Falta de armonización con el ambiente y consideración por los demás, principales causas del por qué Tuxtla Gutiérrez no llega ser ciudad sustentable

Como señalan los investigadores, los habitantes de Tuxtla tienen una ideología de cuidado del medio ambiente, sin embargo, les cuesta encontrar un equilibrio con sus actividades sociales. Cortesía: Alma de Chiapas.

*De acuerdo con el Centro del Cambio Global y la Sustentabilidad en el Sureste (CCGSS), el desarrollo sustentable hace referencia a la capacidad que haya desarrollado el sistema humano para satisfacer las necesidades de las generaciones actuales sin comprometer los recursos y oportunidades para el crecimiento y desarrollo de las generaciones futuras.


Jesús Ocaña Zúñiga, Oscar Cruz Pérez, Germán Alejandro García Lara, Carlos Eduardo Pérez Jiménez, investigadores de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales, junto a Felipe Reyes Escutia del Instituto de Ciencias Biológicas de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (UNICACH), llevaron a cabo una investigación con el objetivo valorar la proximidad a la sustentabilidad de los habitantes de una comunidad urbana a partir de la medición de acciones, actitudes y disposiciones.

Los investigadores, mencionan que, la sustentabilidad se puede comprender como un paradigma para pensar en un futuro en el que las consideraciones ambientales, sociales y económicas logren un equilibrio en la búsqueda del desarrollo y una mejor calidad de vida.

Ocaña, Cruz, García y Pérez, señalan que, en el ámbito social, la sustentabilidad sólo es posible a través de la participación consciente de los actores sociales en una lucha por justicia, respeto a los derechos humanos, diversidad cultural y respeto al ambiente, acciones concretas que permitan introducir cambios en la vida social.

“Esta transformación en la dimensión social implica la modificación de actitudes, creencias y conductas hacia un estilo de vida de los actores que corresponda a los preceptos de la sustentabilidad, esto es, la equidad, la justicia, el bien común, el respeto al ambiente, la moderación e incluso, la espiritualidad», añaden los investigadores.

Explican que, las conductas proecológicas son aquellas que suponen una acción deliberada para el beneficio y cuidado del ambiente, las personas que actúan con de manera ecológica a menudo tienden a sacrificar sus intereses individuales a cambio de los intereses públicos o sociales.

Las ciudades, por ejemplo, son los principales centros de la población en los que se concentra la mayor parte de las actividades y decisiones humanas que se llevan a cabo en el mundo, a pesar de que ocupan un pequeño porcentaje de la superficie terrestre, los centros urbanos consumen gran parte de los recursos disponibles en el planeta.

“La ciudad moderna ha permitido el desarrollo de las fuerzas productivas y el crecimiento de la riqueza económica al mismo tiempo que han abonado a una creciente proliferación de problemáticas propias del entorno urbano, tales como el deterioro del entorno natural, pobreza, estilos de vida poco saludables, pérdida del sentido de comunidad y desintegración de los lazos afectivos, por citar algunos”, añaden los especialistas.

Resaltan que la ciudad es un sistema complejo, con múltiples y dinámicas relaciones entre los diferentes factores y elementos que coinciden en un espacio relativamente limitado.

Las personas, como actores sociales, aportan el indeterminismo inherente a la conducta humana, que deviene de un proceso histórico mediado por experiencia y el aprendizaje en un arreglo social que exalta el individualismo y diluye la comunidad.

Los investigadores destacan que, Tuxtla Gutiérrez, es una ciudad conveniente para su estudio, debido a que en ella se manifiestan diversas problemáticas urbanas y de convivencia, tales como altos niveles de contaminación, deterioro ambiental, deficientes servicios urbanos y desigualdad social.

De esta manera, el supuesto de que sus habitantes no son austeros, altruistas, no realizan acciones favorables al ambiente, no cuentan con un sentido de equidad y la consideración de la espiritualidad es limitada, por tanto, no es próxima a la sustentabilidad.

Debido a las diversas problemáticas de la ciudad en cuanto a convivencia, las actividades en pro de controlar el deterioro ambiental son deficientes. Cortesía: Comunicación Social de Tuxtla Gutiérrez.

De los 653 sujetos incluidos en la muestra, 56.4% son mujeres y 43.6% hombres, con una edad promedio es de 35.8 años con una desviación estándar de 15.6 años, con relación al estado civil, la distribución es 41.5% de solteros y 40.4% de los participantes están casados, el resto (18.1%) declararon un estado civil distinto a estos.

Del total, la mayoría (56.4%) tiene hijos. En referencia a la religión el 67.1% es católico, 11.5% mencionó ser un creyente sin religión y 10.5% manifestó ser cristiano evangélico; el resto se distribuyó entre testigos de Jehová (3.1%), adventistas (2.4%), ateos (2.4%), mormones (1.7%) y otras prácticas religiosas (1.4%), destacan que 69.7% utiliza el transporte público para trasladarse en la ciudad.

En cuanto a la ocupación, la mayoría de ellos son empleados (25%), seguido por quienes se dedican al hogar (21.4%) y aquellos que aún son estudiantes (18.1%), el resto se distribuyen entre profesionistas (15%), comerciantes (7.2%) y quienes realizan un oficio (3.1%).

La mayoría de los sujetos cuenta con estudios a nivel medio-superior (37.7%) o de licenciatura (30.2%), el resto cuenta con estudios de nivel básico (27.7%), o bien, ninguno (4.4%).

En cuanto al origen, 52.1% es nativo de la ciudad mientras que el resto (47.9%) nació en otro lugar distinto, destacan que 75.7% de los participantes tienen más de 10 años residiendo en la ciudad, 14.5% de 3 a 10 años y 9.8% menos de tres años.

“Se puede apreciar que los puntajes promedio mayores se obtienen para equidad, seguido de espiritualidad y austeridad. Esto sugiere que el sentido de equidad, el respeto a las diferencias y la consideración acerca de que todos deben tener las mismas oportunidades sin condicionantes de ninguna índole, es el campo en el que los habitantes son más próximos a la sustentabilidad”, mencionan los investigadores.

Después de la equidad, los segundos puntajes mayores corresponden a espiritualidad, el sentido de trascendencia, a través de lo espiritual, puede propiciar mejores formas de relacionarse con el entorno y con otros actores sociales, esto es, mediante el respeto a las formas de vida, la revaloración de la ética y la recuperación de los lazos fraternos, como una forma de acercarse a esquemas de convivencia sustentables.

Esto sugiere que los habitantes de la capital denotan cierto nivel de conciencia para no consumir de manera imprudente e innecesaria, evitan el derroche y procuran una gestión adecuada de recursos es la base de una sociedad más justa, en contrasentido, por debajo de la media aritmética se encuentran los valores que corresponden a las dimensiones de Conducta Ecológica General y altruismo.

“Esto es un indicio de que a los ciudadanos se les dificulta armonizar la vida en comunidad con un sentido de responsabilidad en torno al ambiente y a una reducida consideración respecto a los demás. Estos dos campos representan las áreas de oportunidad en donde deben centrarse los esfuerzos de la sociedad en aras del proceso de transformación que debe promoverse en cada habitante de la ciudad, a fin de que los preceptos de la sustentabilidad sean adoptados en el espacio urbano que comparten”, destacan los investigadores.

En cuanto a las correlaciones, se aprecian coeficientes positivos y significativos para todos los pares de las escalas aplicadas, la más alta se presenta en la conducta ecológica general y el altruismo, es decir, a puntajes mayores en la escala de altruismo los participantes también obtienen puntajes altos en la conducta ecológica general, la misma situación ocurre entre la espiritualidad y la equidad.

“Los resultados obtenidos señalan que los participantes de este estudio, habitantes de la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, son más próximos a la sustentabilidad en cuanto a su sentido de equidad y espiritualidad y más alejados de ella en lo que se refiere a la conducta ecológica y altruismo”, señalan.

Otro de los factores podría ser la falta de respeto por los espacios públicos por parte de las y los habitantes. Cortesía: Tuxtla Capital/Twitter.

Por ende, sugieren que, desde la noción de equidad, los cambios sociales en la ciudad podrían propiciarse con base en el respeto a las diferencias, tales como las de credo religioso u origen étnico, la consideración hacia quienes presentan una condición de vulnerabilidad, por ejemplo, personas de la tercera edad, personas con ingresos bajos o población migrante en tránsito; así como mediante la moderación y regulación de la conducta a través de la espiritualidad.

Sin embargo, los resultados advierten que los habitantes de Tuxtla Gutiérrez no realizan acciones en favor del ambiente con frecuencia y tienen un bajo sentido de apoyo desinteresado hacia otras personas.

Por ello, hacen evidente la necesidad de emprender líneas estratégicas de acción para posibilitar que los habitantes la ciudad puedan ser próximos a esquemas sustentables y, de esta manera, impulsar el desarrollo de la ciudad con criterios afines a la sustentabilidad.

“Desde los diferentes órdenes y estructuras institucionales, tales como el Estado, la escuela y la familia; se debe promover la empatía y el sentido del otro mediante estrategias que apunten a la cohesión y participación social, facilitando la organización comunitaria en los barrios o abriendo canales permanentes de comunicación entre pares”, enfatizan los investigadores.

En cuanto al cuidado del entorno, mencionan que es pertinente incentivar la modificación de los hábitos de consumo, motivar a los diferentes actores sociales hacia la cultura del ahorro y previsión, así como a la gestión adecuada de los recursos, por ello, en las zonas urbanas, es imperativo preservar un paisaje urbano saludable, con base en la conciencia ambiental de sus habitantes.

Además, mencionan que los conocimientos y aprendizajes recuperados por medio del trabajo exploratorio realizado invitan a reconocer la necesidad de avanzar en la construcción de modelos estadísticos y metodologías que provean de mayor formalidad a la investigación sobre sustentabilidad urbana que incluyan a las dimensiones intangibles en la medición de la proximidad a ella.

“Los resultados obtenidos en este trabajo permiten identificar la necesidad de fortalecer la construcción de conocimiento para alcanzar la sustentabilidad urbana y convocar a una permanente reflexión en torno al modelo moderno de ciudad para imaginarla diferente, con horizontes próximos a la sustentabilidad”, finalizan la investigación.

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