San Matías, un albergue donde los migrantes cosechan sus alimentos

San Matías, un albergue donde los migrantes cosechan sus alimentos

El refugio para migrantes se asoció con organizaciones de El Paso, Texas, para poner en marcha un proyecto que promueve la producción sostenible de verduras y tilapias, tanto para proporcionar alimentos a las familias migrantes como para generar ingresos

POR VERÓNICA MARTÍNEZ / FOTOGRAFÍAS: REY R. JAUREGUI LA VERDAD

Ciudad Juárez– Como una bienvenida a casa, desde la entrada se percibe el olor del arroz y los frijoles que se preparan en la cocina de San Matías. Entre risas se escucha a la comunidad del albergue de migrantes platicar y preparar el comedor para la merienda. A lo lejos se puede escuchar el cantar de un gallo y las gallinas cacarear.

San Matías ocupa un espacio de casi una cuadra en la zona poniente de Ciudad Juárez. Ademas de contar con un espacio de comedor, dormitorios, baños y patio exterior, como muchos otros espacios de acogida, el albergue también cuenta con un gallinero, un invernadero, un granero para cerdos y una granja de crianza de mojarras y tilapias.

Todos estos proyectos son parte de un sueño que el director del albergue, el Padre Héctor Trejo, tuvo desde su llegada a Ciudad Juárez en el 2018 para crear un espacio de recepción para migrantes que fuera autosustentable. La idea nació con el deseo de desarrollar un huerto urbano, dijo.

El invernadero donde crecen tomates, lechugas, menta, albahaca y romero, entre otras verduras y especias
Criadero de tilapias y mojarras

“Desde que yo llegué vi que había este espacio y yo lo veía con el potencial de hacer algo. Tenia la idea del desarrollo de un huerto urbano para una familia, pero de escalarlo al nivel de un albergue”, dijo el padre, quien ya había identificado el tema de la alimentación como el más preocupante y recurrente del día a día en los albergues para migrantes.

Trejo no solo busca llegar a la autosustentabilidad a través del cultivo de alimentos orgánicos, si no también crear una fuente de ingreso para el albergue y generar puestos de trabajo para las personas que ocupan el espacio.

Es un proyecto ambicioso que ha requerido años de planeación y trabajo, pero Trejo aún considera que esta en desarrollo y que también podría tener beneficios en el bienestar emocional y psicológico de las personas migrantes al crear una rutina y ocupaciones esenciales en la comunidad.

Cada mañana después del desayuno, Bernardo Aguilar debe ocuparse del invernadero. En Honduras, el hombre de 39 años se dedicó al comercio, pero también había tenido ya experiencia en trabajo de campo.

Dentro de una estructura ya empiezan a brotar hojas color verde oscuro con manchas blancas que se convertirán enredaderas de calabacitas. También empiezan a salir las primeras hojas de lechuga que miden cerca de 5 cm de largo y crecen especias como menta, albahaca y romero. En la parte central de la zona de cultivo, pronto crecerán plantas de tomates.

Aguilar no solo se encarga del riego de las plantas, también el aseo del invernadero y la poda de hierva para mejorar el crecimiento de la cosecha. La idea de no tener un trabajo u ocupación fija en el albergue sea cual sea su tiempo de permanencia, le desagrada.

“Si aquí sigo, estoy dispuesto a seguir trabajando”, dijo Aguilar, quien el año pasado fue retornado a México bajo el Título 42, es una de las restricciones fronterizas de salud bajo la cual Estados Unidos justifica la expulsión de las personas migrantes.

“Además de que sí me gusta, si no tuviera una ocupación sería estresante solo estar en la habitación”, afirmó.

UN GALLO, TRES GALLINAS Y TRES MARRANOS, EL COMIENZO

Aunque la idea de un albergue autosustentable empezó con la idea de un huerto urbano, el inicio del programa fue en enero del 2020 con una inversión de 4 mil 200 pesos, para la compra un gallo, tres gallinas y tres marranos.

Criadero de marranos
El gallinero

Para construir la estructura del gallinero, se utilizaron las bases de literas viejas como la rejilla y percheros en los que duermen las gallinas. Se colocaron una docena de contenedores de plástico vacíos para servir como nidos. El uso de material reciclado no solo redujo costos para la construcción de la estructura si no que también hizo el proyecto más sustentable.

“Lo demás no es más que block, cemento y unas varillas. En realidad, el material no es lo caro, lo caro es no tener un sueño”, dijo Trejo.

Además de construir el gallinero y un establo para los cerdos, el proyecto ha generado algunos retos. El director del albergue considera que el proyecto aún esta en una fase inicial que requiere aún mejoras como lo es adaptarse a los cambios de temperatura extremos de Ciudad Juárez que ya han helado algunas cosechas en el pasado y retrasado el arranque de la granja de acuacultura.

“La solución para el tema de alimentación es la autosustentabilidad, pero llegar al punto de equilibrio de la autosustentabilidad implica ir ganando pericia en el camino y aprendizajes”, dijo Trejo.

No solo se ha invertido esfuerzo en la construcción de una estructura sustentable pero también en tiempo y en entrenamiento de bioseguridad para en un futuro llegar a la venta de huevos y producto animal que genere el albergue.

Fueron estos pasos iniciales lo que abrió paso a que organizaciones locales e internacionales apoyaran el proyecto del huerto urbano. A través del Fondo Fronterizo para Refugiados, el Hope Border Institute ha apoyado directamente a San Matías al invertir en la construcción de estructuras más complicadas como lo fue la granja de crianza de mojarra y tilapia.

Otras organizaciones que apoyaron al albergue San Matías fueron la Diócesis Episcopal de Rio Grande, la Organización Internacional para las Migraciones, la UNICEF, ABARA, Dormir es Poder y el Consejo Estatal de Población (COESPO).

GENERAN COMUNIDAD Y OPORTUNIDADES DE EMPLEO

La comunidad de San Matías ya ha creado su propia rutina. Para las nueve de la mañana, después del desayuno, todos están listos para iniciar con actividades de limpieza, preparación de las próximas dos comidas del día y actividades escolares para los niños y niñas.

Yadira, migrante de Michoacán que ya lleva cinco meses en el albergue, ayuda con la coordinación de deberes y trabajo administrativo. El trabajo que hace en el albergue le absorbe todo el día, pero también le ayuda a sobrellevar la espera mientras permanece en Ciudad Juárez en busca de una solución migratoria.

“A la hora de bajar al dormitorio a eso de las nueve de la noche solo me alcanzan para bañarme y dormir. Estos cinco meses se me han hecho que ni han pasado porque no tengo tiempo de enfocarme en los problemas que me agobian”, dijo.

Yadira cree que su trabajo supervisando el albergue le ha dado ciertas cualidades de liderazgo, ha aprendido trabajo en equipo, comunicación y coordinación que podrían facilitarle aplicar para algún empleo.

Además de la idea de un albergue sustentable, el Padre Trejo también buscó fomentar un pensamiento colectivo en San Matías. El trabajo que se lleva acabo en el albergue abarca desde el cuidado de los animales hasta la limpieza y la coordinación de la cocina.

María Cecilia considera que tiene la suficiente experiencia en cocina “como cada mamá”, dijo. Además, ella tuvo experiencia trabajando en restaurantes en Tijuana por lo que cuando llegó a San Matías hace 3 meses, le asignaron supervisar el equipo de cocina.

La madre de dos hijos lleva la rotación de los deberes de comida, un registro de los alimentos en la alacena, supervisa que sigan protocolos de higiene y decide el menú de comida diario.

“Si es una gran labor y cansado, pero creo que si no tuviéramos esta ocupación estaría yo loca, deprimida. No sé que haría yo sin mi actividad en la cocina”, expresó María.

Ya en Ciudad Juárez, María no esta tan lejos de su destino ya que ella espera poder cruzar y establecerse en El Paso, Texas. Con la experiencia que ha tenido en San Matías y en Tijuana, la migrante se atreve a soñar con abrir su propio restaurante en un futuro.

“No digo que soy una experta, pero me defiendo en la cocina y si Dios me da vida para hacer eso ¿Por qué no? Todos quieren lograr su sueño americano y yo lo que quiero aquí es darle algo mejor a mis hijos”, dijo María.

Entre los habitantes del albergue, Trejo buscaba asignar comisiones y deberes para que las personas usaran la experiencia previa que ya trajeran tuvieran un propósito comunitario, dijo.

“Para mí la base de todo esto es entender que es una comunidad”, dijo Trejo. “Desde varias generaciones atrás se ha colocado este pensamiento colectivo de ver por el bien de la comunidad. Colaboramos y participamos porque otro más colabora y participa para que los demás estemos bien.”

Entre las personas migrantes que han llegado a San Matías, el director encontró personas que venían de zonas rurales del sur de México y Centroamérica que ya tenía experiencia con animales de campo. Estas personas no solo trajeron consigo su labor si no también su experiencia para enseñar a otras personas nuevos oficios.

El proyecto autosustentable en San Matías también busca generar una fuente de ingresos para el albergue con la venta del producto animal y vegetal que se genere con el huerto urbano, el gallinero y la granja, pero también se busca pagar el trabajo que se hace en todo el albergue día con día.

Por un periodo de seis meses en el 2020, San Matías se sumo a un programa de empleo temporal que gestiono COESPO en colaboración con el Servicio Estatal de Empleo. A través de este programa, el director pudo pagar un sueldo de mil pesos semanales a siete personas en el albergue San Matías y otras siete en Espíritu Santo.

El programa temporal de empleo solo duro seis meses, pero el padre busca oportunidades de sueldo fijo para las personas que trabajan en los dos albergues. No solo para que los usuarios tengan una seguridad económica durante el tiempo que permanecen en el albergue, pero también para generar oportunidades productivas y de desarrollo positivo.

“Lo más importante es dignificar la experiencia de las personas durante su estancia con nosotros para que la experiencia no sea traumática tanto para el adulto como el niño”, dijo Trejo. “Busco que en el contexto de la memoria de la persona en el futuro, sea algo agradable y que puedan pensar ‘Ahí hubo un lugar en donde me tendieron la mano’”.

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