Rutilio Escandón, el enigma

Rutilio Escandón Cadenas (Venustiano Carranza, 1958) es la mímesis de Andrés Manuel López Obrador, pero una mímesis burda, imitación cansina que no conecta con los asistentes y ni siquiera genera emociones entre sus colaboradores más cercanos. 

Sus propuestas, meras transcripciones de las de Morena a nivel nacional, son una caricatura. “Cero tolerancia a la corrupción y a la impunidad”, dice en entrevistas y en mítines, y habla de proyectos para generar empleos, para florecer el campo, para incentivar el turismo y para sacar al estado de la pobreza y el abandono. 

Habla con lentitud, masca las palabras, quiere ser el AMLO chiapaneco pero se queda en el panegírico. Le dijeron que mirara a la cámara, más que a los entrevistadores, y eso hace en cada oportunidad que ha tenido de salir en la televisión. 

Siguió el mismo consejo en el debate: actuar y mirar fijamente a la cámara. Un día antes de ese esperado encuentro con los demás candidatos se apropió del set de Canal 10. Practicó su verborrea, midió los pasos, pidió que le dijeran en dónde estarían las cámaras y desplegó sus pocas tablas en la actuación política para asegurar que no nos va a fallar y pedir que tengamos confianza en su gestión.

Pero cómo tenerla, dicen sus críticos, si él, que debiera ser sinónimo de cabalidad por haber sido magistrado presidente del Poder Judicial, inició una campaña anticipada para posicionar su imagen, y dejó en manos de su secretario el control de esa institución que no ha sido contrapeso al ejecutivo local. 

Rutilio Escandón ha prometido un gobierno austero, pero eso no está en su talante. Cuando en mayo de 2013 se casó con Rosalinda López Hernández, exsenadora perredista y después contendiente a la alcaldía de Villahermosa Centro por el Verde, organizó una fastuosa boda en la que reunió a más de 400 invitados y a los gobernadores Manuel Velasco Coello y Arturo Núñez como testigos. 

Su hija María, nacida en su primer matrimonio, sabe de las generosidades de su padre. Según el portal www.elmexicanodigital.com, María Escandón presume en su cuenta de Instagram una bolsa de Lous Vuitton, de más de 70 mil pesos; un protector de celular de casi siete mil pesos; un coche Mercedes Benz de por lo menos medio millón, además de viajes en aviones privados y “boletos para el concierto de Luis Miguel con un valor de más de 11 mil pesos”. 

El expresidente del Poder Judicial no tiene dudas de que ya ganó, según le aseguran diferentes encuestas, no obstante el pesimismo de sus colaboradores que le han alertado no confiarse en este Chiapas inencuestable. Por esa seguridad, que raya en la insensatez, no ha aceptado ninguna carta de buenas intenciones, ya sea de organizaciones sociales o empresariales. 

Hace 20 días se negó a firmar una serie de compromisos con miembros del Consejo Coordinador Empresarial de Chiapas, bajo el argumento de que desconocía el documento pese a que se lo habían enviado con anticipación a su oficina, lo que generó el abucheo de los asistentes.

Su candidatura por Morena lo consiguió, sobre todo, con el rasgo más positivo de su personalidad: su lealtad, casi servilismo, con Andrés Manuel López Obrador (no en balde uno de sus hijos se llama Andrés Manuel). En 2012, pese a apostar por Manuel Velasco a la gubernatura, dejó en claro que a la presidencia de la república estaba con el tabasqueño. Esa muestra de lealtad fue más evidente con el infarto que sufrió el Peje y el lugar de portero que ocupó el magistrado en la casa del convaleciente en el sur de la Ciudad de México.

Por supuesto que han existido momentos de tensión y distanciamiento entre ambos. En 2015, el candidato presidencial de Juntos haremos historia, dijo que la esposa de Rutilio Escandón tenía mucho dinero de Manuel Velasco para ganar la alcaldía de municipio Centro, en Tabasco.

Ahora, en que Rutilio Escandón parece recibir apoyo del gobernador chiapaneco, Andrés Manuel prefiere callar, y en su lugar resaltar su amistad con el abuelo materno de Manuel Velasco.

El candidato de Morena resultará, en caso de que gane la gubernatura de Chiapas, un enigma, porque en los diferentes cargos que ha desempeñado se ha comportado como una esfinge impenetrable, con pocos amigos, y sin una posibilidad de evaluarlo realmente en la administración pública, porque su experiencia y su gris gestión está en el lado judicial y legislativo. 

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