Desplazamiento masivo migratorio, por gobiernos fallidos en CA: Jesuitas

Señalan los Jesuitas que el modelo económico de Centroamérica genera pobreza, degradación ambiental y desigualdad.

La pobreza, la corrupción, la centralización del poder, la inseguridad, la violencia, la alta tasa de criminalidad, el narcotráfico, un modelo económico fallido y otros factores que afectan a unas 22 millones de personas en Honduras, Guatemala y El Salvador, está provocando una migración alarmante, advierten miembros de la Compañía de Jesús.

 

En un informe donde exponen la “Postura de la Compañía de Jesús en México y Centroamérica ante las migraciones forzadas”, se detalla un análisis del modelo económico, el modelo de Estado, los sistemas de protección social y las reformas fiscales necesarias, los derechos humanos, (in)seguridad y militarización, el narcotráfico y tráfico de armas y la calidad ambiental para la sostenibilidad del bienestar, desnudan la trágica realidad que ha propiciado el desplazamiento forzado masivo de migrantes.

 

En el documento que se centra en la realidad migratoria del norte de Centroamérica (Honduras, El Salvador y Guatemala) y su relación con México y Estados Unidos, los jesuitas se dicen preocupados por las condiciones históricas de desigualdad socioeconómica que vive la región, así como la situación de violencia que se vive por lo que también hacen propuestas para atender las causas estructurales y culturales de las migraciones forzadas en la región.

Los Jesuitas proponen cambios en lo macroeconómico como buscar una mayor progresividad del sistema tributario

 

Los jesuitas refiere en su informe que la migración humana contemporánea es una realidad compleja que rebasa las dinámicas propias de cada país e implica la colaboración con otros contextos.

 

A partir de los foros realizados con personas investigadoras y expertas en ambas provincias, se asumía que las personas se ven obligadas a migrar por una pérdida de esperanza en poder resolver su situación personal familiar al ver que su contexto local, nacional y regional no mejora ni tiene perspectivas de hacerlo; por una necesidad de protección internacional ante la sensación de riesgo vital por la inseguridad, violencia, carencia de recursos económicos.

 

O bien por la atracción por irse a Estados Unidos generada por la brecha de oportunidades, de salarios que existe entre este país y Honduras, El Salvador o Guatemala, y la necesidad de mantener la unidad o buscar la reunificación familiar.

 

Sin embargo, desde esta realidad, ubicaron siete causas estructurales, entre estas la desigualdad de oportunidades para el desarrollo humano pleno asociada a un modelo económico; la desilusión hacia los procesos democráticos existentes y que se asocia a un modelo de estado; la deficiencia de los sistemas tributarios y de protección social; 4) La influencia del narcotráfico y el tráfico de armas.

 

De igual forma, la inseguridad, militarización y sistemática violación de los derechos humanos; la vulnerabilidad frente a las amenazas inducidas por el cambio y la variabilidad climática, y el horizonte individualista de la vida unido al universalismo que prioriza las categorías globales sobre las locales.

 

Señalan los Jesuitas que el modelo económico de Centroamérica genera pobreza, degradación ambiental y desigualdad. La región se encuentra sin convergencias estratégicas internas y externas que hacen ver un futuro incierto e inestable.

 

“Se tienen bajos niveles de inversión pública y privada, baja recaudación tributaria y la prevalencia de privilegios fiscales, lo que es muy inconveniente porque se enfrenta una situación de incapacidad y efectividad de los Estados, no solo en materia de servicios públicos, sino en materia de gobernabilidad en los territorios”, dice el análisis de 14 páginas.

 

El crecimiento demográfico unido a niveles alto de violencia y una urbanización acelerada hacen una combinación riesgosa para la estabilidad social de Centroamérica (CA). Además, las actividades económicas dominantes concentran los bienes naturales y generan impactos que los agotan, degradan y contaminan.

 

Explican en el informe que los mecanismos de redistribución de la riqueza no están funcionando en CA, el mercado de trabajo no lo hace, la política fiscal tampoco lo está haciendo, lo que imposibilita la provisión de bienes y servicios públicos. Guatemala es uno de los tres países con el menor gasto público en el mundo.

 

Señalan que en estos tres países, no se tienen suficientes recursos para poder hacer y cumplir lo que establecen las constituciones de estos países, sobretodo por los privilegios fiscales. A esto se une la corrupción en casi todos los niveles del Estado.

 

En El Salvador los niveles de corrupción se concentran en los gobiernos locales; en el caso de Honduras la corrupción está concentrada en el gobierno central; en el caso de Guatemala la corrupción está en todos los niveles, en todos los organismos del Estado, tanto a nivel central como local y en las relaciones público-privadas.

 

Uno de los cambios más significativos en estas últimas décadas es la pérdida de la capacidad de autosuficiencia alimentaria (maíz, frijol, arroz, trigo) con la consecuente mayor utilización de divisas para la compra de alimentos con crecientes precios. Lo que tiene impactos en la ausencia de empleos e ingresos para la población en estos rubros. Lo que da la profundización de la precariedad de un segmento importante de hogares rurales que tienen formas diversas de trabajo.

 

Explican que en la migración forzada se constituye en un factor favorable para este sistema político fracasado, en donde son las remesas las que permiten mantener el modelo de crecimiento económico actual.

En la migración forzada se constituye en un factor favorable para este sistema político fracasado

 

“Existe un dolo que es muy claro, ya que hay un modelo económico que con la misma mano que expulsa a muchísima gente a migrar forzadamente, con esa misma mano recibe los dólares que son utilizados para fortalecer el actual esquema de concentración económica y fortalecimiento del sistema financiero”, dice el informe.

 

Los Jesuitas proponen cambios en lo macroeconómico como buscar una mayor progresividad del sistema tributario, atraer más inversión extranjera, generar empleo con mejores salarios; mejorar la productividad de los impuestos actuales, en parte la tendencia a la disminución de la tributación en Guatemala y en Centroamérica se está dando por estos efectos: más privilegios fiscales y mayor evasión en los impuestos que ya existen; generar incentivos para la gestión ambiental y otros.

 

Pero, lo más importante, agregan es la creación de empleo bien remunerado y estable en territorios que expulsan población migrante, fortalecimiento de la micro y pequeña empresa, acceso y regularización de la tierra y otros recursos naturales.

 

Se dicen preocupados porque en toda Centroamérica “se da una distorsión de la democracia porque el modelo de partidos políticos se ha visto cada vez más debilitados por el financiamiento electoral ilícito, así como el vínculo con la corrupción que ha ido en aumento”.

 

Además, existe una tendencia a la centralización del poder en tendencias autocráticas centrado en liderazgos mediáticos como el del presidente Bukele en El Salvador o en el caso de Honduras como lo representa el liderazgo de Juan Orlando Hernández, o sistemas fraccionados de partidos políticos como el de Guatemala.

 

Donde los sectores involucrados en corrupción, crimen organizado y violación de derechos humanos construyen toda clase de estrategias para hacerse del sistema de justicia e instalan un sistema de impunidad, como es el caso especialmente de Guatemala, y ahora se construye una ruta similar en el caso de El Salvador y en Honduras.

 

“La debilidad institucional de los estados centrales, subcentrales y locales o municipales ha sido utilizada por las élites nacionales para sacar ventajas en sus intereses económicos, siendo beneficiados por las prácticas de corrupción y la impunidad que laceran la vida social sin entender que el desamor a su nación hace insostenibles sus negocios a largo plazo”, dice el documento.

 

Señalan también que en el caso de la cobertura sanitaria, Guatemala, El Salvador y Honduras tienen baja cobertura incluso en estas mediciones sobre servicios esenciales. No se habla de cobertura como en el sistema de salud en general, sino de la cobertura de lo mínimo para poder pensar que alguien tiene garantizado su servicio de salud frente a las enfermedades.

 

Cuestionan la desigualdad producida por un modelo económico excluyente y un modelo de estado ineficaz, que no garantiza el respeto a los derechos humanos, ha sembrado enojo y frustración social que fácilmente es retomado por los grupos criminales para seguir incorporando ciertos perfiles de jóvenes o personas migrantes a sus filas.

 

Pero sobre todo, la incapacidad en estos países por comprender y atender las causas de las movilidades humanas forzadas y la violencia juvenil ha fortalecido la militarización de la región, optando por aplicar la fuerza represiva para resolver un problema de desigualdad socioeconómica.

 

Agregan los Jesuitas que la cultura militar de las fuerzas públicas y policiales no permite comprender las causas de la violencia y responder de manera pertinente en colaboración con otros.

Según los Jesuitas que la cultura militar de las fuerzas públicas y policiales no permite comprender las causas de la violencia y responder de manera pertinente en colaboración con otros.

“El ataque, la represión o la disuasión no son respuestas apropiadas para atender la violencia juvenil ni la migración, sólo son reflejo de quien no entiende ni quiere entender un fenómeno social, económico, cultural, histórico, político, pero sobre todo multicausal y multidimensional”, apuntan.

 

En este contexto de crisis, explican los religiosos que los derechos humanos han sido relegados a un segundo plano en las agendas regionales y nacionales ante la contradicción y primacía de la seguridad nacional o seguridad pública en la gestión de la migración por encima de la dignidad humana.

Por lo que es urgente, propone, consolidar y explorar más vías legales para la migración hacia México, Estados Unidos y Canadá, poniendo en el centro la dignidad de las personas, garantizando sus derechos humanos, y promoviendo la circularidad migratoria.

 

Les preocupa el incremento de la presencia del crimen organizado y la delincuencia comú, pues en los últimos años se han diversificado sus negocios para organizar a las bandas delictivas locales y han apostado a la “pacificación” de territorios para posicionar su economía criminal.

 

Y que Centroamérica se ha constituido en un importante puente de tráfico de drogas proveniente del sur hacia Estados Unidos.

 

Y que el acceso a las armas es favorecido por la cercanía con Estados Unidos, donde la venta de armas es generalmente laxa y poco regulada. Los barrios de las ciudades de Centroamérica han sido invadidos por las drogas duras afectando la salud de miles de jóvenes, la vida de las familias y el incremento del robo u otras actividades criminales. Tal parece que se negocia con los grupos delictivos la disminución de homicidios con la permisividad de la venta de droga.

 

Este y otros factores hacen un caldo de cultivo para que la migración y el desplazamiento forzado población siga en incremento, advierten los Jesuitas.

 

Dicen la Compañía de Jesús Provincias de México y Centroamérica en su informe que a´si como la migración internacional o las movilidades humanas en general traen buenas noticias y cambios positivos a los pueblos y enriquecen la cultural de lugares y comunidades, así también las migraciones en este tiempo serán ocasión de seguir cimentando puentes entre las provincias para colaborar en la construcción de una América incluyente, solidaria, hospitalaria y justa

 

 

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