Chiapas. La revolución de las patronas del agua

Chiapas. La revolución de las patronas del agua
Foto: Pie de Página

*Esta nota fue realizada por Pie de Página, parte de la alianza de medios de la Red de Periodistas de a Pie. Aquí puedes leer la original.


En el estado con más agua del país (y el más desigual) millones de mujeres aún deben acarrear el agua a sus casa. En diferentes municipios de Chiapas hay mujeres determinadas en dejar de cargar bidones y tener tuberías que abastezcan sus casas. Ellas encabezan una revolución para garantizar un acceso justo al agua.

Texto y fotos: Arturo Contreras Camero

SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS.- “Siempre la que carga el agua es la mujer, es la niña, los niños. Nunca vamos a mirar a un don, a un hombre, cargando, para mí ese es el problema, que se pierde la responsabilidad” cuenta Victorina Lucas, oriunda de San Lorenzo, un poblado del municipio de La Trinitaria, en Chiapas. Victorina explica que son las mujeres las que más sufren cuando escasea y las que están organizando un cambio al respecto.

Como ella, diferentes mujeres por toda Chiapas están formando pequeñas organizaciones para dejar de acarrear agua. Al mismo tiempo rompen barreras de género que por siglos las habían relegado al silencio. Estas organizaciones, tradicionalmente conocidas como patronatos de agua, se encargan de construir sistemas de agua (bombas, tuberías y mangueras) para llevar agua a las casas de sus poblaciones. Hoy buscan ser reconocidas, no solo por los hombres, sino también por la ley.

“Siempre hemos tenido ese problema”, agrega Victorina. “Tenemos un comité de agua en la comunidad. A los comités de agua  en nuestra comunidad no se pueden integrar mujeres, por que así la asamblea decidió, que tiene que ser solo hombres, ahí es poca la participación. Allá no tenemos un patronato, porque el municipio no nos ha querido reconocer que hay un patronato. Sabemos que ellos tienen un presupuesto por parte del municipio, pero no sabemos cómo se administra a nivel comunitario”.

Para Victorina, los hombres del comité de agua son tan buenos como el resto de los hombres para el acarreo de agua. “Es que nunca vas a mirar a un don”, repite. “Quien tiene oportunidad, mejor se ayuda de un burrito para acarrear el agua que está a cuatro kilómetros”, sentencia

La desigualdad en San Lorenzo un reflejo estatal

El municipio de la Trinitaria está muy cercano de las lagunas de Montebello, un tesoro natural que aún hoy sobrevive. Sus verdes parajes son el hogar de Victorina y desde 2005 también de una planta de Monsanto (el gigante de la agrotecnología mundial que compró Bayer en 2018).

“Somos comunidades que viven alrededor, nuestra agua ya se ha visto contaminada por varios problemas, de que desde arriba, entre Comitán y Las Margaritas baja el río Grande, hay sembradíos y una empresa que se llama Monsanto, que exportan semillas de tomate y chile, son varios los obstáculos que ponen al agua y por el río grande se contaminaron dos veces”.

San Lorenzo, donde vive Victorina, obtiene su agua de la laguna Lagartero, que se alimenta del escurrimiento de ese y otros ríos. Desde hace un par de años, sus aguas cambiaron de color y se volvieron más turbias, más verdosas. Los pobladores de San Lorenzo dejaron de confiar en la calidad del agua que les llegaba por lo que mandaron a hacer estudios. Desde entonces, de tener un abasto diario, empezó a llegar dos veces a la semana de siete a diez de la mañana; además es tan mala que necesitan purificarla antes de tomarla. El ejemplo se repite por todo el estado con diferentes actores o empresas.

La revolución de las mujeres

El panorama que vive Victorina en San Lorenzo es similar a los que enfrenta Angelina Gómez, de Bautista Chico, cerca de San Juan Chamula. “En nuestras mentes abunda el machismo. Pareciera que no tenemos derecho de participar en las opiniones, en las asambleas. Creemos que ya es el momento de levantarnos y de participar, digo que ya no metamos en nuestra mente la idea de que no valemos. Veo yo que nosotras, las mujeres, somos las que más trabajamos y las que más cuidamos tanto a la familia como al agua de la comunidad”.

Angelina se las ha ingeniado, junto con otras mujeres y el apoyo de organizaciones civiles internacionales, a desarrollar métodos de purificación del agua para no depender de estar comprando agua embotellada. Otras, como Maribel López Jiménez, del municipio de Sitalá, está pensando en formas de ampliar el almacenamiento de agua de lluvia para no tener que acarrearla.

“Otra de las problemáticas es que el agua hay que estarla almacenando y el almacenamiento que tenemos es muy limitado. Tanto que a veces usamos hasta botellas de refresco para almacenarla. Somos nosotras las que entendemos estos papeles. Que no nos apene levantar la voz, porque solo así seremos escuchadas”, dice mientras amamanta a su bebé en un escenario.

Durante dos días habitantes de zonas rurales de Chiapas se reunieron en San Cristóbal de las Casas para compartir sus experiencias y luchas para dotar de agua a sus comunidades, en las que muchas veces las mujeres siguen acarreando agua por kilómetros

Victorina, Maribel y Angelina son parte de un grupo amplio de mujeres que se dieron cita en San Cristóbal de las Casas para compartir sus experiencias en el Tercer Encuentro por el Agua: “Liderando propuestas en agua y saneamiento por mujeres y pueblos indígenas”, que se llevó a cabo este 28 de noviembre.

En sus regiones cada una forma parte de diferentes formas de organizaciones comunitarias de agua que, al margen de la ley y en contra del olvido institucional y el machismo, ayudan a instalar bombas y sistemas de distribución de agua o sistemas de captación, tratamiento y almacenamiento de agua de lluvia, todo para tener una vida más digna.

Hoy luchan porque esta organización sea reconocida en la ley. Este tipo de figuras no es ajeno a otros estados del país desde donde también se han hecho esfuerzos similares al de las mujeres de Chiapas. Tan solo en este estado, los patronatos de agua dan servicio a más de dos millones y medio de personas, en gran medida gracias a los esfuerzos de mujeres como Victorina.

Este reconocimiento ayudaría a detener las formas de discriminación que sufren, que van desde su origen étnico, por su género o su edad; a atender situaciones de abandono en zonas rurales e indígenas, a garantizar recursos para elaborar proyectos de ingeniería para dotar de agua de calidad a estas comunidades, pero sobre todo, para que miles mujeres dejen de acarrear agua.

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