Alejandra y la tarántula mexicana que camina en silencio

Alejandra y la tarántula mexicana que camina en silencio

La Aphonopelma pallidum o tarántula gris mexicana es una especie de araña endémica del desierto chihuahuense. Ahora, la presión inmobiliaria y agroindustrial ponen en peligro su supervivencia. Conocerla y entenderla son dos pasos fundamentales para iniciar su protección.

Texto y fotografías por Raúl Fernando Pérez Lira en Raíchali

Alejandra Peña baja la mirada y busca un pequeño agujero en el suelo a las afueras de la ciudad de Chihuahua. Ahí, entre los bosques de pino de la Sierra Madre Occidental y los matorrales espinosos del desierto chihuahuense, habita una singular especie de tarántula.

El agujero en la tierra, perfectamente redondo y de unos siete centímetros de diámetro, es la entrada a la madriguera de una Aphonopelma pallidum, el nombre científico de una tarántula que en latín hace referencia a su silencio y a su color gris o café pálido.

Esta araña, también conocida como tarántula gris mexicana o tarántula rosa mexicana, se volvió uno de los principales informantes de Alejandra, una bióloga chihuahuense a la quien la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO) le encomendó la tarea de estudiarla para protegerla.

—El oso es muy atractivo pero nada más lo puedes ver de lejos —dice Alejandra. No puedes observar tanto ni con detenimiento sus movimientos y sus características. Es más bien una idea que tenemos de que las tarántulas son feas, malas, y otros animales son buenos.

La Aphonopelma pallidum, vista en los alrededores de la ciudad de Chihuahua.

Alejandra es bióloga. Es decir, dedica su vida al estudio de la vida, en especial a la vida de las arañas, aunque no en exclusiva. Durante más de un año visitó esta madriguera para estudiar el comportamiento de su habitante, a quien sus amigas llaman Lucrecia, un nombre que no termina de convencer a Alejandra.

—Lo que hemos observado es que se meten dentro de su nidito, de su cuevita, hacen una cuevita su hogar, ya sea que sea una cuevita que un ratón dejó o algún otro huequito que encuentren y se encierran.

Lucrecia, como las hembras de esta especie, rara vez se aventura lejos de su nido, explica Alejandra. Tapan su agujero con telaraña y cuando sienten que hay un insecto cerca por las vibraciones, salen a cazarlo. A sus crías también las cuidan dentro. En general, no suelen caminar más de diez metros a la redonda, a menos que tengan alguna necesidad de alimentarse.

En cambio, durante la temporada de reproducción entre julio y octubre, los machos caminan lo necesario para encontrar pareja.

—Los machos son los que observamos casi siempre en el campo o en las carreteras o en las casas. Salen a buscar a las hembras y siendo una criatura tan pequeña y también casi ciega, tienen que caminar muchísimo para encontrar a una hembra.

El invierno anterior, entre 2020 y 2021, la madriguera de Lucrecia apareció tapada. Alejandra se llenó de interrogantes. ¿Qué pasó? ¿estará ahí adentro? ¿se fue? ¿murió? ¿cayó presa de una avispa?

Pero en mayo la volvió a observar en su misma madriguera. No cree que la araña haya tapado el agujero a propósito, sino que fue su falta de actividad durante el invierno y las condiciones climáticas las que cerraron la puerta, como parte de su ciclo natural.

Alejandra y amigos buscan una Aphonopelma pallidum en su madriguera.

—Hibernan y se quedan en un ritmo metabólico muy bajo donde ya no necesitan hacer consumo de alimentos para mantenerse vivos. Luego despiertan y es cuando empiezan a tener actividad de nuevo, empiezan a comer y a buscar agua.

Las fuertes lluvias de verano propiciaron la abundancia de insectos, por lo que la tarántula se alimentó muy bien y no tuvo que aventurarse lejos de su escondite. Pero las mismas lluvias también la obligaron a mudarse a otra madriguera cercana, tan sólo a un par de metros. A finales de año, Alejandra ya no la volvió a ver.

Las tarántulas no son insectos, sino que pertenecen al grupo de los arácnidos, como el resto de las arañas, los vinagrones, las garrapatas y los escorpiones, por nombrar algunos. Entre las diferencias principales están que los arácnidos tienen ocho patas, mientras que los insectos tienen seis. Además, nunca verás una araña volar, para bien o para mal.

Alejandra comenzó a estudiar insectos mientras cursaba la licenciatura en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Era una de las áreas de estudio que tenía más salidas a campo, para estudiar insectos en su hábitat, además que había muchas oportunidades de trabajo eventuales que ayudaban a su manutención en una ciudad que no era la suya.

Pero el principal motivo fue otro. Desde pequeña, ella visitaba a su abuelo, quien vivía en un área rural en Chihuahua. Ahí, en la tranquilidad del campo y sin luz eléctrica, su abuelo le contaba las aventuras de sus caminatas entre los cerros. Él veía cómo las avispas Pepsis, depredadoras, acechaban y atacaban a las tarántulas, una historia que emocionó a Alejandra.

—Me describía todas las cosas, la avispa cómo tenía las alas, la tarántula cómo tenía los pelos, cómo se peleaban, cómo se paraban.

Alejandra con una Aphonopelma pallidum macho, al norte del municipio de Chihuahua.

Después de su licenciatura viajó hasta Sydney, Australia, para cursar una maestría en ciencias aplicadas. Ahí comenzó a estudiar a las tarántulas, pues la universidad estaba interesada en saber si la dieta de los marsupiales dependía más de estos arácnidos o de las termitas.

—Resulta que ganó el team termitas. Mi postulación era nula, no era por ahí, y es lo padre de la ciencia. Ahora sabemos que por ahí no es. Siempre hay que ver que las cosas que no te salen también tienen un valor.

La Aphonopelma pallidum y el pirata Kerr

Es esa curiosidad científica y el amor por el conocimiento lo que encargó a Alejandra la responsabilidad de entender a la Aphonopelma pallidum.

Cuando regresó a Chihuahua trabajó en la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas y estuvo a cargo del Parque Cumbres de Majalca, a una hora de camino de la ciudad capital.

Para ella siempre fue un pasatiempo salir al campo y fotografiar los animales y plantas que encontraba. Un día se topó con un ejemplar de esta tarántula y subió una fotografía a plataforma de Naturalista (iNaturalist, en inglés), una aplicación para celular y un sitio web en el que cualquier persona puede compartir sus hallazgos naturales y otras personas le ayudan a identificar la especie y sus características, sean plantas, animales u hongos.

Ahí, un grupo de científicos dio con la fotografía. La necesitaban para incluirla en un estudio internacional de tarántulas, por lo que de inmediato enviaron un mensaje a Alejandra.

—Esta especie es particularmente importante, ¿tienes más imágenes? —le preguntaron.

—No, pero las consigo.

El grupo de científicos que contactó a Alejandra buscaba registrar las tarántulas mexicanas en una lista internacional de protección de tarántulas de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES).

Cuando terminaron el listado, le pidieron a Alejandra realizar una descripción de esta especie para incluirlo en el mismo proyecto con apoyo de la CONABIO, un estudio que tenía más de cien años sin realizarse a profundidad.

A finales del siglo XIX, el inglés Montague Kerr visitó la ciudad de Chihuahua. En sus alrededores se encontró con dos tarántulas macho deambulantes y las envió al corazón del Imperio Británico. Ya en Inglaterra, el aracnólogo Frederick Octavius Pickard-Cambridge los recibió, describió y nombró Eurypelma pallidum en 1897.

Como muchos otros, “el pirata Kerr” llegó a América con la intención de encontrar especies exóticas para mandarlas a Europa, donde serían estudiadas por científicos profesionalizados y entusiastas. En su estudio de 1897, F.O. Pickard-Cambridge incluye varias especies de Kerr y otro “explorador” le enviaron desde Chihuahua y Guerrero, especialmente.

—Era muy usual que la gente lo viera como algo muy en boga, muy popular, tener especies de otros lados. Entonces mandaban gente a saquear todo tipo de cosas, llevarse oro, llevarse historia, llevarse objetos culturales y entre todo lo que se llevaban también se llevaban muchas especies.

Esto no quiere decir que F.O. Pickard-Cambridge la haya estudiado o nombrado por primera vez, dice Alejandra, pues seguramente los pueblos indígenas locales también tenían conocimiento de esta y la entendían a su propia manera, aunque no quede un registro escrito.

Una página del estudio Arachnida – Araneida and Opiliones (1897), de Frederick Octavius Pickard-Cambridge, en el que aparece la araña bajo el nombre de Eurypelma pallidum.

Desde entonces, los potentes microscopios y los análisis genéticos han provocado una seria reclasificación de esta especie y miles de otras. La Eurypelma pallidum fue rebautizada como Brachypelma pallidum en 1986 y como Aphonopelma pallidum en 1993, su nombre actual.

La complejidad del proceso de clasificación de las especies, una práctica conocida como taxonomía, ha llevado a varias personas a la confusión, incluso a autoridades ambientales mexicanas que la incluyeron como especie amenazada en la Norma Oficial Mexicana 059 de 2010 bajo el nombre Brachypelma pallidum, ya en desuso para ese entonces.

Pero estas reclasificaciones se habían hecho sin realizar un estudio descriptivo de la especie, al menos no un estudio publicado y con el aval de la comunidad científica, una tarea que Alejandra asumió.

En Chihuahua, la Aphonopelma pallidum es la que necesitaba más atención, aunque hay otras especies que también necesitan ser protegidas. Esta especie sólo se encuentra en la región de cerros pequeños del estado entre el bosque y el desierto, parte de la cuenca del Mapimí y el norte de Durango, una superficie menor al diez por ciento del territorio mexicano.

Aunque no fue posible realizar un estudio sobre el tamaño poblacional de la especie, sí se encontró que la tendencia es a la baja, de acuerdo a estimaciones de Carol Fukushima, una experta en tarántulas que se encontraba haciendo un estudio internacional a la par de Alejandra.

El crecimiento urbano desmedido y la limpieza del terreno para la agricultura, especialmente los monocultivos de nogales, han reducido el hábitat de este animal y los ciclos naturales del ecosistema. Y así como este desequilibrio puede afectar a la tarántula, la pérdida de espacios naturales también propicia la aparición de plagas y nuevas enfermedades.

El oeste de la ciudad de Chihuahua, una de las zonas en las que el desarrollo inmobiliario avanza sobre los cerros.

—Tenemos la fiebre del nogal ahorita en Chihuahua e igual que cualquier fiebre no termina bien. Se ha visto que económicamente y también biológicamente las fiebres a veces suelen afectar tanto un lugar que lo extinguen y me da miedo que aparte de la tarántula nos vaya a pasar algo a nosotros.

También el cine, las películas de “bioterror”, se ha encargado de dar muy mala fama a estos pequeños e inofensivos animales. Muchas personas, pensando que se encuentran ante un peligroso monstruo, deciden aplastarlas si las ven en casa, cuando en realidad no representan ningún peligro para la vida humana. Al contrario, ayudan en la regulación de plagas.

—Lo que tienen ellas es que son muy fáciles de manejar. Las pones en tu mano o las haces a un lado en el camino y no se te echan encima, empiezan a caminar pero no es que brinquen o traten de morderte, no tratan de hacer nada de eso.

En cambio, la humanidad sí representa un grave peligro para esta especie. Es común ver a estas arañas en los caminos de tierra, o incluso fuera de ellos, aplastadas por vehículos todoterreno, como las cuatrimotos y los “RZR”. Las personas usuarias de estos vehículos no pueden ver por dónde pasan las llantas o no tienen interés en cuidar de la flora y fauna locales.

Entender para proteger

Es por eso que Alejandra estudia esta especie y su hábitat. Entenderla es también entender el espacio en el que vive y entender ese espacio es entender cómo funcionan los ciclos naturales que permiten la vida.

Su estudio, disponible en la web de CONABIO, es un valioso aporte para la conservación y la regulación ambiental. Por lo pronto, en la NOM-059 sigue sin aparecer con su nombre preciso, que está en espera de actualización. Pero en el listado de la CITES ya está registrada como Aphonopelma pallidum e incluye el estudio de Alejandra.

La CITES es un proyecto internacional que regula el tráfico de especies. Los países firmantes, como México, la actualizan durante la Conferencia de las Partes (COP), donde se discuten las listas de especies en peligro y sus medidas de protección.

Ahí se establecen normas para la cacería, con sus vedas, límites de edad y límites geográficos. En cuanto a las tarántulas, permiten su venta como mascotas pero sólo en cierta cantidad y con los permisos necesarios. Si Alejandra quisiera incurrir en este negocio, por ejemplo, tendría que demostrar ser capaz de reproducirlas ella misma en un ambiente controlado y regresar un porcentaje de las crías a un hábitat apropiado.

Alejandra en una de las zonas de monitoreo de la Aphonopelma pallidum.

Esto evitaría que cualquier persona las pueda extraer para coleccionarlas o venderlas, al menos no legalmente, pues se establece una regulación a nivel internacional.

Apenas en diciembre de 2021, las autoridades colombianas en el aeropuerto de Bogotá decomisaron al menos 232 tarántulas, junto con otros arácnidos e insectos, a dos ciudadanos alemanes que intentaban llevarlas a su país con fines científicos. Aunque “el pirata Kerr” lo hubiera logrado sin permiso alguno en 1897, ahora no fue posible.

—Yo sé que no suena de lo mejor, pero es la alternativa que han visto a nivel mundial de cómo reducir el tráfico ilegal de las especies, porque las personas de todas maneras las van a querer vender y de todas maneras las van a querer comprar… entonces para volverlo de cierta manera regulado, controlado y sustentable, se hace este tipo de legislación.

La regulación nacional e internacional también ayudaría a proteger el hábitat de esta especie de la presión inmobiliaria y agroindustrial, dos de las principales formas de pérdida de territorio en el municipio de Chihuahua y en el estado.

Científicos ciudadanos

Alejandra no sabía de qué especie se trataba cuando fotografió la tarántula por primera vez y la subió a Naturalista con su celular. Poco después, un grupo de personas que en ese momento necesitaban una fotografía, la encontraron. Gracias a esa conexión, ahora la comunidad científica tiene mejor conocimiento sobre una especie que necesita protección.

—Se siente muy bien empezar con una foto creyendo que estaba haciendo ciencia ciudadana y después encargarte de hacer una publicación. Yo sí fomento mucho que la gente haga este tipo de actividades, no sabes en dónde vas a quedar.

César Martínez también es un aficionado a Naturalista y acompaña a Alejandra para aprender juntos sobre la Aphonopelma pallidum y otras especies nativas. Antes no había tenido una tarántula en las manos, pero ahora entiende más sobre ellas.

—Me gustan todos los animales, pero no había tenido la oportunidad de ver una tan cerca, de ver cómo se comportan, de saber cómo viven—dice, mientras buscamos tarántulas sobre un camino de tierra.

Un día recibió una llamada de una conocida. Apareció una tarántula en una casa y como sabían que César estaba interesado, le pidieron que fuera por ella.

César y Alejandra en una de las zonas de monitoreo.

Él tenía la esperanza de que fuera una Aphonopelma pallidum, la tarántula que estaba investigando junto con Alejandra, pero se llevó una sorpresa: en Naturalista y en comunidades en internet no pudieron definir de qué especie se trataba.

—Habría que seguir investigando, tratar de encontrar más y ver si tal vez sea una especie nueva, con suerte —dijo.

Saben que se trata de un macho, pero primero tienen que seguir observándola, esperar a que mude su exoesqueleto para ver sus características con más detalle, describirla y realizar una propuesta a la comunidad científica para comprobar si se trata de una especie desconocida o para que les hagan ver sus errores y les “pongan una recia”.

—Porque de eso se trata la ciencia, de que alguien sea muy severo para revisar tus acciones, porque si nosotros tenemos la razón y no hay manera de comprobar que no es, o hay otros investigadores que creen que nosotros tenemos la razón, es así como creamos algo que es nuevo y verdad —dice Alejandra.

Ahora Alejandra organiza grupos para salir al campo y registrar “avistamientos” en Naturalista. Espera que así genere un mayor interés en nuestro entorno natural y conciencia ambiental. Si quieres unirte, puedes buscar el grupo “Naturalista Chihuahua” en Facebook, buscar alguno similar en tu lugar de residencia o hacerlo por ti mismo.

Así, dice, podríamos entender cómo conservar mejor el medio ambiente.

—En lugar de estar buscando reubicar a las especies, tal vez toca reubicar el desarrollo humano o controlarlo o hacerlo de alguna manera que sí sea sustentable y amigable, no dejarlos sin nada sólo por querer aprovechar la tierra al máximo —dice.

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