Cineastas reflexionan sobre memoria, representación y descolonización de la mirada audiovisual

Cineastas de los pueblos originarios. Foto: Mitzi Fuentes

En las instalaciones del Centro Estatal de Lenguas, Arte y Literatura Indígenas (CELALI) se realizó el conversatorio “Miradas Convergentes: el cine en tseltal y tsotsil”. En él, las cineastas María Sojob, Florencia Gómez y Ana Ts’uyeb compartieron experiencias personales y profesionales sobre la construcción del cine indígena desde la voz de las mujeres.

El encuentro reunió a tres generaciones de realizadoras que coincidieron en un punto fundamental: el cine nació para ellas como una necesidad de comunicar, preservar la memoria y abrir espacios de representación para sus pueblos y sus lenguas originarias.

María Sojob, descendiente maya tsotsil, recordó que su interés comenzó en Chenalhó, impulsada por una pregunta sencilla pero profunda: ¿por qué sus abuelos y familiares no podían escuchar su idioma en los medios audiovisuales? Su deseo inicial no era dirigir películas, sino informar en tsotsil a su comunidad.

“Yo tenía claro, desde los 12 años, que quería estar frente a una pantalla, no detrás. Quería informar en tsotsil a mi comunidad. Ese fue el primer impulso”.

La cineasta destacó que su formación estuvo marcada por obstáculos que aún enfrentan muchas mujeres indígenas, quienes tienen pocas oportunidades educativas debido a los roles tradicionales asociados al matrimonio y la maternidad.

“Afortunadamente pude seguir estudiando. Con esa inquietud estudié Comunicación y, la verdad, no tenía ni idea de qué era el cine ni si podíamos tener acceso a hacerlo, porque tampoco se creía que fuera posible”, expresó la realizadora tsotsil.

Desde una experiencia íntima, Sojob explicó que sus obras surgieron de la nostalgia y la memoria familiar. Películas como las dedicadas a su abuelo nacieron primero como registros afectivos y posteriormente se convirtieron en obras reconocidas dentro y fuera de las comunidades.

“Cuando hice Banquilal, tenía la nostalgia de mi abuelo, que había muerto y no lo pude grabar”.

“Toté también fue muy personal: mi abuelo estaba enfermando, se estaba quedando ciego y yo no tenía ninguna relación con él. A partir de ahí nace, desde una emoción”, contó la cineasta.

La realizadora también reflexionó sobre la necesidad de descolonizar la mirada audiovisual. Cuestionó las formas aprendidas en la academia y defendió la búsqueda de narrativas conectadas con el ch’ulel,

“entendido como conciencia, espíritu o esencia, para que las películas puedan conectarse con la gente de la comunidad, tanto dentro como fuera de ella”. Dijo

Por su parte, Florencia Gómez, hablante maya tseltal, relató que su acercamiento a la comunicación surgió de la necesidad de participar en espacios donde históricamente las mujeres indígenas han tenido poca voz pública.

Su formación en Comunicación Intercultural fortaleció tanto su lengua materna como su interés por narrar otras realidades.

“Me lleva a retroceder un poco —dijo— y tiene que ver con esta incomodidad de ser mujer en una comunidad”, un espacio donde “la misma sociedad, la misma cultura o el mismo pueblo te hace sentir incómoda en algún momento”.

Gómez señaló que el contacto con distintas comunidades le permitió comprender la diversidad de experiencias de las mujeres indígenas. Afirmó que no existe una sola manera de ser mujer tseltal o tsotsil y que las transformaciones sociales deben analizarse desde sus contextos particulares.

La productora destacó que su documental “Tres días, tres años” nació del interés por registrar procesos políticos protagonizados por mujeres. Considera que el audiovisual permite mostrar cambios sociales que muchas veces permanecen invisibles en los relatos convencionales sobre los pueblos originarios.

Ana Ts’uyeb, representante de una generación más joven, recordó que su decisión de dedicarse al cine surgió tras ver un documental sobre Acteal y crecer en una familia que respaldaba y militaba en el movimiento zapatista. A partir de entonces comprendió que las cámaras podían convertirse en herramientas para documentar la historia y las luchas de su propio territorio.

La cineasta subrayó que gran parte de su trabajo en el documental “Li Cham” cuestiona las representaciones externas que folklorizan o victimizan a los pueblos indígenas. Desde una perspectiva crítica, busca construir imágenes que reflejen dignidad, complejidad cultural y experiencias reales de las mujeres.

“Mis búsquedas han surgido de cuestionar por qué, cuando se habla de los pueblos originarios, se nos folcloriza, estigmatiza o representa de formas con las que muchas veces no nos identificamos”, señaló.

Agregó que, a partir de esa reflexión, “también comencé a cuestionar la romantización de nuestra cultura y a explorar estos temas en mis primeros trabajos, incluso desde nuestra propia mirada como pueblos originarios”.

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