¿Candidatos independientes o Candidatos ciudadanos?

Independientes

El 2016 será un año clave para la inacabada democracia mexicana. El domingo 5 de julio habrá elecciones en trece estados de la república. Ese día se elegirán 12 nuevos gobernadores, casi cuatrocientos diputados locales y casi 600 nuevos alcaldes.

De los doce estados en donde habrá nuevo gobernador; el PRI es el partido en el gobierno en nueve. Por eso el reto de la dirigencia del partido político del Presidente Peña Nieto es retener el poder en esos estados que son Aguascalientes, Chihuahua, Durango, Hidalgo, Quintana Roo, Tamaulipas, Tlaxcala, Veracruz y Zacatecas.

Claro está que para las demás instituciones políticas, el reto es arrebatarle al PRI las gubernaturas que se pueda. También retener los estados en los que gobiernan. En Puebla y Sinaloa es el PAN el que gobierna en coalición con el PRD. En Oaxaca es el PRD el que gobierna y lo hace también en coalición.

En Durango, Hidalgo, Quintana Roo, Tamaulipas y Veracruz gobierna el PRI y además son estados donde nunca ha existido la alternancia política.

De estos hechos se desprenden por lo menos tres escenarios que será vital entenderlos con miras al proceso electoral general del 2018.

a. Los partidos políticos mexicanos por lo menos desde el año 2000 no se presentan solos a las elecciones. Siempre han realizado alianzas y coaliciones electorales. Incluso el PRI que durante mucho tiempo fue el enemigo a vencer de las alianzas electorales; ahora mismo tiene un acuerdo político con el Verde Ecologista.

b. El voto mexicano está fragmentado. Los grandes partidos (PRI, PAN y PRD) ya no concentran ese voto masivo que les permitió ganar elecciones estatales y la presidencia de la república en el caso de los dos primeros y la izquierda agrupada en el PRD se dividió en otra ala que ahora es MORENA.

c. Los mexicanos le estamos dando la espalda a los partidos tradicionales y cada vez nos refugiamos más -y los seguiremos haciendo- en figuras emergentes, en aquellas que abandonan un partido político y llegan a otro y en aquellos empresarios y activistas que se presentarán de ahora en adelante a las elecciones como candidatos independientes.

 

Bajo estos tres escenarios; hay tres estados en donde de acuerdo a los resultados de las elecciones del 2015 el partido con más votos no fue ninguno de los partidos grandes.

De esta manera en nuestro estado Chiapas la primera fuerza electoral es el Verde Ecologista, -que durante el proceso 2018 buscará retener la gubernatura- en la Ciudad de México la primera fuerza política son las huestes de Andrés Manuel López Obrador MORENA y en Jalisco muy dados a las modas electorales, el partido más exitoso es Movimiento Ciudadano.

Es evidente así que en México el voto se atomiza. También que la hegemonía partidaria en México está experimentando grandes transformaciones y por ello los partidos políticos mexicanos tendrán que adaptarse a las nuevas circunstancias.

De manera tal que de ahora en adelante, cualquier elección en México será muy competida o el hartazgo permitirá la victoria holgada de candidatos emergentes.

En el fondo lo que posibilita el escenario de candidatos emergentes y la debilidad de los partidos políticos es precisamente el hartazgo ciudadano, pero este hartazgo es provocado por la corrupción gubernamental.

En ese sentido ya hay candidaturas independientes para las gubernaturas de Aguascalientes, Hidalgo y Veracruz y seguramente en los próximos días veremos aparecer a candidatos de este perfil para las demás gubernaturas e incluso para los ayuntamientos y las legislaturas locales.

 

Ahora bien: ¿Qué condiciones se formaron para el ascenso de las candidaturas ciudadanas y la posibilidad real de victoria electoral?

El candidato independiente seguro lo es, pero solo de las instituciones políticas. Porque si tomamos en cuenta dos armas fundamentales para el oficio político y electoral, su independencia puede ser cuestionada. Estas son los recursos materiales y financieros que lo respaldan y en segundo lugar, la base electoral.

En ese escenario, el peligro de que la delincuencia organizada financié campañas es latente, también de que los poderes fácticos lancen candidatos a modo para salvaguardar sus intereses.

Y es que a diferencia de los partidos políticos que tienen asignados recursos que este caso se llaman prerrogativas, los independientes al inicio de todo proceso electoral dependen de sus propios recursos ya que el financiamiento les llega cuando el registro como candidato es aprobado. ¿Mientras tanto de donde salen los recursos para su pre campaña por ejemplo? Desde ese momento está en desventaja con los candidatos tradicionales.

En materia de base electoral, el candidato independiente necesita juntar en sólo 30 días el dos por ciento de la lista nominal de su distrito para poder pensar siquiera en competir

Con esos dos elementos en juego -los recursos materiales y financieros; y la base electoral- el riesgo es que las candidaturas independientes sean el disfraz perfecto para los partidos políticos tradicionales.

Si bien el hartazgo ciudadano no es exclusivo de México, hay en nuestro país ciertas particularidades que hacen que su sistema político y electoral sea diferente al resto de América Latina por ejemplo.

 

Ese comparativo con Latinoamérica nos hace ver también que el camino no son las candidaturas independientes. Porque el problema es que ser candidato independiente no significa ser candidato ciudadano.

Venezuela, Colombia, Argentina por mencionar solo algunos países latinoamericanos, dividieron largo tiempo su espectro político en un bipartidismo que salvo los periodos de dictadura militar, se mantuvieron incólumes mucho tiempo.

En Colombia las rivalidades entre Conservadores y Liberales han provocado que ahora el voto esté atomizado y que existan como lo llaman los analistas políticos locales, las “micro empresas electorales”, fenómeno al que los grandes partidos políticos se han acomodado bien.

En Venezuela la población tradicionalmente excluida de las decisiones políticas, también tradicionalmente reclamaba su lugar con asonadas. El bipartidismo hizo agua con la figura emergente de Hugo Chávez y hoy una enorme coalición de grupos afines a su pensamiento político intentan retener el poder para un Nicolás Maduro que es cualquier cosa, menos un personaje carismático como sí lo era Hugo Chávez.

Los extremos más dramáticos de la atomización del voto y de la aparición de candidatos independientes se han dado en Brasil. En el país de los cariocas, los amazónicos, los fluminenses y los paulistanos; el congreso es una auténtica torre de babel con representantes de varios mini partidos que no permitieron que el legendario Partido de los Trabajadores generara la gobernabilidad que Dilma Rousseff requiere.

¿Cómo dicen los brasileños que Rousseff se mantiene en el poder a pesar de que tiene encima un juicio político? Sencillamente dándole contratos de Petrobras a los diputados, senadores y representantes de los mini partidos.

Hoy el bipartidismo en los países latinoamericanos –incluso en España- está roto y también en esos países han aparecido candidatos que no responden al perfil del político tradicional.

Pero ha dejado -igual que en México- una gran estela de corrupción y de decepción ciudadana.

En México en cambio sufríamos la era del partido único y del presidencialismo sin contrapesos. Se decía que el mismo presidente mexicano era el fiel de la balanza.

Pero el resultado fue el mismo que en Latinoamérica, corrupción y desconfianza ciudadana.

Si el voto se sigue atomizando, el riesgo es que los partidos políticos tradicionales disfracen a sus candidatos de independientes.

El riesgo es que la lucha por lograr candidaturas independientes se contamine de políticos que antes renunciaban a un partido político para sumarse a otro y presentarse a elecciones y ahora renuncien a su partido y se vuelvan independientes.

El blindaje contra ello son las candidaturas ciudadanas.

Candidaturas de personajes que sean verdaderos ciudadanos; es decir que estén lejos de ataduras partidistas, de compromisos con la militancia y con los poderes fácticos ya sean nacionales, regionales o locales.

En pocas palabras, candidatos que estén fuera del sistema político y que en contraparte conozcan las necesidades sociales.

Si la premisa fundamental de la democracia es otorgar más poder a sus ciudadanos. Nunca se deben limitar sus derechos y estos también pasan por participar en la política como candidatos a puestos populares.

Solo así se producirán nuevas alternativas de gobierno que tomen en cuenta los problemas sociales emergentes como por ejemplo la protección de las minorías y los grupos vulnerables, el impulso al transporte urbano y no a la adoración del automóvil particular como se hace ahora, el respeto a la diversidad sexual y otros temas que nos hacen más tolerantes y solidarios.

Falta ese pasito de candidaturas independientes a ciudadanas. Así seremos un mejor país y se consolidará el paso de una democracia representativa e inacabada a una más directa y necesaria.

Twitter: @GerardoCoutino

Correo: geracouti@hotmail.com

 

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