Granja porcícola contaminó acuíferos en Yucatán

Zona limítrofe entre Mexcanú y Kinchíl, Yucatán. Foto: Robín Canul

*Esta nota fue realizada por Pie de Página, parte de la alianza de medios de la Red de Periodistas de a Pie. Aquí puedes leer la original.


Las comunidades de Kinchil y Maxcanú realizaron un monitoreo de aguas con apoyo de Naciones Unidas y el resultado confirmó el daño ambiental que generan las mega granjas Kekén, del grupo KUO, la gran responsable del desastre.

Texto: Patricio Eleisegui

Fotos: Robín Canul

YUCATÁN. – Se desvanecen la vida y el devenir en Yucatán. Y no hay que salirse del estado o construir un factor externo de alcance global para hallar un actor responsable. El desastre adopta la naturaleza de lo doméstico y también es bien local la causa que lo motiva: el modelo industrial de producción de carne de cerdo. Las tristemente célebres factorías porcícolas. Que se multiplican en el territorio yucateco a partir de políticas que, en los últimos 15 años, no han dejado de alentar la instalación de mega granjas, a las que se les garantiza acceso privilegiado a fuentes de agua, acuerdos favorables para la adquisición de tierras y la disponibilidad de mano de obra barata o directamente apta para la peor precarización.

Suman más de 220 las mega factorías operativas en el estado, aunque el número se eleva a más de 500 si se toman en cuenta los pequeños emprendimientos que abastecen a las instalaciones de mayor envergadura. Además del gran tamaño y el apoyo de las autoridades, el modelo de producción intensiva de carne de cerdos en Yucatán cuenta con otro rasgo particular: opera bajo la forma de un monopolio controlado por Kekén, una compañía propiedad del Grupo KUO con ingresos anuales del orden de los 28 mil 700 millones de pesos.

Todo el sistema de crianza, sacrificio y comercialización de porcinos en el estado funciona a las órdenes de Kekén, que sostiene su negocio a partir de una estructura de mega granjas propias y el aporte de cientos de aparceros.

Según una investigación reciente de la plataforma Jaltún.mx, esta compañía se ubica en el top 20 de mayores firmas de producción de carne de cerdo a nivel mundial y pisa fuerte en la venta nacional de cortes porcinos a través de su cadena de tiendas Maxi Carne, presente en más de 14 estados.

Semejante despliegue y gigantismo comercial encuentra su sostén en un proceso de depredación ambiental y avasallamiento de los derechos de las comunidades mayas de Yucatán que se profundiza a la par del éxito económico de Kekén. Un movimiento que asfixia la seguridad y la soberanía alimentaria del estado profundo y, en simultáneo, evidencia cuánto y cómo se privilegia la bonanza financiera del gran capital privado en detrimento de las prácticas de producción tradicionales de la región como la milpa o la apicultura.

Al igual que las estadísticas del negocio, el desastre que auspician las mega factorías de Kekén también viene originando datos y cifras que confirman la naturaleza funesta del modelo industrial porcícola.

Una prueba reciente de las consecuencias negativas que acarrea la actividad fue expuesta durante la tarde del lunes 13 por referentes y lideresas del Consejo Maya Chik’in-já y el colectivo de atención comunitaria U Yutzil Kaaj. Reunidos en el pueblo de Kinchil, distante 28 kilómetros de Mérida, la capital yucateca, detallaron los resultados de un monitoreo de aguas realizado en áreas cercanas a una serie de mega granjas que funcionan en torno al mencionado Kinchil y el municipio de Maxcanú.

Según datos de Jaltun.mx, Kekén opera una factoría de 60 mil cerdos a escasos kilómetros de Kinchil y posee una instalación con 24 mil ejemplares porcinos en Maxcanú. En este último distrito la firma también es socia de Agroindustrias Moba en una mega granja que integra a más de 46 mil 460 animales.

Kinchil y Maxcanú, sin agua apta para consumo humano

Realizado con asistencia técnica del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el estudio comprendió el análisis de 200 muestras extraídas de 23 cuerpos de agua, la mayoría de ellos cenotes y pozos artesanales, durante un lapso de 8 meses que se extendió a lo largo de 2022. El resultado: 100 por ciento de las muestras dio positivo en presencia de coliformes fecales. La totalidad del líquido analizado mostró contaminación con bacterias como la Escherichia coli.

“La presencia y el volumen de los coliformes en la mayoría de las muestras obtenidas indican contaminación fecal en los cenotes, ojos de agua y pozos de la zona de estudio. Estos resultados son consistentes con los boletines epidemiológicos del Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica para el estado de Yucatán, en los que se muestra un aumento en los casos de enfermedades infecciosas intestinales”, expuso Elena, una de las integrantes del Consejo Maya Chik’in-já, durante la actividad en Kinchil.

“El esfuerzo de monitoreo continuará y se está buscando que el muestreo se amplíe a otras comunidades y sitios de la región. Mientras tanto, se tiene el interés de socializar estos primeros resultados, así como exponer las implicancias en todas las comunidades del poniente de Yucatán para advertir la amenaza regional”, agregó.

Según los y las voceras del Consejo Maya Chik’in-já y el colectivo de atención comunitaria U Yutzil Kaaj, el 35 por ciento de las muestras evidenció la contaminación más severa según los parámetros determinados por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Mega granjas porcícolas y la afectación de las comunidades

“Además de la preocupación por el agua que estamos consumiendo, también está la afectación que sufre la agricultura, nuestros animales. Todo esto por lo que viene ocurriendo con el agua. A los pueblos no nos vinieron a preguntar si queríamos que se instalen estas granjas. Nos impusieron reglas mientras nos quitan nuestra forma de vida”, enfatizó Matilde, del Consejo Maya Chik’in-já.

Los colectivos reunidos en Kinchil señalaron que los resultados del monitoreo desnudan la falsedad de los presuntos métodos de saneamiento del agua de los que presume Kekén en buena parte de los medios de comunicación de Yucatán. “Aquí estamos demostrando con objetividad que es falso que la empresa tiene procesadores y sanea el agua residual”, remarcó Jesús, también de Chik’in-já.

Por el lado de Maxcanú, Cintia, habitante de la comisaría de San Fernando, explicó que la localidad sufre el funcionamiento de una mega factoría que se ubica a menos de medio kilómetro de la comunidad. “De ahí salen 48 mil cerdos cada tres meses. Con tanto químico que les ponen, la carne crece en ese tiempo. Claro que eso no lo dicen. Por la contaminación tenemos hasta niños con diarrea”, dijo.

La referente del colectivo de atención comunitaria U Yutzil Kaaj aportó detalles de la perversidad con que actúa Kekén ante el problema sanitario que genera la misma compañía: “Ellos vienen y se instalan con sus casitas de salud. Las ponen en el pueblo cuando son ellos mismos quienes nos están enfermando. Nos dan medicamentos para callarnos la boca”.

El drama que atraviesan los apicultores

Desde la llegada de las granjas de puercos, las actividad apícola se h visto afectada. Foto Robin Canul

Además de la actividad en la milpa, las comunidades mayas de Yucatán ostentan una tradición por demás de longeva en lo referente a la producción de miel.

Precisamente la actividad apícola, a partir de la depredación de la selva para la instalación de las mega granjas y la contaminación de las reservas de agua, se ubica a la cabeza de las prácticas económicas locales que más padecen la actividad de las factorías de cerdos.

Bonifacio, un apicultor de Paraíso, otra de las comisarías que pertenecen a Maxcanú, comentó que la instalación de Kekén en esa zona está a un paso de acabar con la actividad de 40 familias del pueblo que se dedican a la generación de miel. “El agua en el pueblo está contaminada, lo mismo el agua de los pozos donde están los apiarios. Va a llegar el momento en que los compradores digan que, por la contaminación, dejarán de adquirir nuestro producto”, vaticinó.

En las inmediaciones de Kinchil, la extinción de la actividad apícola ya comenzó a hacerse visible. Marco Antonio, otro de los convocados para la presentación de los resultados del monitoreo de aguas, contó: “Somos de una cooperativa de miel y vecinos de Kinchil. Donde nosotros estamos hay cenotes, aguadas. Tenemos 29 apiarios orgánicos. La empresa que nos compraba detectó contaminación en el agua y perdimos la certificación como productores de miel orgánica de abeja. Se nos quitó”.

“Los certificadores ahora sólo aceptan a apiarios que estén a más de 6 kilómetros de las granjas. Si uno está más cerca, se deja de ser orgánico. Hoy tenemos este problema gravísimo en toda la zona. Si esta situación continúa, también van a dejar de comprarnos miel convencional. Las granjas tienen que retirarse”, destacó.

En el cierre de la actividad en Kinchil, los colectivos reunidos redoblaron el pedido de intervención urgente de organismos nacionales como la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) y la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA), además de remarcar el favoritismo político del que goza Kekén en la gestión del panista Mauricio Vila Dosal, actual gobernador de Yucatán.

Y compartieron una certeza que en los territorios de Yucatán se repite en medio de la calamidad socioambiental que provocan las mega factorías de cerdos: este modelo industrial es nocivo para los proyectos de desarrollo comunitarios. Atenta de manera fatal contra cualquier iniciativa cooperativa y, como ya se mencionó, profundiza la violación de derechos y libertades que, desde hace siglos, sufren todas las comunidades mayas del estado.

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