Del “Ni los veo ni los oigo” al #YaCholeConTusQuejas

Insensibles

Era 1994 y en materia política y el ambiente político era de incertidumbre; ese año había aparecido la guerrilla neozapatista en Chiapas, días despúes y ante la presión popular el gobierno federal ordena el cese al fuego unilateral.

Ese año tambien en el mes de marzo el millonario y banquero Alfredo Harp Helú es víctima de un secuestra de los llamados de “alto nivel” que sacude a la clase política y empresarial -que casi siempre son los mismos- mexicana.

Solo nueve días más tarde del sonado secuestro, el país recibe una nueva sacudida con el asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta, candidato del PRI a la presidencia de la República.

En septiembre, a los hechos traúmáticos ocurridos en el país, se le añade el asesinato de José Francisco Ruiz Massieu, diputado y secretario general del PRI, además con una historia personal ligada en algún momento a la familia Salinas de Gortari.

A estos hechos trágicos, se le sumó en ese entonces un hecho por demás interesante: la reforma el artículo 82 constitucional que se refiere al goce de los derechos de la ciudadanía mexicana y los requisitos para ser presidente de la república. Al cambiar de “hijo de padres mexicanos” a “hijo de padre o madre mexicano”, la reforma le allanó el camino hacia Los Pinos a Vicente Fox, solo seis años más tarde.

Ese año era un año electoral y culmina con el famoso “error de diciembre” que fue la devaluación de nuestra moneda más grave de nuestra historia. No habían transcurrido ni tres semanas del gobierno de Ernesto Zedillo cuando millones y millones de dólares salieron del país; un lunes 19 de diciembre se tomó la medida de dejar flotar al peso frente al dólar un 15 por ciento y el pánico se desató hasta el miercoles 21 de ese diciembre.

Y fue así porque ese día para detener la caída del peso, el Banco de México “quemó” la mitad de sus reservas internacionales. El agotamiento de las reservas era entonces inevitable y sucedió lo temido; el Peso finalmente se devaluó un 40 por ciento.

Lo que vino después fue el apocalipsis para México y especialmente para su régimen político porque la credibilidad en el sistema financiero y hacendario se hizo añicos.

También porque esa falta de credibilidad se trasladó a la clase política.

 

Particularmente, dos cosas sucedieron con la clase política:

La ciudadanía le perdió más la confianza y no pudo concretarse ningún tipo de diálogo con una ciudadanía que en ese entonces estaba urgida de expresarse.

Dos pasajes son dignos de recordarse; el primero fue cuando el presidente Zedillo, ante el país que se le desgajaba, convocaba a la prensa a reuniones mensuales para informar el estado de los asuntos prioritarios. Pero tan pronto y como -al año exacto- la tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto dejó de ser negativa, Ernesto Zedillo dejó atrás las conferencias de prensa mensuales.

En su descargo habrá que decir que el último año de su gobierno fue de crecimiento económico espectacular; un siete por ciento que muchos presidentes del periodo neoliberal han anhelado y no lo han logrado.

El segundo pasaje, sucedió en noviembre de 1994, un mes y pocos días antes del error de diciembre. Durante la presentación del último informe de gobierno de Carlos Salinas de Gortari la oposición de izquierda aglutinada en el PRD le increpa a Salinas la situación en Chiapas, le grita mentiroso, asesino e ilegítimo; al otro día la crónica de los diarios recogía la respuesta de Salinas:

 

“Ni los veo, ni los oigo”

Desde entonces la clase política ha perfeccionado esa indiferencia hacia las causas populares.

Esto porque en ese caso no solo se trató de eludir las interrupciones al discurso del presidente, se trató de reclamarle al intocado presidente las causas populares desde una tribuna que siempre se ha supuesto democrática. En esa época se rompió el mito del presidente y su soliloquio en el Congreso de la Unión y los aplausos estridentes que lo acompañaban.

Ni los veía, ni los oía, pero se contabilizaron durante su sexenio más de 500 muertes de militantes perredistas.

Hoy tal parece que el sello distintivo en la clase política es la indiferencia, la insensibilidad y la falta de compromiso con las causas populares.

Pero el “Ni los veo, ni los oigo” ha experimentado varias transformaciones.

Primero fue el “#YaMeCansé, después el “#YaSeQueNoAplauden” y ahora la expresión es otra, pero la ruta de la clase política es la misma: #YaCholeConTusQuejas. Estar en contra de los intereses populares.

Lo peligroso es que si bien en las dos ocasiones anteriores esas expresiones fueron espontáneas, el #YaCholeConTusQuejas formó parte de una campaña mediática para posicionar de nueva cuenta las reformas estructurales.

https://www.youtube.com/watch?v=RmAuweCeenI

Es cierto que el video fue rápidamente borrado de la página oficial de Youtube de la Presidencia de la República, pero el daño ya estaba hecho.

La idea del video fue pésima y una mala decisión de quien autorizó su difusión. Pero en el fondo demuestra que la clase política no ha cambiado, sigue siendo insensible, indiferente, con falta de humildad y prácticamente nos demuestra que no reconoce sus errores.

Como era de esperarse, la ciudadanía se dio vuelo en las redes sociales y elaborando memes burlándose o indignándose con la ocurrencia del equipo de comunicación de la presidencia de la república.

Lo peor para la clase política es que cada vez comete más errores, se conocen más actos de corrupción y el nivel de indignación nacional no disminuye.

Ante la crítica, Los Pinos se muestra en toda su fragilidad: es un gobierno que no propone, que solo reacciona y lo hace de manera débil, es un gobierno en el que ya nadie cree y que tiene a gran parte de los mexicanos indignados.

Peligrosamente, la indignación puede pasar de las redes sociales a las calles, de hecho ya hay numerosos episodios de alerta con disturbios sociales en varias partes del país.

Y la clase política sigue en lo mismo, menospreciando a los ciudadanos, tratándolos con indiferencia, sin verlos ni oírlos, cansados de darles explicaciones, enojados porque no aplauden.

 

Si, Ya Chole; pero con ellos

Hace veinte años fue el famoso” Ni los veo, ni los oigo”. En esa época más del cincuenta por ciento de los mexicanos actuales no había nacido, no había redes sociales.

La clase política no ha cambiado, pero los problemas sociales siguen siendo los mismos pero más profundos; las desigualdades se han ensanchado más, el desempleo es ya un problema estructural, la migración es casi la única salida para progresar económicamente y el peso sigue siendo abatido por el dólar.

Nuestra clase política estará integrada por buenos tecnócratas que nos explican las razones macroeconómicas de las reformas estructurales, pero son insensibles a las demandas populares y eso los hace que no tengan lo que México realmente necesita de sus políticos en estos momentos:

Que sean estadistas y no simples administradores de los intereses de grupos políticos.

Twitter: @GerardoCoutino

Correo: geracouti@hotmail.com

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