Apuntes sobre la oscuridad, el dolor y la autonomía en la cultura gótica

APUNTES SOBRE LA OSCURIDAD, EL DOLOR Y LA AUTONOMÍA EN LA CULTURA GÓTICA

 

Luis Fernando Bolaños Gordillo[1]

 

Desde una mirada superficial los góticos podrían ser definidos como jóvenes que visten de color negro, con una visión pesimista de la vida, la sociedad y sus instituciones, identificados con géneros musicales y literarios relacionados con la parte oscura de la condición humana y simpatizantes con el satanismo moderno.

Los góticos son la tribu urbana más producida estéticamente; sus miembros se    visten completamente de negro, y de ese color, dicen, es la visión que tienen del            mundo: desencantada y esencialmente pesimista (Molina, 2009: 154).

Generalmente se considera que el uso permanente de la vestimenta negra y la preferencia por el género de terror son las principales características de estos jóvenes, y no se toman en cuenta cierto tipo de ideas que tienen como punto de partida una desolada percepción de la existencia nutrida por el pensamiento de filósofos existencialistas.

La elaboración de esta identidad tiene matices autónomos muy significativos, basados en aportes de la música, la cinematografía y la literatura, de las que extraen ideas auto-deterministas que fortalecen su nihilismo y su tendencia al individualismo.

Su manera de mostrar rechazo a la sociedad no es violenta sino pasiva, a través             de su atuendo y su actitud luctuosa. Son individualistas, tienden al disfrute de la           creación artística y el intelecto (Escribano y Carrera, 2007: 89).

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Los góticos se asumen como actores dionisiacos de una trama siniestra inserta en las contradicciones de la condición humana en la que elaboran, con base en sus historias de vida (vinculadas al dolor y al desánimo), visiones trágicas transmitidas a través de poemas, canciones, dibujos, pinturas, animaciones, etc., fruto de lo que ellos denominan el aislamiento creativo.

 

Los góticos intentan expresarse, aunque no son entendidos en una sociedad en   donde el negro es el color del luto y la muerte, y no tiene una parte bella. Adoran y        practican cualquier forma de arte y se identifican con sentimientos que      expresan         las canciones de sus ídolos. Saben que no pueden cambiar al mundo y por eso   no lo intentan   (http://www.detribusurbanas.com/tipos/5-goticos).

.           Estos jóvenes viven en una tragicidad sumada a sus formas de concebir la creación artística y se alejan de lo convencional o de lo considerado cultural o políticamente correcto; son selectivos en sus relaciones interpersonales, así como en sus preferencias discográficas (heavy metal y otras fusiones de este género), literarias (terror) y cibernéticas.

Gótico. Esta palabra designa algo más que una joven subcultura, una tribu urbana,           una estética siniestra o un género literario. Alude también a un enfoque filosófico          (una “visión     del mundo”, según dijo el novelista irlandés J, Sheridan La Fanu, en           su libro Las criaturas          del espejo); es el cosmos en negativo, invertido (lo extraño y          espeluznante son sólo lugares comunes, mientras que el día a día es algo en verdad misterioso y extraordinario). Aquí lo oscuro y lo amenazador poseen un    irresistible encanto, mientras que la normalidad y la vida acomodada sólo          prometen hastío y decadencia (Fuentes, 2007: 11).

“Lo gótico entra por los oídos”, afirmó Norma Díaz García[2], quien precisó que la música acompañada por literatura romántica o películas de terror, le proporcionaron otras maneras de ver al mundo, muy diferentes a las que ven aquellos jóvenes que se conforman con lo que les brindan medios convencionales que no propician el libre pensamiento.

Esta tribu urbana es una mezcla de individualismo, autodeterminismo, narcisismo, afición por el pasado, gusto por el arte y simpatía por lo sobrenatural sumados a una intención de superar los discursos y estilos de vida instituidos por la modernidad. Hay que resaltar esta manera de ser no se elabora de la noche a la mañana, es un proceso gradual de identificación con el lado oscuro de la cultura que se nutre de ideas y manifestaciones artísticas de diversas épocas y contextos. Detrás de cada gótico podrían estar las ideas del Marqués de Sade, Charles Baudelaire, Sheridan Le Fanu, Oscar Wilde, entre otros, que plasmaron en sus obras sus visiones de la sociedad en la que vivieron.

 

 

Estos jóvenes intentan expresarse a través de sus interpretaciones de la oscuridad, la muerte, el diablo y de personajes que encajan en la categoría de los antihéroes, y dan cuenta de una sociedad en decadencia que no tiene respuestas ni espacios para las manifestaciones juveniles y más aún si son consideradas siniestras. Es evidente la percepción de que aquello que no pueden encontrar en este mundo está en el “más allá”, aunque éste podría ser la metáfora de un contexto alternativo que les permite crear y expresar cosas distintas que de paso los desmarcan de instancias como la familia, las religiones o la educación.

Los góticos intentan expresarse, aunque no son entendidos en una sociedad en   donde el negro es el color del luto y la muerte, y no tiene una parte bella.           Adoran y practican cualquier forma de arte y se identifican con los sentimientos    que expresan las canciones de sus ídolos. Saben que no pueden cambiar al       mundo y por eso no lo intentan (http://www.detribusurbanas.com/tipos/5-goticos)

El dolor proporciona a estos jóvenes diversos sentidos a sus percepciones de la complejidad de la existencia y de la condición humana, da cuenta de sus experiencias en la vida e influye en su manera de expresarse y relacionarse con los demás. El dolor podría tomarse en primera instancia como el resultado de la falta de sentido de la vida, pero son los significados personales acerca del dolor lo que les proporciona tal.

El dolor es una forma de representarse a sí mismos y a los demás, a quienes       generalmente consideran superficiales e inferiores intelectualmente. El dolor se   constituye como una forma de coronar su nostalgia (Bolaños, 2011: 30).

El drama se constituye como parte de la vida cotidiana de los góticos, pero no como un estado de depresión permanente (que puede ser posible que exista en algunos casos) sino como una manera de ser que busca explicaciones acerca de diferentes circunstancias que se les presentan bajo una óptica oscura. Ellos y ellas ven al dolor como un sentimiento que ayuda a la introspección y a la búsqueda de respuestas a interrogantes vitales de la existencia que otros jóvenes buscarían en ámbitos distintos.

“Un gótico es un filósofo  oscuro”, afirma Onésimo Guzmán Arias[3], debido a que busca constantemente respuestas a su sufrimiento yendo a lo más profundo de sus pensamientos y sentimientos, para después compartirlos de una manera artística y creativa.

Baddeley (2007) define a lo gótico como el oscuro trasfondo de la vida cotidiana, una visión tenebrosa del mundo y una afición enfermiza por lo grotesco y lo macabro. Quienes se identifican con este estilo de vida son generalmente reservados, discretos y muy apegados a sus sentimientos y emociones, entre ellas el dolor, que se erige como un espejo en el que reflejan sus formas de percibir a la sociedad.

Podría pensarse que ser gótico es sinónimo de ser malvado o perverso, pero esa manera de ser es para ellos el punto de partida desde el cual reflexionar sobre las complejidades de la condición humana, valiéndose para ello de la música, la cinematografía de terror y obras como El Anticristo o Así hablaba Zaratustra, de Friedrich Nietzsche.

 

12200663_10153624507009070_1179432331_n            Ellos se consideran “superhombres” y “supermujeres” que buscan instalarse por encima de la masa y de lo que consideran políticamente correcto, aquello que ata el pensamiento. Para tal efecto elaboran formas de pensar, discursos, actitudes y creaciones artísticas, con una combinación autónoma, crítica y pesimista ante instancias como la familia, la religión, el gobierno o los medios de comunicación.

 

Para estos jóvenes la sociedad está muerta y, en este sentido, la muerte de Dios planteada por Nietzsche, aparece como la muerte de lo políticamente correcto, de las religiones, el deber ser y de todo aquello considerado impuesto o hegemónico. Ellos y ellas tienen gusto por el pensamiento disidente y se identifican con la libertad de pensamiento, el liberalismo y la creación extrema. Feixa (1998) afirma que determinados grupos juveniles han sido capaces de mantener niveles de autoafirmación considerables respecto de la cultura hegemónica y considero que los jóvenes góticos reflejan bien estos niveles.

Iván Darío Bonifaz Hernández[4]  compara a la sociedad muerta en vida con los zombies, sus personajes de terror favoritos, y explica que la mayor parte de las personas deambulan por la vida sin detenerse a pensar por qué actúan de cierta forma, por qué consumen determinados productos que no necesitan o por qué siguen al pie de la letra las normas, aún a costa de sacrificar su felicidad. Estos jóvenes elaboran su identidad con la dicotomía alienante-alienado, y se distancian de los patrones tradicionales: se erigen como testigos siniestros de las complejidades de una sociedad vista como una suma de instituciones contradictorias que se destruyen a sí mismas.

En su constante proceso de autodescubrimiento, los góticos se van distanciando de otras personas que consideran que suprimen sus deseos, sus pasiones, su voluntad, su capacidad de crear o que marchitan su inteligencia; edifican sus propios espacios alrededor de ideales como la trascendencia personal, el ensalzamiento de las pasiones, la creación sin límites y el ejercicio de la voluntad para construir al “superhombre” o “supermujer” que superarán los vacíos que la sociedad ha creado. Lo gótico podría verse como la recuperación del tiempo en que no se pertenecieron a sí mismos.

 

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Los góticos afirman que están vivos (una alusión al uso de la inteligencia y de la voluntad), en una instancia paralela a una sociedad considerada como muerta: ellos son los no-muertos. Esto explica la metáfora extraída de la literatura vampírica: están vivos mientras que los que no ejercen su autonomía están muertos, están integrados, son los obedientes. Estos jóvenes son nihilistas pero reconocen que su futuro lo construyen con el pasado: evocan elementos románticos, decadentes, terroríficos o sobrenaturales, para fijar su posición ante diversas instancias. La historia y la cultura juegan un papel fundamental en este proceso de auto-reconstrucción y auto-liberación, porque es ahí donde se manifiestan las visiones oscuras que tuvieron sus autores preferidos en sus respectivas épocas.

 

En sus creaciones los góticos se asumen como “románticos extremos”, “hijos de la noche”, “amantes de la oscuridad”, “decadentes”, “herederos de los poetas malditos” y, en síntesis, como parte de un mundo distinto en el que la oscuridad, el dolor, el diablo y la muerte, son los principales símbolos en la elaboración de sus ideas La identidad gótica es una instancia que se cierra sobre sí misma y pone en evidencia la falta de espacios y medios de expresión para los jóvenes.

En esa tesitura elaboran discursos, acciones y eventos que describen su sentido de auto-marginalización y el carácter reivindicativo de lo que denominan el lado oscuro de la cultura. Lo gótico puede definirse como una identidad en resistencia no violenta, que tiene posiciones radicales ante diversas instancias y que delimita sus fronteras culturales con otros movimientos considerados como obedientes al sistema. Estos jóvenes construyen su propio mundo y se oponen en sus discursos al consumismo fomentado por el capitalismo moderno, aunque esto se cuestionará en otra entrega de mi columna.

Este sentido autónomo está influido también por las literaturas romántica, decadente y el movimiento bohemio, e intenta corresponder a una visión nihilista de la condición humana que está llena de dolor, miedo, angustia y terror. Esta tribu urbana enaltece el reconocimiento de un sí mismo oscuro y ácido que forma parte de un mundo subterráneo (pero no subalterno) donde establecen posiciones muy puntuales entre la autonomía y los determinismos sociales.

Es el interés por el lado oscuro de la cultura lo que caracteriza a estos jóvenes: conocen el cine, la música, las bellas artes en general y la literatura en particular; prefieren manifestaciones artísticas que, bajo toda una gama de simbologías relacionadas con el dolor, la muerte, lo macabro, lo sobrenatural, lo apolítico o lo satánico, les brinde referentes tanto para conocerse y auto-liberarse a sí mismos como para cuestionar la sociedad en la que viven.

Lo gótico es universalista, ya que para ellos la identidad nacional, la étnica o las afiliaciones políticas o religiosas, subsumen el pensamiento, los etiquetan con determinadas categorías que les impiden, según ellos, ser sí mismos. En este proceso, desde que son góticos incipientes, van fijando sus fronteras culturales y con ello posiciones contrarias a las de la gran mayoría: ven al Diablo como símbolo de libertad, a la muerte como de transformación personal y rupturas con lo social y a Dios como símbolo de todo lo hegemónicamente impuesto. Su supuesto satanismo no es más que un rechazo total a los dogmas cristianos.

Estamos ante un autodeterminismo, que se resiste ante ciertos elementos de la modernidad, como el consumismo, la lógica de mercado, los medios masivos y todo aquello que intente colocar al ser humano como parte de un rebaño. La figura que adoptan es la del inadaptado, la del héroe romántico, la que se identifica con la nostalgia, el vacío, la decadencia, el terror y otros aspectos psicológicos propios de una forma de ser donde no hay piedad para los débiles.

 

Referencias

 

  • Baddeley, Gavin (2007) Mundo Gótico. Robin Book. Barcelona.
  • Bauman, Zygmunt (2007), Identidad, Buenos Aires: Losada.
  • Bolaños, Luis (2011), La elaboración de la identidad gótica en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas. Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas. Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica. México.
  • Escribano, Marisa y Carrera, Mauricio (2007), Soy diferente: Emos, darketos y otras tribus urbanas, México: Diana.
  • Feixa, Carles (1998). De jóvenes, bandas y tribus. Ariel. Barcelona.
  • Fuentes Rodríguez, César (2007), Mundo Gótico, Barcelona: Quarentena Ediciones.
  • Heath, Joseph y Potter, Andrew (2005), Rebelarse vende. El negocio de la contracultura, Madrid: Taurus.
  • Molina, Ignacio (2009), Tribus urbanas. Manual para comprender las nuevas subculturas juveniles, Buenos Aires: Kier.
  • http://www.detribusurbanas.com/tipos/5-goticos)

[1] Chiapa de Corzo, Chiapas (1970). Doctor en Ciencias Sociales y Humanísticas por el Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica (CESMECA) de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas; profesor e investigador de tiempo completo en la Licenciatura en Comunicación Intercultural de la Universidad Intercultural de Chiapas. Trabaja temas relacionados con tribus urbanas, identidades colectivas, cultura de masas y contracultura.

[2] Es egresada de la licenciatura en Comunicación Intercultural de la Universidad Intercultural de Chiapas, y fue entrevistada para la elaboración de mi tesis doctoral titulada La elaboración de la identidad gótica en San Cristóbal de Las Casas. Ella desarrolló una tesis sobre la visión que tienen estos jóvenes acerca del suicidio.

[3] Joven maya tsotsil oriundo de Chenalhó y egresado de la primera generación de la licenciatura en Turismo Alternativo de la Universidad Intercultural de Chiapas.

[4] Es egresado de la Licenciatura en Antropología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Chiapas. Actualmente trabaja su tesis sobre el papel del miedo en la socialización de los niños.

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