Enganchadores presionan a jornaleros y a empresas agrícolas en Sinaloa

Enganchadores presionan a jornaleros y a empresas agrícolas en Sinaloa
Foto: Revista Espejo

*Esta nota fue realizada por Revista Espejo, parte de la alianza de medios de la Red de Periodistas de a Pie. Aquí puedes leer la original.


Por Marcos Vizcarra

Los enganchadores son hombres que tienen negocios de transporte, con los que reclutan a personas a las que condicionan a pagar vivienda para poder llevarlos a trabajar a campos agrícolas. También presionan a productores para que les paguen a cambio de asegurarles tener mano de obra.

Culiacán, Sin.- La crisis laboral en el campo de Sinaloa apunta a los llamados “enganchadores”, también conocidos como “fleteros”, quienes traen a miles de personas migrantes de otros estados para negociar mano de obra a las empresas agrícolas.

“Presionan a los jornaleros y nos presionan a nosotros (los agricultores)”, reconoció Marte Vega Román, presidente de la Confederación de Asociaciones Agrícolas del Estado de Sinaloa (CAADES).

Tal presión consiste por un lado en la exigencia de pagos a los jornaleros para transportarlos hacia campos agrícolas, siempre y cuando se mantengan rentando cuartos diminutos llamados “cuarterías”.

Por el otro, hacia los agricultores, en condicionar el número de trabajadores para laborar como jornaleros en los campos por un pago impuesto por esos mismos enganchadores.

“Ahí tiene que ver mucho las famosas cuarterías, que no son de los productores, sino de gente que vive de eso y es una realidad que desgraciadamente abusa de la ignorancia de mucha gente, reclutándolos en lugares lejanos, como en la sierra u otros lugares y abusan de esta gente. No quieren estar bajo un registro o un control, le sacan la vuelta a cualquier tipo de inspección”, señaló Vega Román.

-Esas personas también están llegando a las agrícolas, donde están subcontratando ¿Cómo hacen para evitarla?

“Los grandes agricultores ya están avocados a este problema, se está haciendo un esfuerzo y hay que reconocerlo. Ellos tienen alojamiento para sus trabajadores y cumplen con cuestiones de salud y alimentación. En los agricultores más chicos es donde tienen el problema, no tienen la capacidad de tener ese tipo de inversiones, de gastos y hay que ver cómo esas gentes que están en las cuarterías cómo vincularlas a los albergues”

“Desgraciadamente esos trabajadores no quieren estar registrados, muchos exijen que se les pague diario, trabajan un día sí y al día siguiente se van a otro lado, es difícil llevar un control como debe ser. También hay cierta resistencia de los enganchadores, los que tienen las cuarterías e incluso de los mismos trabajadores tienen esas resistencias”.

-¿Entonces los enganchadores también ejercen presión a los agricultores?

“Sí… el productor muchas veces tiene la necesidad de la mano de obra y esos señores ponen sus condiciones, nos dicen ‘aquel señor quiere que se le pague diario’ y termina el trabajo y se van, al día siguiente se van a otro campo… es muy difícil tener ese tipo de controles”.

EL NEGOCIO DE LOS ENGANCHADORES

Los enganchadores son hombres que tienen negocios de transporte de pasajeros por autobús, pero su negocio va mucho más allá. Estas personas hacen el reclutamiento de de Chiapas, Guerrero, Michoacán, Jalisco, Colima, Zacatecas, Durango y Chihuahua para traerlas a trabajar en campos agrícolas.

Funcionan como agencias de colocación, pero de manera irregular. Convencen a las y los migrantes para trabajar como jornaleros con pagos desde 150 a 300 pesos por jornal, así como vivienda en los lugares donde

Datos de la Secretaría de Gobierno y la Secretaría de Agricultura en Sinaloa establecen que cada temporada agrícola llegan hasta 150 mil personas migrantes. De esas, unas 100 mil personas son llevadas con empresas que tienen vecindades con espacios compartidos, áreas de baño, juego y comedores. Ahí, aunque amontonadas y limitadas, logran tener espacios con escuelas y guarderías para desarrollarse temporalmente.

Pero hay otras 50 mil llevadas a otros lugares para que las trabajadoras, trabajadores, y las niñas y niños que los acompañan, habiten en espacios diminutos, construidos con madera, plástico o lámina vieja, donde las personas que los habitan comparten su intimidad, sus sueños y la vida. Ahí mismo conviven, sostienen pleitos y se hacen relaciones de pareja.

Las personas que duermen a un lado un día escuchan las discusiones y en otros cuando las parejas tienen sexo. Los que cohabitan esos pedazos de terreno son testigos del amor y del terror también, como cuando niñas y niños son abusados sexualmente.

En esos cuartos hay víctimas y agresores, sin que haya un céntimo de justicia.

Esas 50 mil personas no llegan solas a esos cuartos, sino que son llevadas por reclutadores que fueron a sus pueblos y los enlistaron para servir a patrones de forma subcontratada, aunque completamente irregular.

Se les llama “fleteros” o “enganchadores” y estos  juegan un rol importante dentro de las agrícolas, son quienes llevan la mano de obra dentro de los campos, con cobros a otros patrones que varía entre los 35 y 50 pesos diarios por persona llevada al campo.

Esto significa un gasto importante para cada empresa agrícola de forma semanal, que es el esquema de pago regularmente.

Los fleteros usan flotas de camiones comprados en Estados Unidos. Son autobuses que alguna vez sirvieron para transportar a niños y niñas a los colegios, pero ahora transportan a centenas de mujeres y hombres diariamente desde las cuarterías hasta los campos.

El trabajo de los fleteros va mucho más allá de transportar a los trabajadores desde las cuarterías. Son quienes recomiendan, deciden o proponen hacia dónde deben ir a trabajar los jornaleros.

Estos empresarios informales se ganan la confianza de las personas migrantes, les hacen ver hacia dónde deben ir, qué deben pedir y cuándo deben entrar o salir. Se retratan a ellos mismos como oficinas de recursos humanos.

Nada está más alejado de esa promesa. Los fleteros negocian salarios y el pago por cada persona que es llevada a las empresas agrícolas. Estas, a su vez, acceden a negociar para tener mano de obra disponible sin tener que hacerse cargo de dónde irán después.

Los jornaleros y jornaleras refieren que trabajan con los fleteros no con la agrícola. Desde antes de viajar a Sinaloa hacen acuerdos con esos “empresarios” para dejar previsto dónde vivirán a cambio de rentas que disminuyen enormemente el salario de los trabajadores del campo.

Hay fleteros que llevan el registro de la actividad de cada uno de los trabajadores. Se presentan como supuestos líderes, como si fueran sindicatos. Hacen trabajo de gestión, cabildeo, protección y negociación ante las empresas, aunque eso no termine en beneficios reales para  las y los jornaleros, solo para esos empresarios informales.

Tienen ese poder que no está regulado en ningún lado. La Secretaría General de Gobierno de Sinaloa no cuenta con padrones de estas empresas, tampoco la Secretaría de Economía.

Existen y subsisten porque las empresas pueden contratar de manera más sencilla y barata la mano de obra. Es así que las agrícolas se libran de dar vivienda, alimentación y pagar prestaciones laborales a quienes viajan desde lejos para hacer producir el campo sinaloense.

Es posible decir que uno de cada tres tomates cortados en las plantas que crecieron en Sinaloa son producto de la subcontratación con empresas irregulares que trafican con personas.

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