Políticas públicas de “buenas intenciones”

Sobre Chiapas y su situación económica actual pueden hacerse varios comentarios de sobremesa o citarse estudios que invariablemente demostrarán varias verdades irrefutables: junto con Guerrero y Oaxaca nos disputamos el último lugar en todos los indicadores que miden el grado de desarrollo sean estos de acceso a la salud, la infraestructura, el nivel de los ingresos o de marginación entre otros.

Numerosos son los diagnósticos que hablan de esta situación y que invariablemente nos mandan hacia la parte de atrás del desarrollo. Pareciera como si el tiempo no pasara por nuestro estado, ya que nuestros problemas de marginación, de falta de oportunidades y de falta de inversiones productivas han sido los mismos desde tiempos remotos.

Evidentemente estos problemas estructurales responden a muchas particularidades, sin embargo al observar el entorno internacional vemos como otros países o regiones que en algún momento tuvieron nuestras mismas características, en algún período de su historia lograron ofrecer a sus habitantes un mejor nivel de vida y lo mejor de ello es que este desarrollo ha sido sostenible en el tiempo.

Los pueblos del mundo se niegan a aceptar un destino de marginación y de pobreza, pero para los chiapanecos este parece ser nuestro destino trágico.
Lo más doloroso, -más que los diagnósticos, las perspectivas y las estadísticas- lo representan dos hechos recientes: primero el que un niño tsotsil fuera humillado en el estado vecino de tabasco por un funcionario municipal, que fuera también exhibido por nuestras autoridades y por los medios de comunicación televisivos. En segundo lugar el que un diario http://bit.ly/12BKq1W documentara que numerosos chiapanecos emigran hacia otros lugares solo para ganar ¡tres pesos la hora! en extenuantes jornadas de 10 horas diarias de trabajo.

Esto quiere decir que históricamente ni los comerciantes, ni los empresarios, mucho menos el gobierno puede garantizar a los habitantes del estado un salario decente. Mucho menos el sueño de una estabilidad laboral o cobertura de salud completa.

Las causas son muchas y sus efectos multifactoriales: Cualquier diagnóstico diría que nos falta nivel educativo, que no tenemos formamos capital entre otras carencias.

Pero salta la pregunta: qué se ha hecho en los numerosos periodos gubernamentales para resolver nuestras históricas carencias. Según se quiera ver han hecho nada, poco o pensando optimistamente “han puesto en ello sus mejores esfuerzos”. El problema es que la evidencia los refuta contundéntemente y cuando mucho las políticas públicas chiapanecas –por lo menos las más recientes- se han quedado en “buenas intenciones”.

Una de las razones es que las particulares características de la clase política chiapaneca no le permiten a sus integrantes pensar en el largo plazo o en una visión de estado. Lo que vemos es más bien visiones sexenales que intentan ser transexenales. Más bien pocos son los momentos de auténtica visión de estado que nos han regalado nuestros gobernantes en toda nuestra historia.

Agradeciendo la generosidad de quienes encabezan este proyecto; a partir de esta entrega en este espacio -y con regularidad- analizaremos las políticas públicas estatales, las nacionales con influencia en nuestro estado, reconoceremos los aciertos y comentaremos los errores; también estudiaremos el entorno mundial y como este influye en las decisiones económicas y políticas que toman (o deberían de tomar) nuestros gobernantes.

En fin, ofreceremos a nuestros lectores perspectivas viables para nuestro desarrollo en todos los sectores sociales para que contribuyamos desde esta trinchera a que nuestros gobernantes tengan presente una visión de estado en sus decisiones y pasen a la historia como estadistas y no como lo ha hecho hasta ahora la mayoría; como una simple anécdota de la vida política y de las auténticas políticas públicas.

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