“Una mujer como ella no cabe en ninguna prisión”

Los espacios de Chiapas Paralelo están quedando pequeños para todo lo que hay que contar, para todo lo que para las y los ciudadanos es importante dar a conocer. Para todo lo que quienes gobiernan deben saber.

La detención de la maestra Adela Gómez despertó muchas conciencias,  recuerdos, indignaciones y manifestaciones de solidaridad. Dejo aquí lo que escribió Dora, una de tantas mujeres que conocieron y convivieron con Adela. Coincido con Dora en que la detención de la maestra fue un mal cálculo, una equivocación, algo que se puede remediar.

 

Adela Gómez, maestra, feminista, promotora de los derechos de las mujeres.

Adela Gómez, maestra, feminista, promotora de los derechos de las mujeres.

“Yo cada día me convenzo más que este mundo es muy pequeño y las coincidencias muy grandes, y sucede que en una de esas “coincidencias” llego a trabajar al Instituto de la Mujer en 2001, según yo temporalmente; ese primer equipo que se conformó de verdad hasta hoy día lo sigo admirando, porque era de mucho compromiso, de mucha fe en lo que hacían y lo contagiaban, y no podía ser de otra manera porque para no variarle, cuando se creó no tenía el presupuesto necesario, no se tenía ni la infraestructura, es así que cuando fue asignado un espacio, las primeras y las que nos fuimos sumando, llevamos muebles, equipos de cómputo, papelería, plantas, lo que fuera necesario para hacer de ese espacio la Casa de las Mujeres.

Formar parte de un equipo de mujeres poderosas en muchos sentidos, y de liderazgos tan fuertes, me supongo no fue tarea sencilla para Elvia Quintanar , quien en ese momento queda al frente como Directora General.

Una de las jefas que tuve en esa institución fue Marcela Laguna, a quien debo buena parte de mi formación, que admiro, pero sobre todas las cosas le tengo muy especial cariño.

Marcela fue quien, aunque yo no tenía mucho de haberme incorporado a su área, me dice que cofacilite un taller de Derechos Humanos de las Mujeres, que Adela Gómez, Coordinadora de Enlaces, había solicitado. Adela se lo había pedido expresamente a Marcela, por ser la máster en el tema de género, pero a Marcela se le juntaron varias comisiones de trabajo y decide que yo fuera a dar el taller, al reunirme con Adela para acordar contenidos, recuerdo que me dio un repasón de vista

-Eres muy joven Dorita… ¿puedes con el taller?

-Sí

-Bien, si Marcela confía en ti, yo confío en ti.

Juntas acordamos contenidos y dinámicas, sobre todo porque el taller era con 22 mujeres zoques de Copainalá, de las cuales solo cinco hablaban español; a Adela le gustaba mucho trabajar el tema de derechos con un rompecabezas de una mujer, la dinámica era linda porque las mujeres de una manera muy sencilla y didáctica conocían cuáles eran sus derechos, tenían el espacio para colorear las partes del rompecabezas y dibujar y recrear espacios de lo más coloridos y muy significativos de su lugar de origen, era sorprendente que con una dinámica tan sencilla y concreta, aquello terminaba siendo una sesión de arte terapia muy catártica y sanadora para todas.

Al fin llegó el día del taller, fue en Casa Kolping, las mujeres estaban muy puntuales en el salón, algunas inquietas, curiosas y otras a la expectativa detrás de sus rebozos, era encantadora y colorida la imagen de tantas mujeres juntas, pero desde que entré hubo una mujer que especialmente llamó mi atención; seguro no debía de ser muy grande de edad pero aparentaba tener como 60 años, en las grietas de sus pies descalzos guardaba la tierra del camino andado, menudita, frágil, con el abdomen abultado de parir muchos hijos, su rostro era como una pasita, ojos hondos, profundos de tristeza, cabello largo trenzado, completamente blanco; no quitaba el rebozo de su rostro por nada, pero cuando le sonreí se animó a hacerlo, se distrajo y mostró una leve sonrisa que dejó ver su incompleta dentadura; su blusa, su falda, sus listones, raídos, descoloridos, toda ella me conmovió, toda ella daba ternura; toda ella era como una telita de cebolla.

El taller se desarrolló con mucha armonía, Adela respiró aliviada, le preocupaba mucho el responder bien a la expectativa de las mujeres; recuerdo que por cuestiones de trabajo Adela se ausentó por un momento en lo que continuaban los equipos en mesas de trabajo, con apoyo de las propias mujeres bilingües. Para las conclusiones que se expondrían en plenaria, las mujeres decidieron que elegirían a una representante por mesa de trabajo, solo había una mesa que no terminaba de ponerse de acuerdo, era el equipo donde estaba la mujer que tanto llamaba mi atención, así que me acerqué _ les hago una propuesta, porque finalmente ustedes deciden, pero me parece que ella es quien puede representarlas_ el grupo fue noble o me intuyeron, no lo sé, pero no le dieron chance a la compañera de decidir si quería o no pasar al frente y por unanimidad dijeron que ella era su representante.

No me extrañó que fuera el equipo que quedó al final para exponer, de hecho era un tintineo en zoque cada vez más fuerte cuando fue su turno, porque la compañera representante seguía en su lugar, más envuelta en su rebozo y no pasaba al frente, por más que le insistían sus compañeras. Así que me dirigí a ella, recuerdo que la toqué para levantar su rostro y que me mirara a los ojos, yo creo que mirarse a los ojos es una de las formas más poderosas de comunicarse, sin que medie palabra alguna, no sé qué tiempo estuve en sus ojos tan profundos, pero al fin tomó mi mano y aceptó compartir las conclusiones de su mesa, sus compañeras propusieron que hablara desde ahí, pero supe que había que intentar un poco más, así que la llevé conmigo, aún tengo muy presente el temblor de su cuerpo a cada paso, como si se me fuera a desmoronar o escurrir entre los dedos.

Cuando hemos llegado al frente del salón, le he dado el micrófono y la seguí acompañando, me dio una última ojeada, repasó a cada una de sus compañeras y habló… y rompió en llanto, un llanto que dolía respirar, nos abrazamos y todas las compañeras se quedaron paradas, observando, acompañando eso tan íntimo, con mucho respeto y dignidad; pasó tiempo para que se calmara y terminara en pequeños “pucheros” como una niña indefensa, hasta ese momento pude preguntarle qué había sentido, la traducción fue contundente, la compañera solo había dicho su nombre, pero compartió que ella jamás se había nombrado a sí misma, que no se había escuchado, que no conocía su propia voz y se había asombrado de escucharse en voz tan alta. Esa era su historia, callar y obedecer.

No me percaté de a qué horas había llegado Adela, fui consciente de su presencia cuando la vi junto con el resto de las mujeres acercarse y abrazarnos, y abrazándonos todas, abrazamos nuestra historia, lo que nos resonó de lo ocurrido y compartido, y en ese amoroso abrazo cada una abrazamos la vida.

No pasó mucho tiempo después de ese taller, cuando escuché a esa mujer en la radio comunitaria de Copainalá contando una historia y cantando, como dice mi crío, mis ojos se llenaron de lluvia, de emoción, de ternura, de gozo, no recuerdo su nombre pero siempre la tengo presente, la recuerdo, la tengo tatuada.

Así como tengo presente a Adela, recia, bronca muchas de las veces, pero haciendo lo que ella considera es lo mejor, ha acompañado e impulsado a muchas mujeres. Su modo mueve, inquieta, confronta, pero así ha sido la experiencia para muchas de las mujeres que desde los espacios donde nos encontremos, hemos luchado por el ejercicio y respeto de nuestros derechos, y cuando se ha necesitado hablamos en voz muy alta para hacernos escuchar y respetar. Y así como ella confió en mí, yo confío en ella y por eso me sumo y me pronuncio por su liberación, porque “una mujer como ella no cabe en ninguna prisión”. Dora Fierros

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