Definición de feo

Imagen: Anónimo

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Quien esté libre de culpa que tire al primer bonito, que lo arroje desde el puente más largo sobre el río Chiapa. ¿Quién que es no es feo? Pareciera que la condición humana está signada por la fealdad. ¿Quién es el culmen de la belleza? ¡Dios! Y aunque estamos hechos a semejanza, debe haber una diferencia para que ningún mortal se ande creyendo Dios.

El canon nos da pistas acerca de lo que debe considerarse bello, pero también nos explica que ellas difieren entre cultura y cultura. Las rellenitas de Rubens no tienen nada que ver con las esmirriadas de Giacometti o las rechonchas de Botero. Si las pusiéramos en una pasarela de Nueva York, ¿cuál sería el dictamen? ¿Quién alcanzaría el lugar de privilegio?

De igual manera, el concepto de fealdad se mueve en parámetros discordantes. En México decimos que “nunca falta un roto para un descosido”, con lo que damos a entender que lo que uno deja el otro lo toma.

Hace apenas dos o tres días oí que una muchacha bonita le decía a un tipo: “Carota de mi culo”. Lo dijo molesta, en respuesta al piropo un tanto grosero que él le dijo al pasar. Vi (no pude evitarlo) el trasero de la muchacha y observé que era como una manzana perfecta, de esas que colocan en las primeras filas de los estantes de supermercados VIP y que son la tentación permanente. Tenía un trasero casi perfecto, pero, ella sabía que, en medio de esas dos nalgas de antología, tenía un hoyo excretor, oscuro y maloliente como albañal. Pensé entonces en que la mujer se había acercado a la definición de fealdad. El ano es feo, tal vez es la parte más fea del cuerpo humano y, aunque es de vital función, nada hay tan próximo a la fealdad. Y digo que tal vez es lo más cercano a una definición de fealdad porque abarca a todas las culturas del mundo. Una mujer que tiene una nariz prominente tal vez sea fea en un país, pero sea atractiva en otro. Los traseros inmensos son especialmente elogiados en la cultura africana, de igual manera que los pechos generosos son encomiados en la cultura norteamericana. Pero, ¿qué sucede con el culo en culturas tan divergentes como la africana y la norteamericana? Sólo quienes padecen una filia sexual pueden decir que es bello.

Ahora bien, ¿en qué instante el arte se convierte en algo feo? ¿Es bello el cuadro “El grito”, de Edvard Munch? ¿Es bello el cuadro “Guernica”, de Picasso, que refleja los horrores de la guerra? ¿Qué sucede con la literatura? ¿Qué con las palabras? Algún lector de esta Arenilla podrá decir que es un texto prosaico porque menciona la palabra culo en varias líneas, pero ¿qué hacer entonces cuando alguien quiere nombrar ese parte oculta del cuerpo? ¿Disfrazarla? ¿Buscar un eufemismo para no dañar los castos oídos? ¡No! La vida está llena de los opuestos: la verdad y la mentira; la belleza y la fealdad; la luz y la oscuridad. De igual manera, el arte está lleno de esos contrarios que son la sal y la pimienta. La palabra feo no es tan fea, hay palabras que suenan peor.

Mi tía Efigenia decía que no había mujer fea en el mundo, que cada una tenía una virtud especial. Tal vez este modo de ser pudiera aplicarse de manera general a todo lo existente e incluso a lo inexistente. ¿Era feo El Quijote? ¡Por el amor de Dios! ¿quién podría afirmar que el rostro de este hombre era feo si ha sido uno de los más bellos seres que el mundo ha parido? ¿Era feo El jorobado de Nuestra Señora? ¿Eran feos los culos de El Quijote y de El Jorobado? No sé. Lo único que puedo decir es que la cara del tipo molestoso era más fea que el culo de la muchacha bonita que se molestó.

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