“La violencia no es la causa”, el comedor indígena de Las Tunas sigue cerrado desde 2020: Colectivo Tarahumara Sinaloense

*Este trabajo fue publicado originalmente en Revista Espejo que forma parte de Territorial Alianza de Medios. Aquí puedes consultar su publicación.


Aunque autoridades estatales y municipales han atribuido el cierre de comedores comunitarios a la violencia, en el municipio de Sinaloa hay espacios de alimentación que permanecen inactivos pese a ubicarse en comunidades tranquilas.

Culiacán, Sin.- La violencia y el desplazamiento forzado no son las únicas razones detrás del cierre de comedores comunitarios en Sinaloa. El comedor de la comunidad indígena de Las Tunas de Abajo, ubicado en el municipio de Sinaloa, fue concluido con recursos públicos en 2020, pero a cinco años de su entrega nunca ha operado de manera regular, de acuerdo con la activista Hortensia López Gaxiola.

El comedor escolar de Las Tunas de Abajo se localiza en la sindicatura de San José de Gracia y fue construido con una inversión de un millón 765 mil 932 pesos, de acuerdo con información difundida por el propio Ayuntamiento de Sinaloa municipio. La obra se realizó en coordinación con el Gobierno del Estado y el municipio, y el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) sería el encargado de proveer los productos alimentarios y la operatividad del espacio.

En diciembre de 2020, la autoridad municipal informó públicamente que el comedor se encontraba listo para brindar atención a niñas y niños indígenas de la región. Posteriormente, en mayo de 2022, se anunció su reactivación. Sin embargo, el espacio no ha brindado servicio continuo a la comunidad.

De acuerdo con López Gaxiola, integrante del Colectivo Tarámari Sinaloense, el comedor nunca ha funcionado como tal.

Tiene cinco años que la obra se entregó, pero no ha operado nunca. Solo una vez acudieron autoridades a dejar algo de despensa; el espacio no tenía estufa ni utensilios, por lo que cocinaron en la primaria y se sirvió en platos desechables”, relató.

El cierre prolongado ha provocado el deterioro del inmueble. López Gaxiola señaló que parte del techo ha perdido láminas por los vientos, la puerta se desprendió en una ocasión y el lavabo se encuentra quebrado.

Es una obra pública que se está dañando sin haber sido utilizada”, explicó.

A diferencia de otras regiones del estado, donde ayuntamientos han asegurado que la inseguridad ha afectado la operación de programas sociales, Las Tunas de Abajo no enfrenta el mismo contexto de violencia.

Es una comunidad tranquila. Aquí no aplica el argumento de la inseguridad para justificar que no suba la despensa”, afirmó la activista.

En la localidad habitan alrededor de 25 familias indígenas en condiciones de alta precariedad económica. Para ellas, el comedor representa un apoyo directo en la alimentación de niñas y niños en edad escolar, además de un incentivo para la asistencia regular a clases.

Como contraste, López Gaxiola mencionó que el comedor comunitario de Cuitaboca, que opera con organización ciudadana desde hace varios años.

Ahí no hay un edificio que haya costado más de un millón de pesos, pero el comedor funciona porque hay abastecimiento constante y coordinación directa con la comunidad”, explicó.

El caso de Las Tunas de Abajo no es el único. En la comunidad indígena de Las Mimbres, en el municipio de Choix, existe otro comedor equipado por el DIF con estufa, refrigerador y cilindro de gas desde hace años, que tampoco ha entrado en operaciones por falta de despensa.

Para las comunidades indígenas de la sierra sinaloense, la inoperancia de estos espacios de alimentación tiene efectos que van más allá de lo asistencial, dijo López Gaxiola, pues la falta de acceso a alimentos empuja a familias enteras a migrar por hambre hacia zonas agrícolas del valle.

La gente no se está yendo por violencia, se está yendo porque no hay cómo comer”, sostuvo.

Una revisión a respuestas de solicitudes de información realizada por ESPEJO identificó que al menos 29 comedores comunitarios fueron cerrados en Sinaloa. Los municipios de San Ignacio, Mazatlán, Escuinapa, Concordia, Badiraguato, Rosario, Elota y Sinaloa municipio concentran la mayor cantidad de cierres. En muchos casos, los espacios dejaron de operar entre diciembre de 2024 y los primeros meses de 2025, periodo en el que la violencia se intensificó tras el conflicto entre dos facciones del Cártel de Sinaloa.

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Respuesta del Ayuntamiento de Concordia a la solicitud realizada por ESPEJO.

En el caso del municipio de Sinaloa, a través de una solicitud de información se reportó el cierre de tres comedores. Uno de ellos, de carácter escolar, operaba en la Escuela Narciso Mendoza, en la comunidad de Cabrera de Limones; de acuerdo con la autoridad, el espacio fue inaugurado en agosto de 2025, pero el equipo nunca llegó. En cuanto a los EAEyD inactivos, los comedores La Alegría, en Buchinare, y Bellavista, en la sindicatura de Sarabia, reportaron su cierre en septiembre de 2025 por motivos de inseguridad. En la respuesta oficial no se hizo mención del comedor de Las Tunas de Abajo.

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