Definición de Rosario

 

Rosario_Castellanos¿Qué dice un diccionario respecto a la palabra rosario? Sin duda hace referencia al objeto religioso que todo mundo conoce y, tal vez, diga que es nombre propio de personas.

Yo, de niño, conocí a un hombre que trabajaba en la casa que se llamaba Rosario y le decíamos Chayo. Él aceptaba su nombre sin ninguna resignación; al contrario, casi con gusto, contento de tener un nombre que no era común. Ahora muchos eligen nombres pomposos para sus hijos, extranjeros como el de Bryan, que, por la insistencia en su uso, se convierten en nombres comunes y corrientes.

Pero no sólo conocí a un Rosario hombre, sino también a la mascota de mi amigo Héctor, que se llamaba Rosario. Todo mundo creía que la perrita se llamaba Rosa, porque así le decía su amo, pero, éste me confesó que, en realidad, Rosa era apócope de Rosario. Su mamá (la de Héctor) la había bautizado así en memoria de una tía que quiso mucho. Yo siempre dudé de tal versión, porque la mamá de mi amigo maltrataba al animal. Más bien creía (sigo creyéndolo) que ella odiaba a la tía y para vengarse le había puesto tal nombre a la perrita. Nunca oí que ella llamara a la mascota, pero siempre la imaginé recargada sobre un pilar de madera tirando unas migajas de pan, diciendo: “Rosario, Rosario, ven a comer”, con la misma sonrisa de Caín a la hora que mató a Abel.

Digo pues que fui privilegiado, porque desde entonces no he vuelto a toparme con un hombre ni con una mascota con tal nombre. En Comitán, como en todos los pueblos latinoamericanos, el nombre de Rosario es común; pero en este pueblo, cuando decimos Rosario casi siempre pensamos en la escritora que nació en la hoy Ciudad de México, pero vivió su niñez y parte de su adolescencia en la antigua Balún-Canán.

¿Qué relación tiene el objeto religioso con el nombre propio? Cualquiera podrá pensar que no hay más puente que la coincidencia, pero, quienes ven un poco más allá, relacionan los elementos que, por una o por otra razón, tienen un puente que va más allá de una casualidad.

Mi tía Rosa (que ella sí se llamaba así) siempre tenía las mejillas color nalga de mandril; cuando alguien le preguntaba por ese chapeado decía: “¿Qué puedo hacer, soy pues rosa?”; es decir, ella pensaba que la flor había signado su destino: vestía siempre de color rosa y era devota de Santa Rosa de Lima.

No falta el estudioso de la vida de Rosario Castellanos que la relaciona con ese objeto que tiene cincuenta cuentas. Rodrigo Alfonzo hizo cuentas fatídicas; dijo que Rosario cumplió cuarenta y nueve años el 25 de mayo de 1974; es decir, sólo faltaba una cuenta del rosario católico para cumplir el rezo.

Cuando alguien cumple años, en Comitán decimos que ya “anda” en el próximo número; es decir, un día después del 25 de mayo de 1974, Rosario comenzó a “andar” en los cincuenta, el final del Rosario.

Es costumbre de la rezadora, una vez que ya cumplió con la cuenta cuarenta y nueve, tocar la última cuenta con los dedos pulgar e índice. Rosario, concluye Rodrigo, estaba señalada para cumplir con su destino: No pasaría de ahí. ¿Qué hacen los fieles cuando concluyen el rezo y dicen buenas noches? Apagan las velas. Bueno, insiste Alfonzo, eso fue lo que la mano divina hizo con la vida de Rosario.

Rodrigo Alfonzo dice que don César (papá de Rosario), al ver que su primogénito era primogénita, debió bautizarla con el nombre de Cesarina. Hubiese vivido más de noventa años.

Siempre que nace una niña que bautizan con el nombre de Rosario nace con el signo de los misterios, que pueden ser gozosos, luminosos, dolorosos o gloriosos. A la Castellanos le tocó los misterios dolorosos. ¡Ay, es el destino de quien queda en medio de los luminosos y gloriosos!

¡Gloria infinita a Rosario!

 

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