Donald Trump: el discurso deseado

 

Odio, xenofobia o nacionalismo son algunos de los sustantivos usados para explicar el discurso que emana del candidato a Presidente con más apoyo popular en las filas del partido Republicano estadounidense. Afirmación fundamentada en las elecciones de delegados que nombran la persona que se enfrentará a la casi segura aspirante demócrata, Hillary Clinton.

Muro en la frontera mexicana, expulsión de inmigrantes, crítica a la presencia de refugiados sirios en suelo americano, defensa de elementos fundamentales de la primera constitución, como la segunda enmienda que da derecho a la portación de armas desde 1791, continúan siendo las ideas señeras expresadas por este excéntrico y millonario personaje que volvió a causar polémica tras los atentados de Bruselas del pasado martes, cuando escribió el siguiente tweet: “Todo el mundo recuerda ahora qué bonito y seguro es un lugar como Bruselas. Ya no es así, estamos en un mundo diferente. Estados Unidos debe ser vigilante e inteligente». Advertencia que, sin ser directa, resume el ideario de un conservador que difícilmente logra efectuar un análisis de largo alcance de todo aquello que rodea al terrorismo contemporáneo surgido por la lectura sesgada del Islam.

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No hace falta ser muy audaz para criticar sus propuestas, pero es un error fijarse únicamente en el personaje del que surgen, aunque parece ser lo más frecuente. Existe la tentación de otorgar a cabecillas carismáticos, a pesar de sus carencias de conocimientos generales o de otros fundamentales para conducir las riendas del país más poderoso del mundo, más liderazgo del que poseen. Eso sí, tienen una elocuencia coincidente con un tipo de imagen peculiar, en este caso concentrada para sus críticos en el tupé dorado de este descendiente de emigrantes europeos a los Estados Unidos.

Los científicos sociales tienen la obligación de pensar la realidad más allá de ciertos análisis lanzados de manera coyuntural, mismos que deben tomarse con la precaución de la celeridad con que se realizan. Este, como otros personajes de la historia, no es por él mismo una figura política sino que lo es gracias a quienes reciben su discurso, lo vitorean y apoyan. Así que los receptores de su mensaje son los que tienen interiorizado y, por lo tanto, desean ese discurso. Donald Trump concentra los alegatos que de manera dispersa, y sin estructurar, piensan muchos electores participantes o en potencia. Por tanto, el peligro no es Trump, sino la conexión con amplios sectores de la sociedad estadounidense.

La historia está llena de sujetos como este magnate de la hotelería, pero concentrar todas las críticas en él no ocultará lo que está detrás de su discurso. Ese es el peligro y lo ha sido en muchos momentos de la historia. Ignorante, demente, o cualquier calificativo que se le aplique no afectan la penetración de sus propuestas entre amplios sectores de la población estadounidense, por ello habrá que ver de otra forma a este personaje si se pretende entender lo que representa.

 

 

 

 

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