Fidel Castro: héroe y villano, estadista y caudillo, amado y odiado

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Hablar de Fidel Castro y por ende de Cuba es provocar polémica. Unos defienden a Cuba y su líder hoy desaparecido físicamente y otros sencillamente lo detestan.

Pero todos tenemos una opinión sobre la isla caribeña. Especialmente los mexicanos. Y que muchas cosas nos unen; el danzón por ejemplo;

Ninón Sevilla trajo a de Cuba a Pérez Prado cuya creación, el Mambo arrasó en México. Los viejos amantes del pugilismo recuerdan sobre todo a “Mantequilla” Nápoles y a Ultiminio Ramos.

Aquí en México, se conocieron Fidel Castro y el Che Guevara. De nuestro país zarpó el “Granma” para que los luego conocidos como los “barbudos” comandados por Fidel Castro, triunfaran en su lucha contra Fulgencio Batista.

En México inicia la epopeya de Fidel Castro. Sin México no hubiera sido posible su triunfo.

El líder de la revolución cubana, era polémico y llenó toda una época; no solo latinoamericana, sino también internacional.

Encantaba y convencía. Pero también polarizó y provocó odios. Unificó y también estimuló divisiones.

 

Estéril es ponerse de uno u otro lado. Fidel Castro Ruz fue al mismo tiempo héroe y villano y lo amabas o lo odiabas.

En lo único en que están todos de acuerdo es que fue un personaje del Siglo XX y que era tal vez el último representante de la etapa de la historia mundial que se conoció como la “Guerra Fría”; es decir la confrontación no directa entre el capitalismo y el socialismo.

Fidel fue héroe porque salvó la vida muchas veces, -incluso de manera fortuita- porque también con un puñado de hombres derrocó a una dictadura. Fue Amado porque alfabetizó su país, hizo también que el cubano no pasara hambre y estudiara una carrera universitaria sin pensar en el dinero.

Se enfrentó a la oligarquía cubana y la obligó a exiliarse, sobre todo en Miami; Florida. Se enfrentó también a la mafia americana -dueña de los casinos cubanos- y la obligó a retirarse de Cuba.

Fue héroe también porque su estatura política superó su fama nacional. Se enfrentó a un imperio, a once presidentes americanos consecutivos y sobrevivió a ellos. Salió ileso -según se cuenta- a más de 600 atentados.

Fue héroe porque ningún político latinoamericano hizo lo que el Comandante; exportar su pensamiento revolucionario; ilusionar junto con el misticismo del Che Guevara a millones de jóvenes latinoamericanos -algunos de ellos con las armas- con que la revolución era posible.

Su huella llegó incluso a África, donde no se puede entender el derrumbe del apartheid de Pretoria sin la sangre cubana derramada en la denominada “Operación Carlota”.

 

Fidel Castro buscó el poder vía la violencia revolucionaria. Salvador Allende; a pesar que demostró que la izquierda podía llegar al poder mediante la vía electoral; es decir, aun representando otra opción en este caso legal y pacífica; el legendario chileno no sobrevivió a la ira americana. Fidel si lo hizo. Ahí crece su figura internacional y la opción de las armas revolucionarias de millares de jóvenes latinoamericanos.

No todo fue culpa de Fidel. Es cierto que muchos movimientos armados latinoamericanos -por no decir todos- fracasaron. Pero al derrocar a Salvador Allende; Estados Unidos cancela la esperanza de la izquierda latinoamericana -en plena guerra fría- de alcanzar el poder por la vía legal.

Pero como Bolívar; también Castro ve su obra por lo pronto derrumbada. Latinoamérica no está unida. Todos los líderes de izquierda actuales han sucumbido ante la crisis internacional de las materias primas.

Socialista por sus intereses internacionales, martiano -Por José Martí- por convicción nacional; Fidel Castro también tuvo todas las características de un caudillo o dictador latinoamericano y de esa última característica viene su villanía política.

 

Fidel Castro fue héroe y al mismo tiempo villano porque canceló muchas de las libertades individuales del pueblo cubano. Persiguió a la disidencia, canceló las protestas, no le gustaba la diversidad sexual y también la libre expresión de las ideas.

Villano porque también nunca descentralizó las decisiones económicas que eran unipersonales.

Villano también porque le quitó a Cuba el yugo opresor americano, pero a cambio le ofreció la ruso-dependencia. Es decir cambió a un imperio por otro y por ello pagó las consecuencias. Las cuales se expresaron en el ya famoso “periodo especial”.

Villano, porque nunca entregó el poder a nadie y aún más; se lo heredó a su hermano Raúl.

En ese sentido, a mi entender; la lozanía, la modernidad y la visión de futuro de una nación se la ofrecen la vitalidad de las instituciones.

Estas tienen que ser protegidas y modernizadas por los mandatarios; una de las funciones principales de nuestros políticos es protegerlas y hacerlas funcionar a pruebas de locos delirantes y de los que buscan el poder por el poder; es decir de los caudillos.

 

Las instituciones de un país no deben descansar en los deseos y ocurrencias de nadie. Son para proteger a todos.

Fidel en Cuba era todo. Era el que “mandaba parar” para citar una canción clásica de Carlos Puebla. Así no existe el estado de derecho. Fidel era el estado de derecho cubano.

Polémico, pero Fidel fue un personaje que la historia latinoamericana necesitaba para un siglo XX caracterizado sobre todo en su segunda mitad por la guerra fría.

Fidel Castro no supo irse. No supo consolidar las instituciones cubanas. No le aprendió la grandeza de retirarse a tiempo a uno de los personajes por el que profesaba gran respeto: Lázaro Cárdenas.

 

Lleno de contradicciones, Fidel dio salud y educación a su país; pero le arrebató los derechos civiles. Carismático, pero también tirano; no parece que haya llegado a los extremos de miles de desapariciones como otros dictadores latinoamericanos o mundiales.

Convivió confrontándose con el país más poderoso del mundo, sobreviviendo a presidentes americanos, pero también porque su genio político le permitió aprovechar política y estratégicamente el absurdo bloqueo americano.

Luego de su muerte, más que pensar en su legado y en la viabilidad del modelo socialista en su isla; los cubanos deberían estar preocupados y ocupados en asegurar una transición ordenada a una vida sin Fidel Castro.

Queda todavía Raúl Castro y la posibilidad de que el Presidente electo de Estados Unidos Donald Trump cancele los acercamientos con Cuba que inició Barack Obama.

Si esto último sucede, seguramente habrá Cuba socialista para otro rato.

 

Pero Raúl Castro tiene fama de reformista. Tal vez el último obstáculo para que Cuba se vuelque a la democracia era Fidel. Y ya sin él, los cambios que muchos cubanos esperan, se aceleren.

Al fin y al cabo que Fidel puede -si la historia no lo absuelve- por lo menos decir “Aprés moi, le déluge” como Luis XV de Francia.

Lo que sí es seguro, es que Fidel Castro ya transcendió la historia cubana, la latinoamericana y ahora es parte de la historia universal.

Correo: geracouti@hotmail.com

Twitter: GerardoCoutiño

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