Papel de las mujeres indígenas en la ovinocultura para la economía familiar

Los ovinos producen una variedad de productos y servicios: estiércol para labranza, animales en pie y lana. Cortesía: Yaxalum Chiapas.

*Los modos de vida indígenas se transforman arrastrando consigo a los sistemas de producción familiar.


Trinidad Alemán Santillán, Biólogo del Departamento de Agricultura, Sociedad y Ambiente de El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR) dio a conocer que, en la región de los Altos de Chiapas la cría de ovinos es considerada una actividad económica distintiva de las comunidades indígenas.

El biólogo añadió que dicha actividad es asociada a la imagen alimentaria que se promociona como atractivo para las y los turistas, además, con la lana de los animales se elabora la ropa tradicional de la mayoría de las comunidades tsotsiles y tseltales de la región, a tal grado que la vestimenta y ovinos se asocian con la vida cotidiana.

Alemán Santillán mencionó que, a lo largo de los años, se han hecho múltiples intentos para promocionar la ropa artesanal elaborada por las mujeres indígenas como productos de marca en Europa y Estados Unidos, con el fin de generar beneficios económicos.

El investigador señaló que, los resultados no han sido los esperados, pues en la actualidad la ovinocultura parece retroceder el avance de factores en ese mercado, que parecía prometedor.

Sin embargo, expuso que la ovinocultura es un ejemplo del papel central, donde la cría de animales juega en las estrategias económicas de la región de Chiapas, donde el concepto “ganadería” no refleja el significado de la producción animal en las familias campesinas e indígenas.

Lejos de ser el factor destructor de recursos naturales que hoy día se quiere proyectar en los ámbitos urbanos, la producción animal es parte orgánica de las economías indígenas. Traídos por los europeos en diferentes momentos de la historia, los animales domésticos, principalmente bovinos y ovejas, formaron parte de las estrategias de apropiación de tierras seguidas por los conquistadores, expuso el biólogo.

Los actuales ovinos de Chiapas son descendientes de los animales traídos por los españoles casi desde el momento mismo de la conquista (mediados del siglo XVI). Cortesía: Leisa

Alemán Santillán puntualizó que, en la zona Altos, la intención de criar grandes rebaños de ovejas, pastoreando extensiones de tierra tuvo como obstáculos principales las condiciones ambientales restrictivas de la región, extremas y estacionales, es decir, veranos muy húmedos y calurosos alternados con inviernos helados y secos.

El biólogo enfatizó que, las altas cargas parasitarias en verano y escasez severa de forraje en invierno causaron la mortandad animal e impidieron lograr lo esperado, generando decepción en los encomenderos que perdieron interés en la actividad.

Ante lo expuesto, el investigador añadió que las mujeres indígenas tuvieron éxito al cambiar el sistema y la estrategia de producción de animales, incorporándolos en la producción familiar.

Cuidar las gripes, limpiar la lana, alimentar las crías, eliminar parásitos y curar heridas se transformaron en cuidados personalizados para un número reducido de animales que ante la posibilidad de nuevos beneficios, lana y estiércol principalmente, pronto conformaron el componente animal que hoy día caracteriza a toda la agricultura campesina, conjuntamente con la milpa, el traspatio, el manejo del bosque y la vida familiar, mencionó el biólogo.

Alemán Santillán enfatizó que, si bien el ambiente sigue siendo una limitante en la cría de animales, su atención y manejo son responsabilidad creativa y exitosa de las mujeres tsotsiles y tseltales de la región.

Ovinos, aves y cerdos están al lado de semillas y azadones, coas y machetes, calendarios agrícolas y rituales propiciatorios para formar parte del acervo cultural, tecnológico y productivo de la unidad de producción familiar, que se maneja haciendo interactuar sus componentes animal, vegetal y humano sin sobrepasar la capacidad de trabajo que exista al interior de la familia, comentó el biólogo.

Añadió que alrededor de doce ovinos, media docena de gallinas, uno o dos jolotes y en ocasiones algún cerdo o novillo, son el inventario pecuario que retribuye sus cuidados pastoreando acahuales y abonando parcelas en descanso, comiendo rastrojos de los cultivos y los desechos de la cocina, aflojando el suelo, aportando lana y generando recursos monetarios en tiempos de crisis financiera.

El investigador señaló que, aunque el consumo de carne y otros productos de origen animal no son tan relevantes como se cree, comer pollo o huevos es frecuente en las familias indígenas.

Además, la venta de animales vivos tampoco es el objetivo de su crianza, sino los productos y servicios que generan.

Con base a lo anterior, para las mujeres tsotsiles, los ovinos o novillos, además de lana, estiércol y algún eventual dinero, inciden en el “prestigio social” que otorgan, es decir, los animales pueden venderse en momentos familiares críticos, como una enfermedad.

El estiércol es utilizado como abono de hortalizas o en la milpa, la lana se usa para confeccionar la ropa, pero el buen aspecto de los animales proyecta una imagen responsable, confiable y hasta envidiable de la dueña.

Alemán Santillán acentuó que, aunque la información estadística nacional no hace un registró adecuado, esta producción animal familiar decrece de manera rápida ante escenarios adversos, aún entre académicos que se niegan a aceptar su importancia y pertinencia.

Al interior de las familias indígenas de los Altos, las nuevas generaciones, pero en especial las mujeres, están en la búsqueda constante de mejores opciones de vida, salir a estudiar o a trabajar es mejor que casarse y repetir los ciclos de sus madres y padres, ante estos cambios se van también costumbres, tradiciones, estrategias económicas y conocimientos agrícolas.

El biólogo mencionó que, la globalización, afecta todos los aspectos de vida, cambia expectativas, visiones y hábitos de consumo.

Por último, añadió que los agroquímicos sustituyen tecnologías locales, la ropa industrial desplaza la vestimenta tradicional, los tiempos destinados al cuidado personalizado de los animales se destinan a trabajos remunerados, el conocimiento empírico cede ante las propuestas institucionales.

 

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