Ojalá

Detalle de mural de David Alfaro Siqueiros.

Detalle de mural de David Alfaro Siqueiros.

 

Me encontré cantando la canción de Silvio Rodríguez, mientras leía un post en Facebook donde se muestra como Patricia Reyes Spíndola, actriz de Televisa, prepara al entonces candidato del PRI y actual gobernador del estado de Nuevo León Rodrigo Medina.

La letra de la canción ha sido inspirada en una mujer, quién en boca del cantautor, se refiere a ella como su primer amor, para mí fue una sorpresa encontrarme que la letra estaba inspirada en un ámbito romántico y no de protesta. Es mi culpa, mi atracción natural por Cuba y su lucha me hacen ubicar siempre, en primera instancia, a lo cubano en la protesta contra “el sistema”. Admiro la revolución cubana y aunque no comparto al cien por ciento sus principios, formas y resultados; siempre ha sido interesante todo lo proveniente de esa isla mágica. Esta canción la conozco desde la facultad de medicina y recuerdo que hubo quién alguna vez me dijo que no las debería escuchar por que no era capaz de comprender su significado; en ese momento me ofendí, pero ahora hasta cierto punto le doy la razón, no en la premisa de que no soy capaz de comprender, sino que acepto que nunca la he percibido en el sentido que Silvio la escribió. Yo fui víctima de la versión no oficial de su inspiración, aquella que ubica a la letra como un canto de protesta, una voz que grita de hartazgo contra un sistema que oprime y encanta, contra una máquina que estruja y aprisiona, contra ese escaparate que encandila y ciega.

Por eso ahora me encuentro repitiendo la letra: Ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan, para que no las puedas convertir en cristal…

En estos últimos días, curiosamente, he interactuado con amigos, conocidos y compañeros, con quienes coincidíamos en la postura de estar contra este sistema político mexicano que ahoga a nuestro país, nuestras encuentros siempre empezaban y terminaban en esta reflexión de lo que está pasando, qué debería ser y que haríamos; ese era siempre el tono y la lógica de nuestras relaciones. Pero he notado que poco a poco este sistema, la máquina voraz que no tiene límites, ha empezado a tomarlos uno a uno y en diferentes frentes y circunstancias me encuentro discutiendo excusas y justificaciones con quienes antes analizábamos y criticábamos la firmeza de la postura.

Entonces me he llegado a cuestionar ¿estaré mal yo?, ¿cómo es posible que yo no puedo ver el beneficio de consentir o ceder ante la inercia corrosiva del sistema?

La única explicación lógica que encuentro entonces es que esta máquina ha logrado tocar la fibra sensible de quienes pensaba que no la tenían. Lo que automáticamente me lleva a cuestionarme, yo tengo también mi fibra sensible. Claro que tengo, sinceramente, no podría identificarla en este momento y me daré a la tarea de hacerlo, porque pienso que si conozco mi debilidad, puedo también protegerla.

Qué nos queda entonces, dejar de luchar, aceptar el beneficio que viene envuelto en papel rojo, verde, amarillo o azul, hasta morado, del color o la forma en la que te sea menos difícil aceptar la culpa. No hay límites para esta máquina repito, es como una caja de pandora que bien puedes obtener una alegría, aunque sea superflua, como bien puedes encontrar la desgracia, según el modo en el que hagas contacto con ella.

Es entonces donde sigo cantando, ojalá se te acabe la mirada constante, la palabra precisa y la sonrisa perfecta, ojalá pase algo que te borre de pronto, una luz cegadora o un disparo de nieve…

Muchas veces he escuchado que renuncie Peña Nieto, que le quiten el registro al Partido Verde, No votes por el PRI, Anula tu voto, etc. Es esta la dinámica de lucha que al mexicano lo tiene embelesado, aturdido y acongojado, creo que no hemos entendido que quienes hacemos fuerte, implacable y asertiva a la máquina voraz, al sistema de corrupción somos nosotros, los ciudadanos, el pueblo, la sociedad o como quieran llamarle. Soñamos con que de un día a otro la luz cegadora arrebate la corrupción y la impunidad, someta a la clase política y surja una nueva cúpula bienhechora que librará a este país de la desgracia. Seguimos amarrados a un grillete refunfuñando y lamentando nuestra condición pobre e injusta, levantando la vista para criticar y a la vez para recibir la migaja. Pero esa postura sumisa/inconforme no está condicionada por un sistema que usa la fuerza y la imposición, no, esa postura está perpetuada por nuestra comodidad, por nuestra ignorancia, por la más paradójica de nuestras costumbres, aquella de mirar solo por nuestro beneficio próximo inmediato en el menor tiempo posible, aunque esto implique pisar y obstaculizar el beneficio del vecino que no puede estar mejor que nosotros, debe mantenerse igual de jodido que el resto; es cierto el sistema tiene culpa usa todos los medios que tiene a su servicio para mantenerte así, jodido, ignorante, pobre, cómodo, con la cabeza llena de imágenes sin fondo, matando tu tiempo útil con circo, con violencia, con hambre, con televisiones.

Ojalá que la aurora no de gritos que caigan en mi espalda, ojalá que tu nombre se le olvide esa voz, ojalá las paredes no retengan tu ruido de camino cansado…

Desafortunadamente por mucho que cantemos, por mucho que soñemos, nada va a suceder si nosotros no cambiamos, no esperemos que el cambio sea ascendente, el movimiento que tiene que remover las entrañas del sistema, desengranar a la máquina, debe surgir de nosotros, los ciudadanos que no nos debemos permitir ser cómodos, corruptos, incompetentes, rastreros, ambiciosos, sumisos, indiferentes, apáticos, cómplices, ignorantes, «chingones». No, tenemos que empezar a ser proactivos, honestos, dignos, cultos, solidarios, combativos, organizados, justos, tolerantes con el prójimo e intolerantes con la corrupción, defensores, optimistas.

El día que entendamos que el bien común es más perdurable y seguro que el bien particular, entonces empezaremos a ser ciudadanos diferentes, que ya no miraremos hacia arriba, miraremos de frente, que ya no estaremos lamentando el grillete, caminaremos hacia adelante. Si me permites sugerirte algo, no hay beneficio del sistema que quiere mantenerte igual o peor que ahora, todo lo que pueden otorgarte son dulces, mientrastantos, crayones o limosnas, lo único que les preocupa es encontrar cada día formas nuevas de perpetrarse en el poder y que tú los sigas viendo con la mirada hacia arriba.

…ojalá que el deseo se vaya tras de ti, a tu viejo gobierno de difuntos y flores.

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