El sueño de ERA y Burkina Faso: manual práctico para escribir como ChatGPT
Hay personas que cuando escriben se empeñan en imitar el estilo de las inteligencias artificiales generativas. Una de ellas es la secretaria Anticorrupción de Chiapas, Ana Laura Romero Basurto, quien escribió el artículo: “Sankara, el hombre íntegro. Burkina Faso de Chiapas: el sueño de Eduardo Ramírez Aguilar”.
Desde el primer párrafo, la funcionaria se propone rendir homenaje al estilo grandilocuente de la IA. Escribe: “Hay hombres que no gobiernan desde la comodidad del poder, sino desde la exigencia de su conciencia”.
ChatGPT debe rumiar desde su omnipoder: “Perdón, secretaria, pero ese es mi estilo. No me remede. Escribo esas frases abstractas y comodinas para halagar a cualquiera, en lo cual soy experto”.
Sigue la funcionaria en su panegírico: Esos hombres “no se miden por encuestas ni por aplausos, sino por la coherencia entre lo que piensan, dicen y hacen”.
Con esa “progresión social ordenada” y ese “cierre sentencioso”, dice ChatGPT, esa persona trata de suplantarme.
No entiendo porqué debemos escribir como la IA, sobre todo, cuando se trata de personas que ponen en circulación sus ideas por su peso fundamentado y su originalidad.
Tan agradable que es tropezar y equivocarse. Hay tantos escritores y escritoras por imitar, en lugar de la predecible y monótona IA.
A veces, por copiar se cae en la caricatura y en el absurdo, pero fascinados por el estilo artificioso, creemos que la IA es realmente creativa, cuando está copiando y acomodando frases ya dichas y gastadas. Eso sí, con oraciones aparentemente logradas.
Antes, los escribidores con aspiraciones intentaban parecerse a sus novelistas famosos. Había esperpentos malogrados de García Márquez o Carlos Fuentes. Borges llegó a decir que lo imitaban tanto que buscaba ya no parecerse a Borges.
Abundan artículos y libros que emular a la IA. Sus autores se han convertido en expertos en prompts y se dedican a bajar páginas y páginas de ChatGPT o Gemini, los chatbots más populares.
Hay tantos textos artificiosos que vendrán tiempos en que todos escribiremos igual: sin errores, sin contradicciones, y nos felicitaremos y nos diremos “qué bien escribes compañero”, pero con el rasgo típico de las IA.
Antes, en mis clases universitarias, me enfrentaba a textos que se rendían ante el plagio. Los identificaba en sus primeros párrafos. Se los hacía ver a los autores que homenajeaban a teóricos con la calca de sus ideas. Me sucedió hasta en el doctorado, donde imparto clases.
Ahora percibo una sobreabundancia de textos generativos. Por esa razón, este semestre hemos regresado a la escritura manuscrita. He pedido a mis alumnos un cuaderno para ejercitarse con una pluma. Sigo, en esta estrategia que puede ser hasta terapéutica, los consejos de Natalie Golberg y su magnífico libro El gozo de escribir.
Después de todo escribir es una pasión infinita, llena de hallazgos y alegrías. Una terapia que nos lleva al círculo virtuoso de leer-escribir-leer, y a veces, hasta pensar.
Usamos herramientas de IA, desde luego, pero en etapas que consideramos convenientes, y cuando su contribución es importante, sobre todo en la revisión de datos y elaboración de cuadros. Y si lo usamos, lo transparentamos.
No estoy en contra del uso de la IA. Al contrario, es una herramienta que facilita el trabajo periodístico, pero no debe ocupar la autoría principal. Es, como lo vimos en el Diplomado de Periodismo Asistido por Inteligencia Artificial, que coordiné recientemente en la Universidad Autónoma de Chiapas, un asistente imprescindible para navegar en el océano de la información.
Me he referido al texto de la secretaria Anticorrupción, porque es el que encontré esta mañana. Pero hay toda una galaxia de textos que se publican en portales informativos y redes sociales que ventriloquean sin rubor a las IA. Preferiría regresar a los tiempos de imitadores del realismo mágico.
Siempre he querido que mis textos se parezcan a los del poeta de mi pueblo, don Chanty Serrano, pero no lo lograré. Así que aquí ando predicando el absurdo, copiando… “Este texto está redactado con ChatGPT 5.0 y revissado en Gemini 3.0”.
Vieron. Ya nadie se salva. Ja.







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