Raciel Martínez: La fama pública, el cuarto rival del Tri

Por Raciel D. Martínez Gómez/ El saldo de una desafortunada fiesta previa a su viaje al Mundial de Rusia, dejó herida en su emoción a la selección mexicana de futbol. El escándalo mina al equipo y lo postra como damnificado tras el paso de un huracán mediático impulsado, sobre todo, por medios de comunicación no dispensados con la publicidad de la Federación Mexicana de Futbol.

Alguien que asistió a la party no cumplió el voto de discreción y hasta se sospecha fuego amigode grupos de poder insertos en la selección. De todos modos los jugadores mordieron el anzuelo y completaron el “cuatro” de forma involuntaria.

Era obvio que dichos medios y la audiencia supeditada a la información de los mismos, esperaran un evento de esta naturaleza -que llanamente calificaríamos de resbalón-, para subir de intensidad el tono moralista de corrección política y así provocar una tormenta perfecta por encima del ámbito privado de los futbolistas.

Y fue perfecta porque se combinó el evento pletórico en desatinos con la insípida actuación del equipo que, no obstante haber calificado con sobrado tiempo en la eliminatoria, no ha conectado propiamente con la tribuna -no ofende como lo hacía la escuadra de Ricardo Lavolpe.

En los partidos amistosos la selección tampoco convenció con tanto cambio y hasta en Copenhague, Dinamarca se vio ridícula al recibir un gol en saque banda (dicha desconcentración, es decir no tener la mente en el terreno, es similar a la selección que fue goleada por Alemania, Polonia y Túnez en el Mundial de Argentina 78).

Además, justificar la celebración del grupo para cualquier estratega que cincele la imagen de prestigio de un producto, y más si es deportivo, resulta un suicidio mercadológico.

Raciel D. Martínez Gómez

Quien hubiera confiado que el cumpleaños de Javier El chicharitoHernández transcurriría en el anonimato, es equivalente a la inocencia de la actriz Kate del Castillo cuando escribió una carta en redes a Joaquín El chapoGuzmán creyendo que nadie la leería en plena madrugada.

Con una esfera sociomediática, como la que se vive en la era de la globalización, es imposible la soledad del famoso.

Lo anterior es, por inferencia, como estar dormido en el contexto de una comunicación ubicua que atosiga y acota cualquier intento de desviación moral. La falsa ética de los medios es la metáfora de un caníbal y no una búsqueda axiológica; en todo caso, lo que prevalece es el morbo amarillista.

La impunidad de los otrora poderosos ha quedado en el olvido con una masa que juzga al instante y mete en la hoguera a brujas y brujos con absoluta democracia. Es una especie de policía del alma pública que censura desde su novísimo imaginario no exento de perversidades.

El linchamiento en twitter a la selección ratifica la importancia de dominar el entorno que es, tan o más importante, como ganar en el campo.

La presión es demasiada y cualquier jugador es presa fácil de las tentaciones. Recordemos cómo el primer Real Madrid galáctico no ganó casi nada a consecuencia de un vestidor fiestero que podía pagar multas millonarias.

La exposición ante medios es altísima y revuelca a más de uno la ola saturada de chismes.

Con el cumple de Chicharito, se comprobó una vez más que la fama tiene su némesis en las redes y que la prensa del corazón es el Pepe Grillo posmoderno.

El éxito, como nunca, es una gran serpiente que se muerde la cola y no perdona hasta que te confiesas o pliegas la autoridad al escarnio más escatológico.

El entorno menos favorable de una selección mexicana de futbol, incluso el más agresivo registrado en la historia, es el silencioso cuarto rival para México. Alemania, sabemos, es capaz de jugar mediocre y alcanzar la victoria al cierre de los noventa minutos; Suecia será la clave si pretende calificar el Tri; y Corea es el rival menos incómodo, sin embargo, ¡cuidado!

Pero, insistamos, el entorno es el cuarto contrincante de la oncena que dirige Juan Carlos Osorio. La legión de imbéciles está lista para golear al que cometa penalti y todavía se ausente el portero, como le ocurrió a la selección mexicana convocando a una fiesta con o sin escorts.

Por donde se le mire, fue ponerle al rival la pelota en el manchón y así los jugadores dieran materia de hilo para las cuentas de Aimée y Verónica. Ahora resta que sean inteligentes los jugadores y aprovechen el desaguisado público como acicate para cerrar filas y obtener buenos resultados el próximo domingo; de lo contrario, serán una más de las víctimas del entorno, el monstruo de mil cabezas del deporte contemporáneo.

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