Reforma sindical pendiente

Reforma sindical pendiente

José Ramón Guillén

Reformas políticas van y vienen en el país con éxito o sin tal, pero parece imposible observar una fundamental para un vivir democrático, aunque esa democracia sea muy cuestionable en un Estado como el mexicano actual. Me refiero a la reforma sindical.

La sociedad mexicana contemporánea, construida políticamente en buena medida tras la Revolución mexicana a través de un corporativismo en boga en muchos países del mundo occidental, ha prolongado tal organización política en los órganos que dan sentido a los llamados sectores del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

La llegada al poder del Partido Acción Nacional (PAN), cuando fue electo el Presidente Vicente Fox, abría un halo de esperanza para pensar en reformas políticas de fondo, entre ellas la sindical, sin embargo el Presidente no se atrevió en su sexenio a abordarla, más bien ratificó el modelo establecido asistiendo a un acto de la Confederación de Trabajadores de México (CTM). Se dejaba pasar, así, un momento histórico para efectuar transformaciones que desmontaran el corporativismo que reina a sus anchas en el país y que, por desgracia, hipoteca cualquier vivir democrático.

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¿En qué consiste o consistiría tal reforma? Es sencillo, simplemente se debe tender a eliminar el sindicalismo vertical imperante hoy en día. Vertical porque en el mismo sindicato están representados todas las posiciones de los trabajadores porque es imposible que existan otros sindicatos. Es decir, cada sector productivo o empresa sólo cuenta con un sindicato, impidiendo la existencia de otros. Es, como se sabe, el modelo autoritario de la representación sindical.

Frente al anterior aparece el sindicalismo horizontal, el cual estaría organizado por profesión u oficio, pero que tiene como característica principal la posibilidad de decidir libremente qué sindicato representa al trabajador. Esta modalidad, que es la que prevalece en los países democráticos, se posiciona frente al modelo actual porque significa la apertura a la existencia de varios sindicatos donde en la actualidad sólo existe uno. La representación de los trabajadores crecería y la pluralidad social también se vería reflejada en divergencias ideológicas.

Este último modelo es el que permite que los trabajadores decidan, según sus intereses, quién y cómo los representa, así como que les otorga la libre elección de su militancia sindical, modificable siempre que se desee. Ello aleja, por lo tanto, las obligaciones corporativas o las sanciones que hoy en día los sindicatos imponen a sus afiliados. Locura antidemocrática permitida y vivida cotidianamente en México.

Políticos y algunos intelectuales pueden llenarse la boca sobre la transición democrática del país, pero hablar de democracia cuando existe un sindicalismo como el que se vive en México es un despropósito y, no cabe duda, una más de las contradicciones del país.

 

 

 

 

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