Huelgas, reformas estructurales y el consenso de Washington; una aproximación comparativa Gran Bretaña-México

 

garrote

Cualquiera que haya visto la película de Billy Elliot sabría que el entorno económico y social del protagonista era de una vida obrera y que también si no hubiera sido por el ballet; la vida obrera hubiera sido su destino laboral.

La película, realizada en el año 2000, tiene el entorno de la huelga minera inglesa de 1984-1985; “el conflicto laboral más amargo de la historia británica” según las crónicas de ese tiempo de la BBC.

No era para menos; en el conflicto participaron activamente a pesar de que las autoridades la declararon ilegal, más de 140 mil obreros del carbón. Una industria que había sido nacionalizada en 1947, pero que en la década de los años 80s, el gobierno de Margaret Thatcher le escatimaba poco a poco los incrementos salariales y otras prestaciones históricas.

A principios de marzo de 1985, los mineros volvieron a las minas y nada fue igual desde entonces. Ese regreso al trabajo significó la derrota sindical que arrastró a los demás movimiento sindicales, una gran victoria política de Thatcher y la consolidación de sus propuestas económicas neoliberales.

En ese entonces también la tragedia ensombreció la huelga, dos huelguistas y un taxista muerto.

Además de la victoria política thatcheriana, el debilitamiento de las demás organizaciones sindicales y la implementación del modelo neoliberal; la emblemática industria británica del carbón nunca más fue la misma; diez años más tarde fue privatizada, se abrieron las importaciones y la pobreza aumentó en las zonas mineras.

Si no hubiera sido por el Ballet, más pobre que el de sus padres, hubiera sido el destino de Billy Elliot.

 

En el fondo, el poder político británico aseguraba que el poder fáctico de los sindicatos interfería con las fuerzas del mercado, que los subsidios aumentaban los niveles de inflación y desafiaban al poder político legalmente establecido. Por ello habría que ser evaluados para restaurar la competitividad económica del país.

¿A que le recuerda esa posición de las autoridades británicas?

Como en todos lados en donde la economía depende casi de una sola actividad; los mineros ingleses tenían un fuerte arraigo social y aquellos obreros que se oponían a la huelga -porque no todos los mineros ni en todas las regiones le entraron a la huelga-; eran exhibidos como traidores por las comunidades. La solidaridad con los huelguistas era evidente y los choques con la policía estaban a la orden del día.

¿Qué nos recuerda esto también?

Los pogramos del choque entre el gobierno conservador de Thatcher y el poderoso sindicato del carbón, se dieron en 1981. En ese primer choque, el gobierno dio marcha atrás ante la amenaza de huelga y a cambio ofreció al sindicato y le fue aceptado un aumento de sueldo.

¿En México no desde el 2013 el magisterio protesta contra la reforma?, en ese entonces en Chiapas vimos 60 días de plantón en la plaza central.

Finalmente el desgaste, la escasez de recursos económicos y la falta de acuerdos entre todas las secciones de los mineros británicos; fueron socavando la capacidad de maniobra del sindicato, casi un año después del inicio de la huelga. Esta concluyó con un acuerdo casi único: la reinstalación de los despedidos por su participación en la huelga.

En términos económicos, la huelga minera británica fue la respuesta social a las reformas estructurales impulsadas por Margaret Thatcher.

En ese entonces el mundo sufría una recesión económica. La carga burocrática de la producción con economías cerradas es alta. Pago de servicios, burocracia y comercialización; además de que vía subsidios los gobiernos tienen que ofrecer un producto barato.

En ese sentido; ¿Por qué cambian los paradigmas; y porqué se responden a estos con reformas estructurales?

En época de crisis era y es mucho más barato importar productos que generarlos y producirlos, porque los gobiernos no pagan salarios ni subsidian nada.

 

¿De dónde vienen las crisis?

Vienen de los cambios de paradigmas de la demanda global. La demanda global es la suma de todas las actividades económicas; bienes de consumo de las familias, bienes de las empresas y las exportaciones.

A esos componentes en el “modelo keynesiano” se les agrega el análisis del desempleo y la inflación. Para combatir el desempleo hay que elevar los niveles de consumo de la demanda global. Más consumo de las familias, más bienes de las empresas y más exportaciones elevan los niveles de empleo. Para ello se tienen que bajar los impuestos, bajar los tipos de intereses para que las empresas puedan invertir, aumentar el gasto público para que el gobierno sea el dinamizador de la economía y todo ello haga aumentar las exportaciones.

Para combatir la inflación, se requiere hacer lo mismo, pero al revés. Es decir subir los impuestos, subir los tipos de intereses y reducir el gasto público. En ese sentido, de acuerdo al modelo Keynesiano, el desempleo y la inflación no pueden coexistir.

¿Dónde se rompe el modelo keynesiano?

Todo cambia con la crisis del petróleo de los años 70. Cuando aparece la inflación y el desempleo al mismo tiempo. Y aparecieron juntas porque no era un problema de demanda global. Era un problema de costo de producción, es decir desde la misma estructura productiva, no de conducción económica.

Llegan en ese momento las políticas neoliberales. Y entonces el cambio es estructural.

 

Ya para 1986 el cambio estructural en el mundo era evidente; para Peter Drucker por ejemplo; la economía de los productos primarios se desvinculó de la economía industrial y en la economía industrial, la producción se desvinculó del empleo.

Es aquí donde empieza la confusión entre neoliberalismo y globalización.

La globalización no es un fenómeno nuevo y tampoco es homogéneo. Es necesario entenderla como un proceso y no como una ideología.

En cambio el neoliberalismo si es una ideología. Promueve políticas económicas tales como la privatización, la austeridad fiscal, la desregulación, el libre comercio, y las reducciones en el gasto público con el fin de reforzar el papel del sector privado en la economía.

Sin embargo, también tiene limitaciones o contradicción fundamentales que al igual que el keynesianismo. Por ejemplo, promueve el crecimiento económico, ¿pero que pasa con el bienestar social?. Promueve el bienestar individual por sobre el colectivo y hay un aumento exponencial del capital especulativo, que a veces es mayor que el capital productivo.

En pocas palabras, es una ideología económica excluyente.

 

Por eso la población se opone a las reformas estructurales neoliberales. Y esa oposición tensa a los sectores sociales, sobre todo los más desprotegidos, porque viven en una democracia -aunque sea imperfecta, inacabada o solo representativa- pero con un modelo económico que aunque le dicen “moderno”, no puede quitarse la etiqueta de excluyente. Esa es la realidad.

Sí, es cierto; hay un cambio en el paradigma productivo del mundo y probablemente en estos momentos no hay respuesta global al neoliberalismo o ¿Dónde está Cuba, que está haciendo en estos momentos?, Corea del Norte está aislada, China tiene un modelo político centralizado, pero económico capitalista.

Pero ese cambio de paradigma cambió un modelo económico por otro excluyente. Esa es nuestra tragedia. El temor de ser excluidos.

 

En Latinoamérica, el neoliberalismo llegó a finales de los años 80 del siglo pasado en forma de una receta de política económica conocida como el “Consenso de Washington”. Recibe ese nombre porque los organismos financieros internacionales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Departamento del Tesoro del gobierno americano, tienen su sede en la capital americana.

En 1989, el economista inglés John Williamson lo acuña cuando trabajaba para un “think tank” o tanque de pensamiento o grupo de reflexión con sede en Washington que intercambiaba información con los organismos financieros internacionales. Los diez puntos de esa receta económica, pensada para la situación de los países latinoamericanos eran:

1.- Disciplina fiscal para evitar un déficit elevado

2.- Reorientación del gasto público vía subsidios solo a la educación, la atención de la salud y la inversión pública.

3.- Reforma fiscal ampliando la base tributaria

4.- Tasas de intereses determinadas por el mercado y no por asuntos políticos

5.- Tipo de cambio competitivo

6.- Liberación del comercio.

7.- Facilidades a la inversión extranjera directa

8.- Privatización de empresas paraestatales

9.- Desregulación para permitir la competencia

10.- Seguridad jurídica.

Semejante sacudida, fue obviamente un shock para América Latina y para México.

 

El problema es que para implementar el proyecto neoliberal en México, habría que iniciar desde la raíz que le da sustento al neoliberalismo: la productividad. Y eso sustento viene de la educación misma.

El otro problema es que a diferencia de Gran Bretaña, el sindicato más poderoso del país no es el de los mineros, es el del magisterio.

Por ello, el choque para imponer el paradigma, al igual que en Gran Bretaña; en México fue inevitable.

Muchos están desencantados de la globalización; pero en realidad el proceso verdaderamente excluyente es el neoliberalismo y tanta resistencia, hace que sea necesario que aparezca ya un por decirlo así; “Consenso Post Washington”.

Que promueva reformas que detengan la exclusión social. Promuevan el fortalecimiento de los derechos humanos y civiles.

 

¿Por qué?

Por varias razones que considero fundamentales.

Primero porque a menos que me falle la memoria, ningún país que ha hecho una reforma neoliberal se ha echado para atrás. Los gobiernos lo consideran un proceso irreversible, porque seguramente están en la mira de las instituciones financieras internacionales.

Es decir, con ello seguramente habrá productividad, mejor competitividad de México ante sus competidores internacionales. Pero eso no nos garantiza que se abata la exclusión social y por ende la desigualdad social.

¿Chile y las protestas estudiantiles? En realidad las reformas se hicieron con Pinochet. Las protestas estudiantiles con Bachelet fueron para detener sus efectos negativos, no para cancelarlas.

¿Islandia? En realidad ante los efectos de la crisis mundial, los islandeses solo querían que los culpables pagaran las culpas e impuso controles a los capitales golondrinos.

¿El Brexit británico?, háblele de comunismo a un xenófobo y hooligans inglés y ya verá lo que le dice. No quieren cambiar el neoliberalismo, lo que quieren -o suponen que pueden obtener- es mayor libertad económica, sin la carga burocrática de la Unión Europea.

En segundo lugar, porque el gobierno federal parece decidido a aniquilar a su contraparte, la CNTE. Si en Gran Bretaña el conflicto duró un año; 50 días y pico no son nada cuanto están a la vuelta de la esquina las vacaciones de verano.

También porque seguramente el ofrecimiento de la Secretaría de Gobernación de ayer a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación de “facilitar un proceso de negociación con la Secretaría

de Educación Pública en torno al modelo educativo” será solo eso; una facilitación.

Basta ver por ejemplo el noticiero de Joaquín López Dóriga y la percepción que tiene ¿O promueve? Su noticiero para darse cuenta que la maquinaria gubernamental está en lo suyo; negando la realidad sobre el conflicto magisterial y social que por ejemplo todos en Chiapas vemos.

 

¿Quiere el gobierno ganar tiempo?

Ni en México, ni en cualquier parte del mundo, una reforma estructural debe de tener una respuesta social como la que estamos viviendo en estos días. No puede en estos momentos ser de otra forma porque el neoliberalismo no ofrece alternativa a la exclusión, al contrario la agrava.

El lado humano, es lo que falta. Hoy los maestros de la CNTE son los que la intentan atajar, esperando ser un movimiento más allá de la coyuntura.

¿Podrán sobrevivir con toda y la historia de imposiciones neoliberales al costo de lo que sea?.

Twitter: @GerardoCoutino

Correo: geracouti@hotmail.com

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