El “Moreirazo” o como volverse virrey y ser intocable

Dino (1)

¿En qué momento se jodió el Perú?

Es la pregunta con la que Mario Vargas Llosa inicia la única de sus novelas que “salvaría del fuego”, en caso que tuviera que tomar esa decisión sobre el destino de todas sus novelas.

Escrita en 1969 en plena época de represiones y dictaduras latinoamericanas; Vargas Llosa sacude años después el escenario

político -en este caso mexicano- cuando en 1990 en un encuentro internacional de escritores se refirió a nuestro sistema político como la dictadura perfecta:

Por la claridad de como Vargas Llosa definió al sistema político mexicano bien pudiera decirse también:

¿En qué momento se jodió México?

«México es la dictadura perfecta. La dictadura perfecta no es el comunismo. No es la Unión Soviética. No es Fidel Castro. La dictadura perfecta es México. Es la dictadura camuflada. No es la dictadura de un hombre, pero si de un partido”.

Vargas Llosa remataba: “Y de un partido que es inamovible».

Y también dijo que la dictadura mexicana fue incapaz de traer la justicia social.

En México según la definición de Vargas Llosa hemos padecido una dictadura perfecta, camuflada, no circunscrita plenamente a un hombre, pero si a lo que este hombre -el presidente- representa: la continuidad de un sistema político que cada vez es más desnudado en escándalos de corrupción e impunidad; pero que se resiste a morir.

Se resiste a ser historia porque precisamente la corrupción y la impunidad a pesar de que lo han desnudado, es el binomio perverso que lo sostiene.

Ahora bien, ¿Quiénes son los corruptos mexicanos?, ¿Dónde están?, ¿Cuál es el mecanismo que sostiene la impunidad que gozan?

Es indudable que el sistema político mexicano se ha adaptado a los nuevos tiempos.

Durante 71 años (de 1929 al 2000) en México hubo un partido hegemónico; el Partido Revolucionario Institucional o PRI y también hubo un líder, denominado el “primer priista de la nación”; quien era el presidente de la república.

El ejercicio del poder en México durante ese tiempo era directo, duro cuando tenía que serlo y blando cuando consideraba que el sistema estaba en peligro.

Con todo ello el régimen durante esos años vio pasar la lucha de los médicos mexicanos, de los ferrocarrileros, de los estudiantes del 68, del magisterio, entre otros movimientos sociales y también resintió una insurrección indígena en Chiapas y dos magnicidios; el de Luis Donaldo Colosio Murrieta y el de José Francisco Ruiz Massieu.

Esos dos fueron prácticamente “crímenes perfectos” porque no llevaron a ningún autor intelectual a la cárcel. Pero si tuvieron su costo político; el régimen y el sistema político mexicano se derrumbaban.

Pero la llegada a los pinos de Vicente Fox y el PAN -con otros partidos políticos dentro de la denominada Alianza para el Cambio-, el todavía partido mayoritario en México perdió a su guía, sin embargo conservó muchos gobernadores.

Estos a su vez tuvieron que -como dicen el argot popular- tragar sapos y aceptar que tenían nuevo líder.

Por alguna razón, Vicente Fox y el panismo no se le fueron a la yugular al sistema mexicano ni a su máquina formadora de cuadros, de prácticas electorales inconfesables; es decir al PRI.

Prefirió la “sana convivencia” con sus representantes de factos; o sea los gobernadores. Promovió incluso la transparencia y la rendición de cuentas; pero cedió poder real a los gobernadores; estos crearon sus propios organismos electorales, sus propias fiscalías electorales y de procuración de justicia.

Vicente Fox olvidó la regla de oro; “quien tienen el oro, pone las reglas”.

Los virreyes consolidaron su poder y la transparencia y la rendición de cuentas en México fluye a cuentagotas.

Vinieron entonces las deudas financieras estatales y los excesos de los gobernadores, puesto que ya no había “línea desde los Pinos”.

Ahí están en Oaxaca los Murat, los Ulises Ruiz, el paradigmático caso de Arturo Montiel en el Estado de México, el de Rodrigo Medina en Nuevo León, el de Fidel Herrera en Veracruz, el de Granier en Tabasco entre otros.

El último escándalo es el de Humberto Moreira y los saldos negativos de su gestión al frente del gobierno de Coahuila, en donde para protegerse, hereda la gubernatura a su hermano.

Si uno piensa en ellos, probablemente lo primero que venga a la memoria son dos cosas: corrupción e impunidad.

A ello habría que añadirle la etiqueta de “intocables”, porque prácticamente todos están impunes.

¿Cómo se logra esa impunidad?. Prácticamente embarrando a los demás políticos con sus prácticas corruptas para que todos se protejan entre todos.

Precisamente el caso de Moreira es un referente porque se trata de que por primera vez en la historia del país que un ex presidente del PRI pisa la cárcel -aun siendo esta extranjera- y que tiene todavía un expediente abierto.

Precisamente el PRI era la histórica agencia de colocaciones del presidente en turno y volvió a serlo con Moreira al frente y el actual presidente Enrique Peña Nieto buscando la presidencia de la república.

Es decir, el PRI volvió a ocupar con Peña Nieto y Moreira el histórico lugar y la función para la cual fue creado y ahora impulsado por los virreyes locales, es decir por los gobernadores priistas y uno que otro de otro partido político.

Concretamente, esa detención en un país que se precie de ser auténticamente democrático, mucho nos tendría que decir a los ciudadanos de a pie del modo de hacer política en México; pero el

sistema político sigue siendo cerrado, precisamente porque ahora descansa como era antes en el presidente -priista de nuevo- pero ahora es apuntalado por los gobernadores.

Ahora mismo la clase política corrupta e impune reedita una suerte de “dictadura perfecta” -dijera Vargas Llosa- a través de tres mecanismos:

1.- La reelección

2.- Los puestos populares a “juanitos y juanitas”.

3.- Heredando los cargos a hermanos, hijos, esposas.

El problema es que la crisis institucional mexicana no cesa. Los padres de los desaparecidos de Ayotzinapa insisten -y con mucha razón- en que se esclarezcan los hechos trágicos de Iguala. Por lo pronto han derribado lo que las autoridades mexicanas llamaron “la verdad histórica” al convertirla en la “verdad histriónica”.

Hoy hay más deuda, el peso está en caída libre frente al dólar, los precios internacionales del petróleo están deprimidos y todo ello hace que la economía mexicana esté paralizada y su mercado interno tenga dificultades para crecer.

Mienten aquellos que digan que vamos bien. Son ilusos los que quieran creer que así es.

¿En qué momento se jodió México?

¿Quiénes son los culpables?

¿Cuándo nos rebasó el narco? ¿Por qué Felipe Calderón se embarcó en una guerra que ha dejado miles de desaparecidos?

¿En qué momento en Chiapas llegó al poder alguien como Juan Sabines?

¿Quién lo propuso, impulsó e impuso en el cargo?

¿Quién nos debe una explicación sobre su llegada al poder y todavía no la ha dado?

¿Quién le garantiza la impunidad que lo convirtió en Cónsul?

Como decía Monterroso: “Cuando se despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí”.

Si, todavía está aquí y sigue mutando de piel para garantizar que el sistema político mexicano sobreviva a todos los vaivenes.

Twitter: @GerardoCoutino

Correo: geracouti@hotmail.com

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