El Renombrador

Poner nombres es tarea de los padres
cambiarlos, es asunto de Dios.

RENOMBRADOR

Hubo una vez un parque llamado Flor de Mayo. Su nombre fue elegido, durante una convención presidida por abejas y colibríes. Y luego, en lengua zoque, “Joyyo Mayu”, vertido en tímpanos humanos:

¡Algarabía! Todos los habitantes, animales y vegetales, estuvieron de acuerdo. Y hubo fiesta por muchos días. Y rodaron las lunas del tiempo.

Entonces vino un hombre que se creía Dios. Hinchado de soberbia dijo:

“Ciudadanos de esta mía ciudad, escuchadme. Porque yo lo digo, desde hoy y para siempre este parque será llamado…(Cayeron las telas que cubrían un busto de un personaje frío y gris y las 21 letras áureas de su nombre).

¡¡Salomón Gonzáles Blanco!!”

Llovieron aplausos, hurras, vivas; dispararon las cámaras fotográficas. Los periodistas registraban en grabadoras tan sublime acto.

¡Qué viva don Juan! Gritó un distinguido invitado.

¡¡Qué Viva!! Coreaban otros igual de ilustres. Era un marzo de 2008.

Pero más adentro, en cuando corrió la noticia, Joyyo Mayu se estremeció: ¡Era una puñalada contra su espíritu! Lloró el lago, tiraron hojas los árboles (faltaba mucho para el otoño), gimieron los tlacuaches, enmudecieron los loros, se ahogaron dos patos, las culebras se enrollaron impotentes y más de un colibrí sufrió un infarto en pleno vuelo.

Tenía Joyyo Mayu la certeza que la defenderían, que vendrían familias humanas a restituirle su nombre. Pero no fue así. Aquellos días flotaban aires de miedo, cobardía e indiferencia, lo mismo dentro de las casas, las plazas y las universidades.

Y sucedió que el parque se fue muriendo lentamente hasta convertirse en ruina, en basurero.

Otro dios, más blanco que el primero, y su verde séquito, pretendieron edificar en el ruinoso Joyyo Mayu un edificio gris. ¡Y saltó el Creador e hizo palpitar el Tzocoy que dormía en el pecho de hombres y mujeres, de los viejos y de los niños! Lo que sigue de esta historia, de su valentía e indignación para frenar esa obra, de su terco trabajo recolector de basura, de su alegría al sembrar arbolitos, regarlos… y otras obras en favor del parque, todo eso ha sido ya muchas veces relatado.

LA TAREA
Pero queda una tarea pendiente, tal vez el brochecito que hace falta: Devolver a Joyyo Mayu el nombre que le fue arrancado.

¡Haz que despierte tu Tzocoy, tu corazón de flor, tu alma de mayo, y devolvamos la dignidad a nuestro parque! Quitaremos las 21 letras (son de unicel pintado) y pondremos 9, más grandes y más bonitas, ese nombre que hará florecer de nuevo la risa de las abejas y los colibríes.

Escribiremos todos juntos: Joyyo Mayu.

La cita es este domingo en nuestro Parque, a las diez de la mañana junto al Reloj Floral. Que lleguen las familias con su lonchecito para celebrar una vez terminada nuestro acto de restitución. Inviten a los abuelitos, que vayan los bebés, lleven marimba, guitarra, lleven su voz para cantar. Lleven su Tzocoy, su corazón alegre.

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