En México, se registran más de cinco mil casos nuevos de cáncer al año en niñas y niños

Cáncer Infantil
Cortesía: CONACYT Informa

Con información de Verenise Sánchez de CONACYT agencia informativa

En el marco de la conmemoración del Día Internacional del Cáncer Infantil en México, cada año se diagnostican alrededor de cinco mil casos nuevos de cáncer infantil; sin embargo, solo 56 por ciento de los pequeños logra vencer esta primera lucha, según cifras de la Secretaría de Salud (SSA). Este porcentaje es considerablemente inferior al de Estados Unidos y Europa, donde la supervivencia alcanza 90 por ciento.

Pese a que María Belén es de las afortunadas en ganar esta batalla contra el osteosarcoma —el tipo más frecuente de cáncer de huesos que aparece durante la infancia—, perdió la pierna derecha y 50 por ciento de su capacidad auditiva.

Afortunadamente para María Belén, el problema de infertilidad ya lo superó, ahora tiene una hija de año y medio de edad y está muy sana. Los otros riesgos de salud, e incluso que presente un segundo tumor o neoplasia, aún son latentes.

Los efectos tardíos dependen de diversos factores, como el diagnóstico temprano y el tipo de tratamientos y terapias suministradas para atacar el padecimiento, las más comunes son la cirugía, radioterapia y quimioterapia, e incluso se pueden combinar cuando el cáncer es detectado en etapas avanzadas como en el caso de María Belén.

Diagnósticos más oportunos hacen la diferencia

Para Rocío Cárdenas, oncóloga pediatra del Instituto Nacional de Pediatría (INP), uno de los principales problemas es el diagnóstico tardío del cáncer, pues 65 por ciento de los casos registrados en México es detectado en etapas avanzadas, de acuerdo con el estudio «Cáncer infantil en México. Situación actual y retos», realizado recientemente por la Organización Panamericana de la Salud (PAHO, por sus siglas en inglés).

Para un diagnóstico temprano, es esencial la vigilancia de los padres —que adviertan signos anómalos en sus hijos—, así como personal médico de primer nivel debidamente capacitado, capaz de detectar las manifestaciones del cáncer, para referenciar a los pequeños pacientes con un oncólogo pediatra.

“Muchas veces pasan semanas o meses, tiempo que es crucial para atender el padecimiento, y ya cuando llegan a hospitales de tercer nivel, en lugar de tener una probabilidad de curarse de 80 por ciento, pueden tener solo 40 o 30 por ciento, e incluso menos, además de que los tratamientos ya deben ser más intensos y, por lo tanto, más agresivos”.

Justo esto fue lo que le ocurrió a María Belén, pasaron muchos meses desde que ella notó que tenía un tumor en la pierna derecha, hasta que empezó con el tratamiento.

María Belén tenía 16 años y vivía sola. Durante el día trabajaba en un puesto de jugos, por las tardes cuidaba a una niña y en las noches llegaba a dormir a un cuartito que le rentaban las personas con quienes trabajaba.

Un día descubrí que tenía un bolita en la parte inferior del fémur, muy cerca de la rodilla, no me dolía y como no me causaba ninguna molestia no le hice caso, quizás me había pegado, lo raro es que no tenía moretón, solo era la bolita”.

Pasó casi medio año, hasta que un dolor intenso, súbdito y persistente llegó. “Sentía como lumbre, no aguantaba el dolor, le comenté a mi mamá y me fue a ver, me dijo ‘yo creo que fue un golpe, ahorita te voy a curar’, me echó pomada en la pierna y me empezó a sobar, me talló y talló esperando que, lo que después supimos era un tumor en el hueso, se desvaneciera”.

La intención fue buena pero los resultados fueron terribles, al otro día María Belén no podía moverse, pero aun así hizo su mayor esfuerzo y se fue a trabajar al puesto de jugos.

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