Justicia en vida o karma futuro

 

Muchas situaciones de nuestra sociedad producen, o al menos a mí me ocasionan, indignación, sin embargo una de las más bochornosas es la desigualdad en la impartición de justicia que existe en este país, aunque tal circunstancia no es privilegio negativo de México: “mal de muchos consuelo de tontos” dice la sabiduría popular.

El vivir cotidiano muestra demasiados ejemplos de inequidades emanadas por el sistema judicial, y es ahí donde no hace falta ser muy perspicaz al observar que quienes disponen de poder económico o relaciones políticas tienen muchos números de la rifa judicial para salir indemnes de acusaciones, o si no es así logran librar las penas de prisión. Por el contrario, las personas de escasos recursos tienen los inconvenientes de no contar con defensas confiables puesto que la justicia cuesta dinero, y mucho, como se demuestra al conocer los emolumentos percibidos por los abogados.

Precariedad del sistema judicial para no hablar de la incumplida separación de poderes, uno de los pilares del Estado moderno y que Montesquieu definió, eso sí con los antecedentes fácticos de la Revolución inglesa del siglo XVII. Nuestra versión de la separación de poderes es ridícula, y más aún cuando va de la mano de la inequidad sustentada en el poder económico o en el color de la piel, por poner los ejemplos más nítidos.

La solución a estas carencias de justicia en el marco institucional tiene como contraparte una visión pseudoreligiosa, procedente de la raíz cristiana o con nuevas incorporaciones más contemporáneas en el continente americano. Situaciones que se trasladan a refranes y sentencias populares que todos conocemos o decimos: Lo que aquí se hace aquí se paga; el que la hace la paga.

Recibir justicia en el cristianismo suele ser una recompensa diferida tras un buen comportamiento en la tierra, aunque «el que a hierro mata a hierro muere» bíblico enlaza, con sus diferencias por supuesto, con otras propuestas de diferente procedencia geográfica –budismo, hinduismo…–  que han popularizado el karma o la ley del karma; especie de energía que se configura a partir de los actos de las personas, actos que producen efectos retributivos en algún momento, incluso en las siguientes reencarnaciones si se sigue lo expuesto por las denominaciones religiosas o filosóficas que creen en ello. Así, lo malo o bueno, en este maniqueo decir del accionar de los seres humanos en la tierra producirá también malos y buenos resultados en nuestro vivir próximo o diferido a futuras vidas.

Se agradece pensar la existencia del karma, en especial cuando se considera uno mismo maltratado por situaciones de la vida, pero el consuelo es insípido, según Platón, si no se acompaña de un remedio cierto. La justicia en vida es preferible que sea tangible, y empezar por nuestras instituciones dedicadas a su impartición no sólo es deseable sino que es imprescindible.

 

 

 

 

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