El legado de Don Samuel Ruiz García

Samuel Ruiz

 

El 24 de enero de 2011 Samuel Ruiz desapareció físicamente, dejando un legado para la posteridad digno de reflexión porque probablemente no exista una hazaña espiritual en México después de la evangelización de Nueva España, como la protagonizada en Chiapas por Samuel Ruiz García. La epopeya fue primero personal –porque se convirtió al indigenismo- después fue organizativa y luego transformadora. Claro está que el proceso fue largo y desembocó para bien o para mal -según quiera verse- en la rebelión armada zapatista de 1994.

En realidad la conformación del Chiapas en resistencia y rebelde actual encabezada por el subcomandante Marcos no puede entenderse sin el trabajo pastoral del llamado “Obispo de los pobres”.

Manuel Camacho Solís, el comisionado para la paz comentó en una ocasión que durante los diálogos para la paz en la catedral de San Cristóbal, le preguntó directa y frontalmente al Obispo si era el verdadero comandante del EZLN. Samuel Ruiz le responde con una paradoja: “imagine que está en un cuarto oscuro y yo con una linterna le muestro la luz y el camino”; eso es exactamente lo que hice con los indígenas le expresó el obispo.

Figura clave de la teología de la liberación, la corriente de pensamiento católico que busca la salvación cristiana, no solo espiritualmente, sino también en lo económico, político y social; “jtatic” o caminante -como lo llamaban sus fieles- llega a Chiapas para hacerse cargo de la Diócesis de San Cristóbal de las Casas en 1959 con 35 años de edad.

Nació en Irapuato; Guanajuato, dos años antes de la guerra cristera, el conflicto religioso que los historiadores han llamado el “coletazo de la revolución mexicana” por lo que recibió clases privadas por parte de una religiosa, al abrasar los hábitos parte a Roma, donde es formado por sacerdotes jesuitas y al tener como compañeros a gente de todas partes del mundo, comprueba la universalidad de la iglesia católica.

A su regreso de Roma se convierte en profesor de teología y Rector  del seminario de León, hasta que es nombrado Obispo de San Cristóbal de las Casas.

Llegando a Chiapas nota las enormes distancias entre poblado y poblado, la difícil orografía y la inmensidad de su Diócesis, por lo que la divide en dos; Tuxtla y San Cristóbal y más tarde para hacer efectiva su labor pastoral divide la diócesis de San Cristóbal de acuerdo de acuerdo a la influencia indígena, es decir zona chol, tsotsil, tseltal etcétera para formar catequistas en su lengua nativa.

Pero la claridad de metas y propósitos le llega en 1968 con el Concilio Vaticano realizado en Medellín; Colombia, donde conoce la Teología de la Liberación que utiliza el marxismo para entender la realidad y justifica teológicamente las acciones violentas –en caso de llegar a ellas- para transformar la realidad opresora.

Mientras Samuel Ruiz intentaba comprender la realidad de su diócesis y se preparaba para abordar su problemática, el territorio sufría grandes transformaciones; la selva lacandona recibía a ex peones acasillados, sufría la depredación de sus riquezas por la ganadería extensiva, albergaba refugiados y desplazados.

Este crisol de problemas y etnias en la selva lacandona se comparó con la persecución del pueblo israelita. Es decir los habitantes de la lacandona se asumieron como un pueblo oprimido. Curiosamente el medio que ayudó a impulsar la organización social que buscaba el obispo Ruiz vino de donde menos se esperaba: el gobierno estatal que en 1974 organiza el Congreso Indígena. En esa ocasión Hubo 1,400 delegados de más de 500 comunidades y por primera vez hubo contacto entre las múltiples  etnias del estado.

Temas de tierra, salud, educación y comercio llenaron las conclusiones y sintetizaban -como ahora- las carencias de los pueblos indios. Pero lo más importante, fue el espacio donde por primera vez en mucho tiempo se demostró un hecho sempiterno e innegable en Chiapas: la debilidad de las instituciones y la necesidad social de que algo o alguien llene ese vacío.

Había ya entonces el material humano, el espiritual y solo faltaba organizarse para la producción. Eso sucedió en 1976 con la llegada de agrónomos norteños que trajeron los métodos maoístas de organización social. Había que organizarse para evitar a los coyotes, para no destruir los medios de producción sino para apropiarse de ellos y producir colectivamente.

Entonces se cierra el ciclo: conversión personal, compresión de la realidad, transformación espiritual, organización social y organización para la producción. Es ahí donde se forja la leyenda de Samuel Ruiz y es un hecho que ningún proyecto gubernamental o político ha transformado tanto a Chiapas como lo hizo Samuel Ruiz.

Digno ocupante del cargo que también ejerció Fray Bartolomé de las Casas, Samuel Ruiz dijo en alguna ocasión que la realidad que vio “no era genéricamente distinta” a la que observó el sevillano y también dominico Bartolomé de las Casas. Se refería a la tienda de raya, a las enfermedades infecciosas que azotaban a los infantes, al castigo a los peones acasillados, al bajar la mirada, ceder el paso y la acera a los blancos y mestizos

Para entender de manera general el legado de Samuel Ruiz en Chiapas habrá que tomar en cuenta los siguientes elementos:

1.- Llenó un espacio que le correspondía al estado de derecho. Donde quiere que sea, si el estado-nación no garantiza el control social, alguien más llegará a hacerlo.

2.- Formó la conciencia social del chiapaneco indígena y oprimido.

3.- Por si fuera poco, también lo organizó.

Chiapas sin Samuel Ruiz y el EZLN no hubiera sido el mismo y pusieron al indigenismo entre las prioridades nacionales, además aceleraron la apertura democrática en México.

Si su trabajo se hubiera circunscrito solo a formar la conciencia social, quien sabe si Samuel Ruiz habrá pasado a la historia nacional, pero no puede negarse su gran epopeya y su política -que llevó a la práctica- de despertar la conciencia del oprimido.

Como Gandhi, que no se consagra a su propia liberación sino que mezcla la acción política con la religiosa, Samuel Ruiz se libera a sí mismo con la biblia y después a los demás con la construcción social que es la política.

Su accionar le comprueba al estado-nación que si no garantiza la armonía social, alguien llenará ese espacio. Hoy las comunidades zapatistas son solidarias, tolerantes y mejor organizadas para la producción. Están gracias a Samuel Ruiz preparadas para resistir y para que otra vez algún día se repitan los históricos ciclos de insurrección en estas tierras hasta que no desterremos la desigualdad y hagamos de la tolerancia y el respeto una práctica cotidiana.

 

Twitter: @GerardoCoutino

Correo: geracouti@hotmail.com

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  1. Dos Iglesias: una para las élites y otra para los pobres - Revolución Tres Punto Cero - 27 abril, 2014

    […] antes, durante y después del levantamiento zapatista, en Chiapas, y que fue reconocido como un defensor de los indígenas y sus derechos, tanto mexicanos como centroamericanos, y por su gran labor en la organización social y económica […]

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