupción y abuso de autoridad, con presuntos vínculos con la delincuencia organizada; la síndica y la tesorera, detenidas después, fueron relacionadas con el Cártel de Chiapas y Guatemala.

El 4 de febrero de 2026 un operativo en Cintalapa, Ocozocoautla y Jiquipilas terminó con la captura de «El Espíritu», señalado como segundo al mando de Valdovinos, anunció el secretario de Seguridad, Óscar Aparicio; para mayo la misma secretaríadetuvo a tres personas en la colonia Cuauhtémoc de Cintalapa. Según el comunicado oficial, dijeron pertenecer al Cártel de Chiapas y Guatemala. El 11 de septiembre pasado, horas antes de la visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a Tuxtla Gutiérrez y Cintalapa, se reportó un enfrentamiento armado en la zona de Las Palmas; presuntamente el Cártel de Sinaloa y al de Chiapas y Guatemala. Ninguna autoridad lo confirmó públicamente.

Este lunes, en entrevista con este medio, en la zona alta de Cintalapa los pobladores aseguran que hasta ahora a esos grupos solo «lo veíamos en las noticias». No habían tenido contacto con ellos ni con otros grupos armados. «Pasó algo que nunca nos imaginamos», dice Irma, de Las Palmas. «Escuchábamos las noticias en otros lados y dijimos: están viviendo de la peor manera. Nunca nos imaginamos que también lo viviríamos algún día.»

Una fuente consultada por este medio, cuya identidad se reserva, explica  que los integrantes del Cártel de Chiapas y Guatemala han perdido terreno y se han replegado parcialmente, y quienes ahora incursionan en Los Chimalapas «son los del Sinaloa que los vienen persiguiendo, viene limpiando (la zona)».

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«Somos del habla tsotsil»

Las comunidades acosadas no son población originaria de Cintalapa. Llegaron hace 40 años desde Los Altos de Chiapas, en busca de tierra. Por esta condición, se siente doblemente vulnerables. «Somos un ejido humilde, campesino, somos del habla tsotsil. Somos indígenas nativos de San Juan Chamula, de Chenalhó y de Chalchihuitán», explica Patricio, habitante de Monte Sinaí II, ejido fundado en 1986. La mayoría de la gente del ejido habla solo tsotsil. «Las mujeres, tal vez un 20 por ciento habla el castellano», calcula.

En Las Nuevas Maravillas la historia se remonta dos generaciones atrás. «Nuestros ancestros son de San Andrés Larráinzar, pero nosotros ni conocemos San Andrés», dice uno de los pobladores.

Según sus habitantes, en la franja que colinda con Los Chimalapas hay una treintena de comunidades indígenas, con el mismo origen; son las que ahora están acosadas. Los habitantes de Las Nuevas Maravillas aseguran que, pese al conflicto de límites que hay entre Chiapas y Oaxaca por la posesión de las tierras, conviven con sus vecinos de San Miguel y Santa María Chimalapa. De hecho, la primera petición de auxilio tras la incursión armada no fue a la cabecera de Cintalapa, sino a las comunidades del lado oaxaqueño. «Ya nos estamos poniendo de acuerdo con los compañeros de Oaxaca para protegernos», cuenta uno de los pobladores.

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«Saben nuestra ubicación, saben nuestro andar»

En Monte Sinaí II, de acuerdo con los pobladores, primero hubo reportes de «personas extrañas rondando» cerca de las casas. Luego vino el contacto directo con jóvenes que trabajaban en los cafetales. Los armados les pidieron que les llevaran despensa. «Cómprenos despensa y aquí esperamos», les dijeron, según el relato de las mujeres del ejido. «Vienen buscando al comisariado y a las autoridades», agregan.

«Les amenazan diciéndoles que si no hacen lo que ellos piden, ya están fichados. Saben nuestra ubicación, saben nuestro andar. Les tomaron fotos (a los jovenes de la comunidad) Ese es el temor», cuentan. «¿Qué confianza podemos tener? ¿Qué necesidad tenemos de estar ahí trabajando y que te vengan por detrás?», se cuestiona la mujer.

«Nos sentimos acorralados», explica Patricio. «No estamos acostumbrados a esos tipos de personajes. Nosotros nos dedicamos al café, al maíz, al frijol, somos campesinos.» La madrugada de la incursión llamaron a la presidenta municipal. Policías llegaron al ejido en la misma noche, según los pobladores.

Sin embargo, no tienen confianza, por lo que desde ese día el ejido de más de 400 habitantes se organizó en guardias. «Llevamos noches sin dormir, cuidándonos, resguardándonos», dice Patricio. «Pensábamos que iban a entrar en las casas y, no sé, hacer lo peor.»

El miedo paralizó la vida del ejido. Cancelaron la asamblea del viernes, la faena para arreglar el camino hasta Las Palmas y las podas del aprovechamiento forestal que el gobierno federal les autorizó hace dos décadas. El lunes debían ir a Tuxtla Gutiérrez a recibir de la Secretaría de Educación la clave de su escuela secundaria y no pudieron salir. Las clases de la primaria están suspendidas y la casa del maestro, cerrada. Es temporada de cosecha de maíz y nadie va a la milpa: «El animal se lo va a aprovechar», se lamentan.

«Nunca en nuestra vida hemos vivido tanta situación de inseguridad», dice una de las mujeres de Monte Sinaí II. «Una mujer se levanta temprano a hacer el desayuno y con confianza va al campo.» Ahora, explica, en el campo no hay seguridad: pueden amenazarte con un arma y no saber dónde está tu hijo, qué le pasó, si va a volver. «Es una gran impotencia.»

«Nuestros ancianos ya no quieren estar con temor, porque estamos acostumbrados a ser libres. No tenemos por qué estar encerrados. No debemos nada», insiste. «Nuestra comunidad no es solo un habitante, somos todos. Y si ya nos amenazaron a uno, es como

Sin maestros, sin despensa y sin cosecha

En Las Palmas, de unos 350 habitantes, los maestros se fueron hace unas dos semanas, antes de la incursión del jueves, porque tenían miedo, explica Martín, habitante del ejido. Desde entonces, alrededor de una docena de niñas y niños no toman clases. Los adolescentes que estudian la secundaria en otra comunidad, más abajo, tampoco han vuelto.

«Hasta ahorita los niños, en cuanto escuchan alguna bulla, quedan espantados», cuenta Irma. Los hombres no han vuelto a las labores del campo «y no hay entrada de la economía en la comunidad». Hacen la compra cada ocho días; salen en carro. El transporte se interrumpió y apenas se está reanudando, porque salir significa arriesgarse a un asalto en el camino.

En Las Nuevas Maravillas la escasez también llegó a la despensa. «Los hombres ya ni quieren salir a sus trabajos. Tenemos nuestra parcela, nuestro cafetal, nuestra milpa», dice una mujer. «La semana pasada se hizo una escasez de nuestra despensa.»

Un boletín que habla de «personas desconocidas»

El domingo 11 de octubre, tres días después de la incursión, la SSP emitió el único pronunciamiento oficial conocido hasta el cierre de esta edición. El boletín se refiere a la «presunta presencia de personas desconocidas en el Ejido Monte Sinaí II». Informa que se «atendió de manera inmediata el llamado» y mantiene «recorridos de prevención y disuasión del delito en el ejido y zonas aledañas».

El comunicado no menciona armas ni a Las Palmas, Las Nuevas Maravillas o Pomposo Castellanos. Tampoco nombra a ningún grupo criminal. Lo que los pobladores describen como hombres con chalecos y armas de alto poder que rodearon al menos tres ejidos, pidieron comida, buscaron a sus autoridades y fotografiaron a sus jóvenes queda reducido a «personas desconocidas» en un solo ejido.

En las tres comunidades la petición es la misma: que la presencia de las corporaciones sea permanente. En Las Palmas piden patrullajes desde Pomposo Castellanos hacia la zona alta, recorridos diarios y no solo puestos fijos, y sobrevuelos de helicóptero. «Que no se olviden de nosotros. Somo indígenas, no somos animales para que nos sacrifiquen», dice Martín.

Ahí el Ejército no ha llegado. En Monte Sinaí II piden que los policías se queden, que no sea solo un día el qie lleguen. Las Nuevas Maravillas, el único de los tres ejidos con presencia militar, quiere que el Ejército permanezca. La mujer que habla en nombre de las demás pide a la presidenta Sheinbaum «que nos mande el Ejército, que sea la Marina, para que tenga fuerza».

Esa preferencia por las fuerzas federales tiene una razón que explican los pobladores de Las Nuevas Maravillas. «Nosotros no sabemos si estamos hablando con el enemigo”, dice al referisrse a posibles vínculos entre los grupos armados y los uniformados.

La desconfianza tiene antecedentes documentados en el propio municipio, cuyo presidente municipal fue detenido en enero con señalamientos de presuntos vínculos con la delincuencia organizada.

La presencia policial que se ve en la zona tampoco ha impedido nuevas incursiones. El lunes 12, la misma noche en que este medio salió de la región, hombres armados saquearon tiendas en Pomposo Castellanos, donde por la mañana había policías estatales.

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