La generación de la trata de mujeres de la guerrilla en Centroamerica

MUJERES MIGRANTES 144

Noemi Méndez tiene actualmente 50 años. Foto: Sandra de los Santos/ Chiapas PARALELO.

La guerrilla Salvadoreña obligó a Noemí Méndez y a su hermana, Sonia de León a salir de su país de origen. Noemí tenía 18 y Sonia 9. Noemí cayó en una red de trata de personas que la llevó en 1982 a Guatemala y la obligó a prostituirse. Durante seis meses estuvo encerrada en un cuarto, con alimentos racionados y obligada a tener relaciones sexuales todos los días.

Después de seis meses de estar encerrada con la ayuda de otras mujeres que estaban en su misma situación, Noemí logró escaparse del lugar donde la tenían las tratantes. Intentó regresar a su país, pero continuaba el conflicto y no tenía a dónde ir allá se quedó a trabajar en Guatemala. Durante 15 años fue trabajadora sexual.

“Las que estábamos en esas casa éramos todas de El Salvador. Nos habían comprado en medio de la guerrilla. Yo tenía poco tiempo en comparación a otras que estaban ahí y fueron ellas las que me llevaron cuando se escaparon” recordó Noemí, quien ahora tiene 50 años.

Su hermana de nueve años fue a dar a la casa de unos parientes, pero su tío la maltrataba y decidió escaparse. Llegó hasta México, donde vivió con niños en situación de calle. No se habían vuelto a ver desde que el conflicto en su país las separó.

Durante la caravana de madres centroamericanas que buscan a sus hijos e hijas lograron reencontrarse.

Promotora en la prevención del VIH

Foto: Sandra de los Santos/ Chiapas PARALELO.

Foto: Sandra de los Santos/ Chiapas PARALELO.

Como trabajadora sexual, Noemí vio los primeros casos de VIH entre sus compañeras a principios de los años 90´. Una organización civil se acercó a ellas para darles pláticas de prevención del virus y Noemí decidió unirse a esa agrupación y dejar su oficio.

Noemí ahora labora como voluntaria de esa misma organización y es integrante fundadora de la Organización de Mujeres en Superación de Trabajadoras Sexuales en Guatemala. La agrupación, conformada por ex trabajadoras sexuales,  apoya a otras mujeres que se dedican al comercio sexual a defender sus derechos y evitar que sean víctimas de trata de personas. Así también ofrecen pláticas de prevención de transmisión del VIH.

“Para las compañeras es difícil negociar el condón porque a veces por ganarse un dinero más aceptan tener relaciones sin el condón y ahí es donde pueden contraer una enfermedad. A la organización también nos llegan casos de compañeras que son violadas o golpeadas y a ellas nadie las defiende” relató Noemí.

A pesar que la vida no la trató bien, Noemí es una mujer que le gusta sonreir y conversar. Se siente bien apoyando a las demás. Lo que ella pasó no le gustaría que ninguna mujer le vuelva a suceder “sea de Nicaragua, de México, Guatemala  o El Salvador”.

Su intención de unirse a la caravana de madres centroamericanas que buscan a sus hijos e hijas,  no sólo fue reunirse con su hermana en Guadalajara, sino darles fortaleza a las otras mujeres. “Nos puede ir muy mal, pero hay que seguir porque siempre podemos hacer algo para que nos vaya bien”.

La semana pasada Noemí cruzo el río Suchiate junto a las otras madres de regreso a Guatemala. Continuará con su labor con las trabajadoras sexuales en aquel país porque está segura que su contribución es necesaria para lograr, que aunque sea en algo, cambie la situación de las mujeres en Centroamerica.

 

 

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