¡Alto! a la injerencia de Estados Unidos y Canadá en la soberanía nacional y alimentaria: Sin maíz no hay país

«Una década resistiendo a Monsanto: en defensa de la milpa y los maíces nativos mexicanos». Cortesía: Demanda Colectiva Maíz

*“México es una voz que se une a la de millones de personas que en el mundo demandan alternativas para recuperar la dignidad, el derecho a decidir qué comer, al agua, a un medio ambiente sano y sustentable, a la información y a la vida”: Campaña


La Campaña Nacional Sin Maíz No Hay País se posicionó ante la solicitud de los gobiernos de Estados Unidos y Canadá de un panel de controversia en relación con el maíz en México. Por lo que, dijeron “alto a la injerencia de dichos gobiernos sobre la soberanía nacional y alimentaria”; ya que estos no se negocian.

En ese sentido, enfatizó que el decreto presidencial que ordena la sustitución progresiva del uso del herbicida glifosato y la prohibición del maíz genéticamente modificado (GM), dio la oportunidad de materializar cambios ante el modelo neoliberal y la llamada “Revolución Verde”.

Por consiguiente, tan pronto apareció el primer decreto, las presiones del gobierno de Estados Unidos y de las corporaciones agroalimentarias a las que representa, iniciaron una petición de consultas técnicas en junio de 2023; en la que cuestionaban las bases científicas en que se sustentó dicho decreto.

A partir de entonces, la Campaña indicó que se han presentado las pruebas necesarias y el Gobierno mexicano ha propuesto realizar una investigación conjunta, con el propósito de analizar los daños ocasionados por el glifosato y los maíces transgénicos a la salud humana.

La respuesta del gobierno estadounidense ha sido: No, expuso la Campaña.

Dicha negativa muestra que “no existe voluntad de avanzar de manera constructiva”, ya que el hecho de aceptarlo pondría en duda lo que el gobierno de Estados Unidos y las transnacionales han buscado imponer como verdad absoluta: que el paquete tecnológico glifosato/maíz GM no conlleva daños a la salud.

Maíz de alto rendimiento producido con prácticas sustentables en San Pablo Huitzo, en Oaxaca, México. (Foto: CIMMYT)

Es decir, pretenden ignorar que amplios sectores de la población en Estados Unidos y Canadá rechazan el uso de esa dupla, debido a las evidencias acumuladas de daños a la salud.

Por ejemplo, en las demandas ganadas por personas estadounidenses que enfermaron de cáncer debido al uso de glifosato. Las empresas prefieren pagar esas demandas antes que perder el negocio multimillonario que representa el herbicida.

Enfrentamos lo que se anunciaba desde la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) -hoy Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC)-: la imposición de decisiones que beneficien a Estados Unidos y Canadá a través de la extracción de bienes comunes y de modelos que responden a sus intereses económicos sin respetar las necesidades y decisiones de México. Se trata de estar por encima de la autonomía esencial de una nación, de su soberanía, indicó la Campaña.

Además, recordó que desde la firma del TLCAN, en México se modificó el modelo agroalimentario, lo que ha tenido consecuencias adversas como: una mayor migración, epidemias de obesidad, diabetes y otras enfermedades vinculadas al consumo masivo de alimentos chatarra producidos por industrias que sólo buscan ganancias.

Ante esa situación, afirmó que es indispensable apoyar la posición del gobierno mexicano, porque se basa en el derecho propio a la salud, así como los derechos a un ambiente sano y a la biodiversidad de los maíces nativos de México.

También, se basa en la defensa de la riqueza biocultural de las comunidades campesinas y del patrimonio gastronómico de México clasificado como Patrimonio Intangible de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Es el momento de unir voces y esfuerzos para un cambio profundo en la manera de relacionarnos con la naturaleza y de producir nuestros alimentos. Es el momento de unirnos para superar la pandemia de obesidad y diabetes, cuyos costos sociales y económicos afectan de manera evidente a nuestro país, dijo la Campaña.

Al mismo tiempo, resaltó que no se permita que a través de un tratado comercial, un país extranjero imponga condiciones que ponen en riesgo el derecho a un ambiente sano, salud, vida, trabajo digno libre de tóxicos, y a preservar el patrimonio cultural y la biodiversidad.

Por todo lo expuesto, la Campaña Nacional Sin Maíz No Hay País reitera su posición de “no a tratados comerciales que sirvan como pretexto a países extranjeros para enajenar nuestra soberanía. No a un modelo agroalimentario depredador”.

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