El sabor del placer

El Placer, Diego Benzal

El Placer, Diego Benzal

 

Muchos hombres llegan a pensar que las mujeres solo consideran el sexo al hecho de que su virilidad penetre la vagina de una mujer y dejan de lado lo realmente importante, explorar, experimentar, descubrir las zonas erógenas que permitan no solo hacer más placentero, sino más intensa una verdadera relación sexual, esté el amor o no de por medio.

Tal vez por los mitos del machismo que los obliga a ser siempre quienes digan cómo hacer las cosas se han perdido de lo que realmente es lo mejor en una relación sexual, más allá de los besos y las caricias previas, hay muchas otras maneras en las que ambos pueden llegar al clímax sin haber una penetración de por medio.

Aunque no todos tienen actitudes machistas hay hombres que son muy inteligentes y se han atrevido a descubrir lo que les gusta a las mujeres y hoy por hoy son en día los mejores amantes, pero como lograr que tu pareja acepte que puede ser mejor con tan solo escucharte.

Hay muchas maneras y formas, pero aquí entra la inteligencia de la mujer para hacerle creer que tiene el control y al mismo tiempo te permitas a ti misma demostrarle que ambos pueden redescubrirse y uno de eso métodos es hacerlo a través de la boca, con el sentido del gusto.

Aunque hoy en día hay muchos tabúes sobre el sexo oral, la verdad es que en la intimidad con tu pareja ambos lo pueden disfrutar siempre y cuando estén de acuerdo, si alguno de los dos no acepta hay que hablarlo y buscar las formas que a los dos les guste esta práctica y la mejor forma de empezar es conociendo tu cuerpo.

 

El sabor del placer

Después de 5 años de matrimonio Elvira y Alejandro estaban en una etapa difícil, aun no tenían hijos y aunque relativamente llevaban poco tiempo de casados su relación de pareja era cada vez más fría, no se explicaban que había pasado con esa pasión y el amor que los llevó a jurarse amor eterno frente a un altar.

Elvira sabía que el amor estaba presente, pero desde un principio sus relaciones sexuales nunca fueron placenteras para ambos, siempre era él y solo Alejandro quien se satisfacía, al principio pensó que así debía ser, pero conforme pasaron los meses y los años, tener relaciones sexuales se había convertido en una obligación de parte de ella.

Pero ¿cómo decirle a su esposo que no sentía nada, que quería más de él sin que él se ofendiera?, ella fue muy inteligente, un día le dijo a su pareja que quería regalarle una noche de pasión diferente, y que cada semana cada uno de ellos tendría que inventar algo nuevo, al principio su esposo se extrañó de esa proposición, pero en el fondo la curiosidad de saber que podría hacerle su esposa le ganó y aceptó.

Esa noche Elvira lo espero impaciente, cuando él llegó le pidió que se bañaran juntos, y así lo hicieron.

Bajo la regadera, ella tomó el paño con el gel de ducha y le enjabonó todo el cuerpo, empezó desde los pies y fue subiendo por sus pantorrillas, llegó a sus rodillas e hizo un alto en la ingle, apenas había empezado pero la virilidad de su esposo ya estaba firme, fue muy cuidadosa de seguir por la cintura, subir a su abdomen, llegar a su cuello para después seguir con su espalda.

Alejandro estaba excitado y en más de una ocasión intentó tomarla ahí, pero ella sutilmente le pidió que esperara, después de la ducha, ella mismo empezó a secarlo y después de secarse, le pidió que se recostara en la cama y al hacerlo ella aprovechó para vendarle los ojos con una mascada.

Está de más decir que la excitación de Alejandro se mantenía erguida, pero esto apenas comenzaba, Elvira decidió atarlo de pies y manos a la cama de manera suave y luego sin más comenzó su plan.

Sacó un poco de crema batida y una fresa, y empezó a pasarla desde el dedo gordo, con su lengua recorrió las piernas hasta llegar a la ingle, y paso por alto la zona del miembro, para seguir en su abdomen y su cuello, los besos fueron suaves pero intensos, le puso la fresa en la boca, después con un movimiento sutil se posó encima de él y empezó a cabalgar primero despacio, luego empezó a hacer movimientos circulares y más intensos, mientras posaba sus propias manos sobre sus senos y sus glúteos.

En menos de unos minutos ambos alcanzaron el orgasmo, pero no era suficiente para ella, entonces tomó la virilidad en su boca y volvió a ponerlo firme, y empezó a mover su lengua de abajo hacia arriba para alcanzar el prepucio.

El calor de su boca, los movimientos frenéticos de su lengua hicieron que Alejandro alcanzara el clímax y solo después de eso, ella le desató los pies y las manos y le quitó la venda de los ojos.

En ese momento Alejandro comprendió todo, nunca había sentido a su esposa tener un orgasmo como esa noche, la tomó entre sus brazos, la depositó en la cama y ahora fue él quien le vendó los ojos.

Su boca recorrió su cuello, se posaron en sus senos y después apoyado con sus dedos, busco el monte de venus para deslizar su lengua más abajo, con movimientos suaves empezó a succionar Elvira estaba completamente excitada y entonces alcanzó un nuevo orgasmo.

Después Alejandro se recostó en la cama, mientras ella normalizaba su respiración; esa noche vivieron juntos el amor, la pasión y el placer, en medio del erotismo que les provocó redescubrirse como pareja.

A partir de ahí cada semana en la habitación de Elvira y Alejandro se viven muchas fantasías sexuales.

 

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