Definición de barro

Tristán e Isolda' se unen en una pasión de barro. Foto: www.informador.com.mx

Tristán e Isolda’ se unen en una pasión de barro. Foto:
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Mucha gente lo evita. A muchas personas, el barro les causa repulsión, procuran caminar por la senda pavimentada a fin de no “embarrarse”. Pobres, porque no se reconocen como hijos de esa sustancia primigenia. Los chicos “nice” no creen que el primer hombre y la primera mujer fueron hechos con barro. Por esta negativa, los chicos suaves creen que son hijos del vuelo y presumen andar por las nubes.

Si buscamos la palabra barro en un diccionario hallaremos una definición polvosa: “masa que resulta de unir el agua con la tierra”. Por eso se comprende la confusión. La gente cree que el lodo es barro. No, los artesanos saben que se necesita un barro de canteras especiales para lograr hacer una olla exquisita.

El barro, perdón, en su origen, ¡no necesitó del agua! Ahora es que los artesanos van a las cuevas para sacar el barro y para modelarlo necesitan el auxilio del agua, para lograr la mezcla de la que habla el diccionario, pero al principio, los dioses no necesitaron más que sus manos y su aliento divino. Mariana dice que el barro, por su naturaleza, es húmedo, tiene una consistencia que no posee la tierra común y corriente.

¿Qué sucede cuando digo barroco? Aludo a ese desborde de palabras o de imágenes con las que, por ejemplo, se cubren los altares en los templos más sublimes. No es un exceso decir que el barro, por sus capacidades de creación, es barroco. Las volutas que se logran al moldear un trozo de barro recuerda el principio de la creación, porque, en el inicio de los tiempos, todo era un infinito vacío, pero, gracias al hálito divino, apareció una masa diminuta, una bolita de barro. ¿De qué otro material podría ser? Y de ese átomo barroco nació el universo que se expande, como una olla interminable.

Rodrigo dijo el otro día que el odia el barro y yo sólo creí comprobar que los jóvenes delicados no lo toleran, pero luego, como si yo fuese Lolita Ayala, me pidió que le diera un remedio contra los barros de la cara. Entendí la confusión y me maravillé ante las mascarillas de barro que, en paradoja brutal, provocan rostros con piel casi perfecta, sin barros.

Reconocerse en el barro es reconocer que es el hogar del hombre. ¿No acaso la vivienda más cercana es la construida con barro y paja? ¿No es el adobe el mejor corazón del hombre?

Los textos antiguos cuentan que Dios tomó un poco de barro e hizo al hombre, insufló sobre él y el hombre caminó como si desde siempre lo hubiese hecho, porque este hombre (de acuerdo con el mito) no evolucionó, no fue un animal que, de pronto, sólo porque sí, hubiese pasado de una posición de cuatro patas a una erecta. No, el primer hombre ya caminó sobre dos patas, porque los dioses determinaron que fuese a imagen y semejanza de ellos y, se sabe, los dioses, desde antes del origen, han volado con dos alas, ni una más ni una menos.

La canción dice: “De piedra ha de ser la cama, de piedra la cabecera”. Falso. Todo aquel que no es snob sabe que la cama y la mesa y el corazón del hombre son de barro, por eso, a la hora de hacer el amor es preciso dominar el arte en el que el sudor amolda la piel del hombre y de la mujer.

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