La reforma fiscal, la quiebra intelectual del neoliberalismo y sus discípulos mexicanos

«Hace un año (2008) vimos la cruda realidad de cómo los mercados pueden equivocarse, cómo las normas carentes de sentido común pueden llevar a los excesos y abusos y cuán cerca podemos estar al borde del abismo.» (Barak Obama, 14/09/2009)

 En lugar de gastar, recorte; en lugar de estimular el empleo y el ingreso, impuestos al consumo y a los ingresos; en lugar de proponer un estado del bienestar, impuestos a los pobres y la clase media para combatir la pobreza. México es el único país que hace eso, va en contra de la historia y ello obedece a la formación académica de los economistas del gabinete, pues se han formado en el neoliberalismo como doctrina y en el Consenso de Washington como catecismo.

En Estados Unidos, por ejemplo, cuando la crisis -dijo Jeffrey Sachs, creador de la propuesta de los Objetivos del Desarrollo del Milenio- acerca del Plan Obama contra la crisis, aproximadamente un tercio del plan de estímulo de 800,000 millones de dólares se compone de rebajas fiscales (para incentivar el gasto del consumidor y reactivar la demanda); otro tercio consiste en desembolsos públicos para carreteras, escuelas, energía y otras infraestructuras, y el último adopta la forma de transferencias federales a gobiernos estatales y locales para sanidad, seguros de desempleo y otras cosas por el estilo. Los chinos han enfrentado la drástica caída de sus exportaciones con un aumento fuerte del gasto del gobierno en infraestructuras: por ejemplo, en la construcción del metro en las ciudades más grandes de China y en la denominada marcha hacia el Oeste para desarrollar las zonas rurales de China. Es decir, justamente lo contrario de lo que hacen los mexicanos. No puedo entender cómo los economistas del gobierno pueden ser tan anormales para proponer medidas que profundizan la recesión en lugar de estimular la economía mexicana.

Los economistas neoliberales, antes de la crisis, sostenían que había un amplio consenso en torno a las recesiones y cómo prevenirlas y creían que tenían las cosas bajo control. «El problema central de la prevención de la depresión está resuelto», declaraba Robert Lucas, de la Universidad de Chicago, en su discurso inaugural como presidente de la American Economic Association en 2003.

6810303-ventilador-dolares-aislados-en-blancoEn Estados Unidos hay críticas al Plan Obama, pues consideran que es inapropiado. Robert Lucas dice que los planes anticíclicos del presidente son «economía de baratija». Eso piensan también los economistas del gabinete económico de México, pero no lo dicen porque se trata de Estados Unidos. No se dan cuenta que hoy estamos asistiendo al «derrumbe intelectual» de la Escuela de Chicago, de la cual forman parte los “expertos” del gabinete económico de México, pero no del de Barack Obama; la muestra más reciente es Janet Yellen, quien al parecer va a presidir la Reserva federal.

La fe en los mercados quedó hecha pedazos por la Gran Depresión de 1929 y con el tiempo la mayoría de los economistas sustentó las ideas de John Maynard Keynes tanto acerca de la explicación de lo que había pasado como de la solución de futuras depresiones. En su Teoría general del empleo, el interés y el dinero, escrita en 1936, cuestionó la noción de que las economías de libre mercado puedan funcionar sin un vigilante, y apeló a la activa intervención del gobierno -imprimiendo dinero y con fuerte gasto en obras públicas- para combatir el desempleo durante las depresiones. Se decía que se debía emplear a la gente aunque fuera haciendo hoyos y volviéndolos a tapar.

El keynesianismo fue la escuela dominante hasta la crisis de los setenta del siglo XX, pues no podía lidiar con el nuevo fenómeno de estancamiento con inflación (estanflación). Ahí apareció Milton Friedman, de la escuela de Chicago, quien decía: las políticas excesivamente expansionistas llevarían a una combinación de inflación y alto desempleo, una predicción confirmada por la estanflación de los años setenta, la cual impulsó en gran medida la credibilidad del movimiento antikeynesiano. De ahí que la mayoría de los economistas aceptara la noción de que inversores y consumidores son racionales y los mercados eficientes.

Muy pocos economistas no aceptaban el comportamiento racional, cuestionaban la creencia de los mercados financieros eficientes y hacían ver la larga historia de crisis financieras y la posibilidad de que se diera una por la gran especulación, pero eran incapaces de hacer frente al pensamiento neoliberal, el cual se convirtió en omnipresente y por eso se le denominó pensamiento único.

El razonamiento de Keynes era sencillo: «Cuando el desarrollo del capital de un país se convierte en un subproducto de las actividades de un casino, es muy probable que el trabajo se haya hecho mal.» En 1970 la academia estaba dominada por la hipótesis del mercado eficiente, de la Universidad de Chicago, la cual sostiene que los mercados financieros valoran los activos en su valor intrínseco si se da toda la información disponible. En los años ochenta hubo economistas que, sostenían que deberíamos poner el desarrollo de la nación en manos de lo que Keynes llamaba «economía de casino».

Los teóricos de las finanzas creían que sus modelos eran esencialmente correctos. Alan Greenspan, entonces el presidente de la Reserva Federal y a quien llamaban el mago de las finanzas, durante mucho tiempo respaldó la desregulación y se negó a poner freno a los acciones subprime o a enfrentarse a la creciente burbuja inmobiliaria. Su fe en los mercados obedecía a la creencia de que la economía financiera moderna lo tenía todo bajo control. En octubre de 2008 Greenspan admitía encontrarse en un estado de «conmocionada incredulidad», debido a que «todo el edificio intelectual» se había «derrumbado». Eso se niegan a ver los economistas del gabinete económico, que el edificio intelectual sobre el cual proponen la iniciativa de ley de ingresos, el proyecto de presupuesto de egresos de la federación para el ejercicio fiscal y la Reforma Fiscal de 2014, así como los criterios generales de política económica correspondientes se ha derrumbado.

No pueden entender que la gran depresión de 1929 llevó a Keynes a abogar por un mayor gasto público, pues sostenía que cuando la política monetaria es ineficaz y el sector privado no puede ser convencido para que gaste más, el sector público debe ocupar su lugar en el sostenimiento de la economía. El estímulo fiscal es la respuesta keynesiana al tipo de situación económica depresiva en la que estamos inmersos. En este pensamiento está inspirada la política económica de Obama y ello ha movido a la derecha estadunidense a decir que es un programa socialista o inspirado en cuentos de hadas. John Cochrane, de la Universidad de Chicago, indignado, declaró: «Eso no forma parte de lo que todos hemos enseñado a los estudiantes graduados desde los años sesenta. Ésas (las ideas keynesianas) son cuentos de hadas que han demostrado ser falsas. Es muy reconfortante en los momentos de tensión volver a los cuentos de hadas que escuchamos de niños, pero eso no los hace menos falsos.» Es por eso que el Tea Party, dominante en el Partido Republicano mantiene el bloque que ha llevado a la parálisis fiscal a los Estados Unidos, pero ellos van perdiendo credibilidad y tienen la intención del voto más baja de su historia. En esas ideas de Chicago fueron formados los del gabinete económico de México, por eso se equivocan tanto. Estos economistas fueron seducidos por la visión de un sistema de mercado perfecto y sin problemas. La recesión actual refuta esta idea, pero para ellos peor para la realidad, si es que ésta no se ajusta al modelo.

Paul Krugman (Premio Nobel de Economía 2008) expresa que los economistas deben enfrentarse a tres cosas: primero, a la incómoda realidad de que los mercados financieros distan mucho de la perfección, de que están sometidos a falsas ilusiones extraordinarias y a las locuras de mucha gente; segundo, deben admitir que la economía keynesiana sigue siendo la mejor armazón para dar sentido a las recesiones y las depresiones; tercero, tienen que hacer todo lo posible para incorporar las realidades de las finanzas a la macroeconomía.

Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía, exVicepresidente del Banco Mundial y Jefe de Asesores cuando la Presidencia de Bill Clinton, nos dice: “La desregulación financiera –junto con el dinero barato– contribuyó a una excesiva toma de riesgos. Y la política monetaria sería relativamente ineficaz para revivir la economía, incluso si se lograba evitar el colapso total del sistema financiero con dinero más barato aún. Por lo tanto, sería necesaria una mayor dependencia de la política fiscal (un mayor gasto gubernamental)”. “Mientras tanto, resultó que quienes sostuvieron que la política monetaria no sería suficiente estaban en lo cierto”. (http://www.project-syndicate.org/contributor/joseph-e–stiglitz October 11, 2013).

El neoliberalismo no es defendible ni siquiera por sus partidarios. Durante su última conferencia de prensa como presidente, el lunes 12 de enero de 2009, George W. Bush ha «admitido voluntariamente»: «Yo dejé de lado algunos de mis principios liberales cuando mis asesores económicos me informaron de que la situación que estábamos viviendo podría llegar a ser peor que la Gran Depresión (la crisis de 1929)». Esos son las ruinas intelectuales de la que abrevaron y heredan los economistas mexicanos del Gabinete Económico.

El gobierno “propone un déficit fiscal de 262,887.8 millones de pesos durante 2014 (1.5% del PIB), que se reducirá en 2015, y finalmente se recuperará el equilibrio presupuestario en 2017, en todos los casos sin considerar la inversión de Petróleos Mexicanos”. Como ven, es más de lo mismo, pues, en lugar de gastar, recortes, y buscando el equilibrio fiscal, que es el primer mandamiento del Consenso de Washington, el cual existe sólo en la deformada cabeza de los economistas del gabinete económico. Ahora se debe gastar para suplir la caída del consumo y la inversión privadas, el Estado debe gastar y lo mejor sería construyendo obras de infraestructura como los chinos o estadunidenses e invirtiendo en ciencia y tecnología, pero hace lo contrario y sale con las tijeras. Debería otorgar estímulos fiscales para los que inviertan y busca cobrar más a los contribuyentes cautivos, aunque por primera vez menciona la eliminación de los regímenes especiales que disfrutan las grandes empresas, aspecto positivo, pero del dicho al hecho hay mucho trecho. En Estados Unidos se estima un déficit fiscal para 2014 del orden de 5.4% del PIB, en Japón de 7 y China de 4 y así todos los países, sólo en México de 1.5, pues vamos como el cangrejo, porque todo el mundo realiza política económica anticíclica, menos México, la cual es procíclica y profundizará la recesión. Todo el mundo se volvió neo o postkeynesiano, menos los mexicanos formados en la Escuela de Chicago, que hoy asiste a su derrumbe intelectual.

Un aspecto crucial para desarrollar una política económica de nuevo tipo es acabar con la impunidad y castigar a todos los ladrones, así como acabar con diezmos o más. No se puede seguir con esa corrupción que está hundiendo al país. La única vacuna contra la corrupción: cero impunidad, pero para eso se hace necesario un Estado de derecho real, no ficticio. Japón era muy corrupto en el siglo XIX e hicieron eso.

México debe abandonar el modelo neoliberal y el Consenso de Washington, pues ha profundizado las desigualdades regionales y sociales, producido tal cantidad de pobres que puede ser un país de renta media incapaz de cumplir con el primero de los objetivos del Desarrollo del Milenio, la disminución de la pobreza. No se puede entender la testarudez del gabinete económico para mantener un modelo económico que no impulsa el crecimiento y que genera mayor desigualdad. En síntesis, ha sido un fracaso que ya lleva 31 años y que ha relegado a México en el mundo.

 

Un comentario en “La reforma fiscal, la quiebra intelectual del neoliberalismo y sus discípulos mexicanos”

  1. GONZALO ARGUETA
    14 octubre, 2013 at 18:39 #

    BUEN ARTICULO MTRO. JORGE. LE FELICITO, CRONOLÓGICAMENTE ESTRUCTURADO, CONTIENE PROBLEMÁTICA, REFERENCIAS ALTERNAS Y PROPUESTA, TAMBIÉN MUY DIDÁCTICO QUE HACE ENTENDIBLE A LA LECTURA DE NOSOTROS LOS NO ECONOMISTAS. LA FRASE DE George W. Bush ha «admitido voluntariamente»: «Yo dejé de lado algunos de mis principios liberales cuando mis asesores económicos me informaron de que la situación que estábamos viviendo podría llegar a ser peor que la Gran Depresión (la crisis de 1929), HABLA DE LO PRAGMÁTICO QUE RESULTA HASTA EL MISMO DIABLO

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