Uno menos

Juegos pirotécnicos para los Santos. Foto: Elizabeth Ruiz
A todos los árboles derribados para construir elefantes blancos.
Cerca de la colonia donde vivía Guillermina había un parque pequeño, lleno de vida, muchos árboles generaban el encanto del lugar. Ese parque era el espacio de diversos encuentros, para juego de las infancias, para caminar de las personas adultas mayores, para hacer ejercicio matutino o vespertino de personas jóvenes y adultas. Además de lo anterior, representaba un espacio importante para quienes deseaban estar en contacto con la naturaleza, en alguno de esos días donde se requiere respirar aire puro, soltar algún llanto contenido, recuperar energías y por supuesto, también era un espacio ideal para los encuentros amorosos.
La gente vecina de la colonia rumoraba que una empresa había anunciado su llegada y que parte del parque sería destruido, a cambio tendrían una placita comercial, eso a Guillermina le generaba sentimientos encontrados, impotencia, nostalgia, tristeza. Había convocado más de una ocasión a sus vecinas y vecinos más cercanos para organizarse y verificar si ese rumor era cierto y en el caso de que sí, para que propusieran alguna acción para evitarlo. Sin embargo, para su mayor desánimo la reunión no se había concretado, las personas estaban siempre ocupadas, tal parecía que el tema no fuera de gran importancia para ellas.
El miércoles, Guillermina salió de su casa por la mañana, eran las 6:30, como todos los días iba a hacer su rutina de correr algunas vueltas alrededor del parque. Iba a ponerse los audífonos al salir de casa cuando escuchó un ruido que le llamó la atención, parecía que había alguna máquina trabajando. Pensó que por fin habían llegado a reparar un par de calles que tenían meses que estaban casi intransitables por los baches que tenían. Se colocó los audífonos y eligió escuchar a Jarabe de palo.
Continuó su paso hacia el parque cuando, para su mayor sorpresa, se percató que el sonido que había escuchado era una máquina que había comenzado a excavar una parte del parque, y justo en ese momento estaba derribando las raíces de uno de los árboles que formaba parte de ese espacio habitado. Se quedó como petrificada imaginando el dolor que el árbol estaba sintiendo, vinieron a su mente tantas historias vividas en ese lugar, se le hicieron varios nudos en la garganta y las lágrimas no tardaron en asomarse. La impotencia la invadió, la tala de árboles había iniciado, comenzaba esa mañana con uno menos.
Guillermina dio vuelta, regresó a casa, intentaría llamar a sus vecinas y vecinos, mientras escuchaba a Jarabe de palo, déjame vivir libre, libre como el aire… me enseñaste a volar y ahora me cortas las alas…







No comments yet.