Definición de murutsh

Murutsh

Murutsh

Murutsh ¡no existe! Eso dijo Armando. Casi como si un ateo hubiese pronunciado el lugar común de “Dios no existe”.

Murutsh sí existe, dice Mónica. Levanta su falda y pone el dedo arriba de la rodilla izquierda y dice, muy orgullosa, ¡esto es murutsh!

Mónica dice que murutsh se aplica cuando alguien tiene una cierta dolencia cuyo origen se desconoce y desaparece de la misma manera que aparece. Como toda persona sabe hay dolores físicos y dolores morales y la palabra sirve para ambas situaciones. Mónica cuenta que aprendió la palabra de su tía Hermila. Ella cantaba la palabra pues pensaba que era como un conjuro que servía para desaparecer la dolencia. Cuando los sobrinos, a la hora que jugaban a la comidita en el patio de la casa, veían a la tía, con su vestido azul, holgado, salir cantando de su cuarto, sabían que tenía alguna dolencia. En la casa de Mónica (soy testigo) nadie sufre, tal vez porque siempre asociaron el canto al dolor. La tía podía retorcerse de un dolor físico pero lo hacía cantando: “¡Murutsh, murutsh, murutsh…!”, así por todo el patio; por los corredores; por la cocina, a la hora que tomaba la cafetera y se servía en una taza de peltre; por el baño, mientras orinaba; por la recámara, cuando caminaba de su cama al ropero, porque el dolor no le permitía conciliar el sueño. Murutsh, murutsh, desde que amanecía hasta que amanecía al día siguiente; hasta que el silencio se hacía. Cuando las hermanas de la tía escuchaban el silencio decían que, gracias a Dios, por fin, la tía Hermila había conciliado el sueño. No sabían que no era el sueño el prodigio, sino la palabra murutsh que, con su capacidad de sanación, había logrado mitigar el dolor físico. La tía, entonces, abría la puerta y caminaba sin dolor alguno. Todo mundo de afuera esperaría que, entonces, saliera y cantara porque el dolor había amainado, pero como la tía cantaba a la hora del dolor, a la hora de la salud caminaba en un absoluto mutismo. Todos los de casa nos fuimos acostumbrando y supimos que ella funcionaba de manera diferente a como funcionaba el mundo.

Murutsh, como ya se dijo, no sólo sirve para paliar el dolor físico, sino también como parche para el dolor del espíritu, de ese dolor que es como una espina invisible. Quien, como mantra, la repite, siente que su cuerpo y su alma dejan sus ramas torcidas y comienzan a bailar en medio de un aire que camina de puntillas en un cielo lleno de alfombras.

El lector que ahora posa sus ojos en estas letras puede, si tiene un principio de una dolencia, decir la palabra, en voz baja, sin más emoción que la que siente el hombre que, en la punta del Everest, se sienta y mira el horizonte donde el cielo parece la cabellera de la tierra.

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