La fragmentación del voto y las candidaturas ciudadanas al 2018

Cupido

 

Si se analizan a fondo los resultados electorales de las pasadas elecciones, se encontrarán datos que refuerzan el ya largo proceso mexicano de construcción de ciudadanía y que evidencian el fracaso del actual sistema de partidos políticos; es decir, hablan ya del agotamiento de nuestro particular forma de democracia, que es representativa y que además no ha pasado de la simple alternancia política.

Es cierto; ganó el PRI la mayoría en el Congreso, pero lo hizo consiguiendo la votación más baja de su historia. En términos generales la victoria es pírrica porque es evidente el rechazo ciudadano a los partidos políticos y a quienes hacen política.

En ese sentido, no puede soslayarse la violencia que se presentó durante la jornada electoral, sobre todo en localidades de Oaxaca y Guerrero; tampoco el hecho de que más de 50 mil ciudadanos que habiendo sido capacitados previamente, no se presentaron a la jornada electoral como funcionarios de casillas.

Lo realmente importante no fue que el PRI consiguió la mayoría en el Congreso, lo importante fue que las elecciones representaron una victoria ciudadana frente a un sistema tradicionalmente cerrado como lo es el de los partidos políticos.

Por fin ciudadanos se presentaron a las elecciones sin que los representara y respaldara un partido político y además lo hicieron con posibilidades reales de ganar como al final sucedió en Zapopan, en Sinaloa y en Nuevo León.

Incluso para el 2018 la tendencia probablemente sea de una explosión de más candidaturas ciudadanas que tengan más impacto nacional; es decir muchas personalidades nacionales buscarán participar en el proceso electoral de ese año en busca de una alcaldía, diputación local o federal, senaduría o incluso la presidencia de la república.

La participación de la ciudadanía para ejercer su derecho al voto fue la mayor de los últimos años para unas elecciones intermedias; sin embargo, dicha participación electoral todavía representa menos del 50 por ciento de la lista nominal.

Pero muchos ciudadanos acudieron a las urnas a hacer patente su rechazo al sistema político y a los políticos; de tal manera que si el voto nulo fuera partido político, este habría conservado su registro.

 

La lección

La gran lección que dejaron los comicios intermedios es que el voto en México se fragmenta y esto afecta a los tres grandes partidos políticos; es decir afecta a las instituciones políticas que son el sostén del actual sistema político mexicano.

En el fondo es la puntilla al sistema político presidencialista que hace agua desde 1988 y de manera trágica desde 1994.

Antes de esas fechas, el poder político en México se centralizaba en una sola persona; el presidente de la república, quien concentraba todo el poder todos los días, todo el tiempo durante seis años.

En 1988 se escinde por primera vez parte importante de la militancia priísta, -el aparato electoral al servicio del presidente de México- y se funda la izquierda parlamentaria mexicana; y 1994 es la fecha en la que un presidente de la república influye de manera personal y lora la designación de su sucesor.

Luis Donaldo Colosio fue el último de los elegidos y el resultado fue trágico, Ernesto Zedillo fue la única y extrema opción, Vicente Fox construyó una candidatura y conquista la presidencia desde la oposición, Felipe Calderón encabeza una rebelión al interior del PAN y Peña Nieto asume la presidencia de la república desde la oposición.

Ninguno de los últimos presidentes mexicanos responde a las características del tradicional “tapado” priísta. A esta disminución del poder unipersonal en México, se le puede sumar la lenta, pero paulatina pérdida del control del sistema de organización de elecciones por parte de los gobiernos en turno.

El Instituto Nacional Electoral es ahora un organismo autónomo, cuando en 1988 su operación era responsabilidad de la Secretaría de Gobernación.

En el esquema político de la alternancia que domina todavía en México, la primera vía para derrotar al presidencialismo -y al PRI- fueron las alianzas electorales y las coaliciones políticas; estas alianzas dieron paso precisamente a la alternancia política.

Hoy esa alternancia política no satisface al electorado y le pasa la factura a lo que queda del presidencialismo y a los tres grandes partidos políticos.

La estrategia ciudadana fueron el voto nulo y las candidaturas independientes. Ello ha provocado que todavía faltando tres años para el término del actual sexenio y estando tan frescas las elecciones intermedias hayan aparecido candidatos para el 2018 que se declaran independientes.

Es evidente que con ello se demuestra que el voto está fragmentado y que seguirá estándolo para las elecciones venideras. Esta es una tendencia que se observa desde las elecciones intermedias del 2009, cuando el PRI, el PAN y el PRD concentraron el 78 por ciento de la votación total, para el 2012, los tres grandes partidos -considerando que esa fue una elección general- concentraron el 76 por ciento del total del voto; pero en las elecciones pasadas, estos tres partidos solo concentraron el 61 por ciento de los votos.

 

La segunda vuelta electoral

Ante la evidente fragmentación del voto, existe una vía para que los partidos políticos conserven su tradicional monopolio; es la segunda vuelta electoral, y esto es probable porque si el voto continúa fragmentándose, muy probablemente ningún candidato ganador de cualquier elección tenga la suficiente legitimidad que le da una mayoría abrumadora. Esa legitimidad se lograría con una segunda vuelta electoral.

Sin embargo, no sería una solución definitiva para los partidos políticos, porque la tendencia nacional es el desencanto en la política y en consecuencia, muchos mexicanos no se sienten representados por su diputado, alcalde, senador o presidente municipal.

En ese sentido, el verdadero peligro para el sistema de partidos políticos hegemónicos es que en todos los niveles de representatividad, sigan perdiendo influencia ante el voto nulo, la abstención o los candidatos independientes.

¿Cuál es entonces la vía para conservar el poder ante la irrupción ciudadana?

Probablemente sea la segunda vuelta electoral, solo así se obtendría legitimidad ante una ciudadanía que cada día se desencanta más de los políticos.

En la contraparte, para la ciudadanía; lo mejor será seguir fragmentando el voto y promover las candidaturas independientes; esto porque la evidencia empírica demuestra que los políticos tradicionales responden a los intereses de sus partidos políticos y a los de grupos compactos. Ahí no hay opción; por ello por lo menos en el corto plazo, lo ideal es defender a las candidaturas independientes y defender también su viabilidad ante los políticos tradicionales.

Lo más importante es la organización ciudadana. Con ella se ha demostrado que en el arte de la política, se puede todo.

Twitter: @GerardoCoutino 

Correo: geracouti@hotmail.com

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