El régimen trump más allá de la circo-política

Por Enrique Vidal Olascoaga

Programa de Defensoría y Protección de Derechos de Migrantes

Voces Mesoamericanas, Acción con Pueblos Migrantes, A.C.

vidal@vocesmesoamericanas.org

 

“Me gusta provocar a mis adversarios para ver cómo reaccionan:

Si son débiles los aplasto y si son fuertes, negocio”

Libro: El Arte de Negociar (1987)

Donald Trump

 

I

En las últimas semanas ha estado en boca de todas las personas la palabra Tromp, o Trump, o Tramp, nos referimos familiar e irreverentemente ya a ese Donald, que no es el pato de las caricaturas (aunque en algo o mucho se parezcan ambos personajes); más aún, pareciera que actualmente poco importaran las palabras y la responsabilidad de asumirlas al decirlas. En sentido contrario, pareciera que las poblaciones migrantes ahora sí son importantes para nuestros políticos mexicanos después de años de olvido e ignominia.

Pero, ¿qué está sucediendo realmente en los últimos días con todo esto del nuevo presidente de Estados Unidos, cómo impacta a las personas y pueblos en México y la región, y cómo está cambiando la política migratoria de Estados Unidos y de México? Mucho escuchamos desde los medios de comunicación, a la vez que se dice poco desde los gobiernos nacionales, al contrario, es más lo que se oculta.

Quisimos desde Voces Mesoamericanas y en nuestro caminar con los pueblos migrantes en el sur de México, escribir desde un día como hoy en que se están tomando decisiones importantes y están sucediendo muchas reacciones públicas y no tan públicas, y por eso queremos decir nuestro parecer; aún y con el riesgo que lo que digamos ahora rápidamente quede enterrado por las mareas que nos golpean, o quede desactualizado casi en el mismo momento en que lo estamos diciendo.

Con estas letras pretendemos sacar de las pantallas el reality show trumpeñista montado por los discursos oficiales y los medios de comunicación dominantes. Ambos presidentes se han encargado durante las últimas semanas de producir una circo-política, es decir, virtual, superficial, egocéntrica y falsa, en torno a las relaciones entre los dos países, pretendiendo “gobernar” mediante redes sociales, mensajes prefabricados y conferencias de prensa. Mientras tanto, en la vida real millones de personas están sufriendo los efectos de políticas migratorias que desdeñan la vida y la dignidad humana, tras un enfoque de seguridad nacional de corte militarista, racista y represor.

 

Trump y Peña. Foto: Agencias

II

Por un lado, el nuevo presidente norteamericano Donald Trump ha iniciado una de las ofensivas más grandes y graves por las que México haya pasado en su historia reciente. Para Trump existen tres enemigos principales para los intereses de la nación que ahora gobierna: primero México, porque según él, la frontera que compartimos es la principal amenaza a la seguridad de la región; segundo China, por ser la segunda potencia económica mundial; y la tercera, es su grosera imprudencia, aunque tal parece que todavía no sabe de ese enemigo que carga consigo.

Sobre esto último, dejaremos al tiempo que haga su labor, para enfocarnos solamente en qué se ha hecho hasta hoy y cómo nos impacta en México, especialmente para las personas y pueblos migrantes. En México, tenemos a nuestros propios enemigos, a nuestra clase gobernante de los últimos años y quizá décadas, que ha provocado una amenaza aún mayor, la degradación institucional y la ilegitimidad democrática para conducir al país.

Quizá pocas personas creían que Donald Trump cumpliría a cabalidad las palabras y promesas desmedidas que decía antes de ganar las elecciones en su clásica arenga como candidato. Pero resulta que las pretende cumplir no sólo completas sino más rápido de lo imaginado. Como presidente de un país no podría reformar a su gusto ni en corto tiempo las leyes federales, en este caso las migratorias, por lo que su estrategia ha sido firmar lo que llaman “acciones u órdenes ejecutivas”, es decir, decretos que no necesitan de ninguna aprobación por parte del Congreso para hacerlas efectivas. Esta técnica la usó en distintas ocasiones el anterior presidente Obama, cuando el congreso norteamericano (de mayoría conservadora del Partido Republicano) le bloqueaba sus iniciativas. Pero esta vez Trump las está usando para imponer su voluntad, obedeciendo los intereses de las personas y grupos que lo llevaron al poder.

Y este es un primer punto de importancia, ¿quiénes están detrás del presidente Trump? Se trata de colectivos que conforman los poderes fácticos emergentes de Estados Unidos, por ejemplo: Dueños de corporaciones financieras como Goldman Sachs, donde seis altos cargos de esta corporación financiera están ahora en el gabinete de Trump, incluido el nuevo Secretario del Tesoro, Steven Mnuchin. El director de la petrolera Exxon Mobile, Rex Tillerson, fue nombrado Secretario de Estado. Igualmente, el nuevo presidente norteamericano está históricamente ligado a grupos racistas antiinmigrantes, incluso se señala que el padre de Donald Trump fue arrestado en 1927 tras un operativo contra integrantes del grupo KuKuxKlan en Queens, Nueva York.

En materia de acceso a la justicia y migraciones, nos preocupa que se apoya de personas de extrema derecha como el ex-senador por Alabama Jeff Sessions, quien fue nombrado Fiscal General de Estados Unidos, y que será quien decida en última instancia sobre muchos de los aspectos de los procesos migratorios que se promuevan para defender los derechos de las personas que lleguen a Estados Unidos, migrantes y personas refugiadas.

También en materia migratoria, el general John Kelly fue nombrado Secretario de Seguridad Interna, quien ha asegurado -contra múltiples evidencias- que en la prisión de Guantánamo no se violan los derechos humanos, y en los últimos años ha capacitado a agentes de inteligencia y seguridad para los gobiernos en América Latina.

Asimismo, como segundo a cargo de la seguridad interna, como dirigente de la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE, por su siglas en inglés) se espera que nombre a Kris Kobach, quien ha promovido desde Arizona y su famosa ley 1070, una política migratoria que la llama de “auto-deportación”, que consiste en negar el acceso a servicios públicos y apoyos económicos a las personas migrantes en el país para que se vayan por necesidad (lo que recuerda a la técnica militar de la dictadura guatemalteca llamada “quitarle el agua al pez” usada contra los pueblos víctimas del genocidio).

Ahora bien, ¿qué implican estas Acciones Ejecutivas de Trump firmadas el pasado 25 de enero? Con esta nueva política migratoria norteamericana se recuerdan las expresiones más racistas y xenófobas de la era del ex-presidente George Bush entre 2001 y 2009; sin embargo, no podemos olvidar que Barack Obama (2009-2017) fue el presidente norteamericano que más migrantes expulsó del país, por lo que se ha ganado el apodo de “el deportador en jefe”. Y es en sentido que Trump ha formulado su política migratoria: como una combinación de las agresivas redadas contra migrantes de Bush, con la deportación masiva de personas de Obama. Sólo algunos de los puntos más importantes de estas órdenes ejecutivas son:

  • Ampliar el uso y construir más centros privados de detención de migrantes.
  • Mantener a las personas en detención durante todo el proceso migratorio, y de solicitud de refugio en su caso.
  • Elevar los estándares y criterios de “temor creíble”, para que una persona pueda ser reconocida como refugiada en Estados Unidos.
  • Aumentar en más de cinco mil los agentes de la patrulla fronteriza, y en diez mil los agentes de ICE.
  • Autorizar la deportación de personas en la frontera con México hacia México solamente, independientemente de su nacionalidad.
  • Considerar como “migrante criminal” (de acuerdo a su lenguaje), a toda persona arrestada por la policía con estancia irregular en Estados Unidos, sin importar los cargos, pruebas, ni si fue condenado por alguna autoridad jurisdiccional.
  • Pretenden eliminar las “ciudades o estados santuario” (gobiernos locales y estatales aliados con otros actores sociales para proteger a migrantes, como Nueva York, California, Chicago, Boston, Atlanta, entre otras), mediante sanciones y bloqueos económicos y administrativos.
  • Eliminación de la “Consideración de Acción Diferida para Llegados en la Infancia» (DACA), para nuevos solicitantes y renovaciones. Aunque no se explica si revocarán las ya otorgadas.
  • Cancelación de los programas de protección temporal para nacionales de Centroamérica.
  • Reforzamiento tecnológico, de infraestructura y militar en la frontera con México.
  • Y… el famoso “Muro Trump”, en los poco más de dos mil kilómetros que faltan por levantar. Teniendo un costo aproximado de 20 a 25 mil millones de dólares.

No obstante, para que estas Acciones Ejecutivas en materia migratoria tengan aplicación plena, todavía tendrán que sortear varios obstáculos, entre ellos podemos señalar: 1) Muchas de estas acciones son muy costosas, por lo que requieren aprobación del Senado norteamericano para la asignación de fondos extraordinarios; 2) varias de estas acciones serán impugnadas legalmente por ciudadanos y autoridades locales, haciendo valer su inconstitucionalidad; 3) el sistema federal en Estados Unidos es muy sólido, por lo que con base en las facultades legales y administrativas de los estados opositores a Trump podrán aplicar medidas y políticas para revertir los efectos de estas Acciones Ejecutivas, beneficiando a la población migrante al interior de Estados Unidos; 4) conforme se radicalice la postura política e ideológica de Trump, la comunidad internacional, organismos internacionales y otras potencias mundiales tendrán que expresar con mayor vehemencia su rechazo a la discriminación, xenofobia y violencia que generan sus discursos expresados y políticas implementadas, hasta quizá encontrarse con un “muro” diplomático más férreo del que él pretende construir en la frontera con México; 5) la recomposición comercial, fiscal y económica global que pretende imponer a partir del aislacionismo y proteccionismo norteamericano, al mismo tiempo de ir en contra de las tendencias de la globalización económica, trastocando otros intereses comerciales y financieros, podría verse condicionadoa su vez, a un respeto mínimo en materia de derechos humanos.

Mural en La 72. Foto: Voces Mesoamericanas

III

Mucho más se puede –y debe- decir y explicar para tratar de entender lo que sucede en la cabeza y corazón del “aprendiz de dictador” (como lo define el columnista Federico Arreola), pero es quizá más importante que hablemos en México sobre lo que está sucediendo y cómo está reaccionando el (des)gobierno de Enrique Peña Nieto, y qué podemos hacer desde otros espacios sociales y civiles. ¿Cómo nos toca reaccionar y posicionarnos frente a esta afrenta, violencia y guerra desatada por Trump contra México, los/as mexicanos/as, y todas las personas migrantes en el mundo, a nivel de discriminación, racismo e identidad, además de la diplomática y la económica?

El actual régimen priísta del 2012 a la fecha acumula una debilidad y una vulnerabilidad institucionales, acumuladas de décadas anteriores, pero profundizadas gravemente por la mediocridad, corrupción e ineptitud propias de Enrique Peña Nieto y su gabinete. Esta coyuntura, más allá de Trump, es el reflejo de los problemas estructurales de México; de su política económica y diplomática impulsada a partir de los intentos neoliberales por entregarse al norte y traicionar al sur; es decir, por generar una relación de dependencia y sumisión ante Estados Unidos, y relaciones distanciadas y de falsa soberbia hacia la comunidad latinoamericana.

El famoso muro de Trump, y de esta falsa disputa diplomática sobre cuál país lo pagará, representa tan solo una pantalla de los discursos oficiales. Dicho sea de paso, existe la sospecha que el dinero finalmente saldrá de condicionar y re-direccionar los fondos de cooperación militar y económica de Estados a México, por ejemplo de la Iniciativa Mérida, o bien, del impuesto fronterizo a las importaciones provenientes de México.

De fondo, este nuevo panorama es mucho más profundo. Lo que está en juego hoy día son los principios éticos y políticos que configuran identidades nacionales, así como el rumbo de la economía regional. Y más importante aún, en medio queda la reconfiguración de las políticas migratorias que afectan a la vida, la integridad y el futuro de millones de personas migrantes latinoamericanas en Estados Unidos, en tránsito, en desplazamiento y retornadas forzadamente.

El anuncio de Enrique Peña Nieto de no asistir a su reunión con Donald Trump, después de que este último le desairara su visita -vía twitter-, es más un acto de imagen que de dignidad. Cuando no se tiene otra opción más que una sola respuesta, en realidad no se está tomando siquiera una decisión. La decisión pública de Peña esconde oscuros secretos. El pasado 25 de enero, exactamente al mismo tiempo en que Trump daba su conferencia de prensa, Luis Videgaray Secretario de Relaciones Exteriores, e Ildefonso Guajardo de la Secretario de Economía, sostenían amplias reuniones con el gabinete de Trump al interior de la Casa Blanca; del encuentro no dieron declaraciones, ni explicaciones públicas ambos gobiernos. Para el día 27 de enero por la mañana, un día después de cancelar la reunión presencial, Trump y Peña sostienen al menos una extensa llamada telefónica. De tal modo, evitaron “la foto” para salvar su imagen, pero sin dañar sus intereses: es esta la política de Estado en México, no nos sorprendamos.

Además, altos funcionarios del equipo de Videgaray dieron a conocer en una entrevista anónima que iban a los Estados Unidos con el cometido de jugar sobre la mesa en las negociaciones por el Tratado de Libre Comercio (TLC), usando a la política migratoria mexicana como ficha de cambio; es decir, a cambio de lograr alguna negociación posible en materia de comercio exterior, México ofreció a Estados Unidos mayor control y presencia en la frontera sur de México, con Belice y Guatemala.

Otra pieza de cambio, por la que el gobierno de México queda amarrado a Trump, que resulta inconfesable pero burdamente evidente, es en materia de impunidad y corrupción. Peña Nieto, cuyo régimen y equipo de trabajo se revela como el más corrupto (si cabe) de los últimos tiempos, tiene que asegurar desde ahora una transacción electoral de continuidad en el poder para el establishment mexicano; es decir, conservar el oligopolio político PRI-PAN de cara a las elecciones presidenciales del 2018. Peña puede ofrecer mantener la línea dura neoliberal en materia económica que siga entregando los recursos y riquezas mexicanos a Estados Unidos, necesitando su apoyo político en las próximas campañas; a cambio, Peña suplica la protección del gobierno de Trump por no investigar a fondo, dar a conocer y perseguir los multimillonarios actos de corrupción cometidos contra el pueblo de México y las finanzas públicas del país de los últimos años por parte de él, su familia y equipo más cercano; tal como Estados Unidos lo hiciera en los últimos años en países como Guatemala, donde esta cooperación en materia de justicia llevó a la cárcel al entonces presidente Otto Pérez Molina, a muchos congresistas y empresarios guatemaltecos. Tal parece que es ésta la débil visión de ganar-ganar de Peña: “aplastar” al país con supuesta dignidad, para la preservación de sus intereses particulares. Como vemos, Trump y Peña comparten un mismo lenguaje.

Finalmente, el Senado de la República, mediante un grupo de siete senadores del PAN, PRI y PRD, promueven flamantemente “La Operación Monarca: por la armonía entre naciones”. Aprovechando la otra coyuntura del “gazolinazo” (tecnocráticamente llamado como “ajustes del precio de los combustibles al mercado internacional”, producto de la Reforma Energética) y el “ahorro” anunciado tras los “recortes” del gasto público, anuncian que quieren hacer uso de mil millones de pesos para apoyar a connacionales en Estados Unidos. Sin embargo, la iniciativa promueve, entre otros aspectos: entregar fondos extraordinarios al Instituto Nacional de Migración y a los 50 consulados mexicanos en Estados Unidos, para gastos en abogados e intérpretes; anuncian facilidades para tramitar actas de nacimiento, CURP y certificados oficiales, cuando estas reformas ya habían sido anunciadas semanas anteriores de forma ajena a esta coyuntura; cápsulas de promoción y comunicación del Senado anunciando su apoyo a la población retornada; y la creación de una “empresa” para facilitar los costos de envío de Estados Unidos a México.

Este tipo de medidas por parte del Senado resulta una tomada de pelo tomando en cuenta la grave vulnerabilidad en que se encuentra gran parte de la población mexicana y latina en Estados Unidos; reacciones políticas ante las cuales no permiten las condiciones (nuevamente) para un diálogo sincero y verdaderamente benéfico entre sociedad civil y gobierno.

En lugar de estas expresiones humillantes y violentas, de estos discursos hipócritas y de tantas palabras escondidas, una verdadera y empoderada política de Estado plantearía el retiro inmediato de Estados Unidos por parte del equipo cercano a la presidencia para en verdad suspender toda negociación y diálogo, amagar con el rompimiento de relaciones diplomáticas; y en materia comercial, en contacto con el gobierno de Canadá, México podría acogerse unilateralmente a las tasas arancelarias de la Organización Mundial de Comercio, como fundamento supletorio a la vigencia del TLC, al mismo tiempo de recomponer la relación política y comercial de México con los países de Centroamérica y del Cono Sur.

 

IV

Ante todo esto, ¿entonces qué podemos hacer desde la sociedad civil organizada y no organizada? En el horizonte se dibujan nubarrones turbulentos, no hay salida fácil y no se avizora que la tormenta Trump sea ni pasajera ni anecdótica. Toca fondo en la crisis civilizatoria a la que el neoliberalismo ha orillado al mundo, la xenofobia puede ser el abismo más cercano que enfrente la humanidad, y no sólo en Estados Unidos sino en otras partes del mundo. De este lado, la sociedad y el régimen mexicano son casi igualmente discriminatorios respecto de otras identidades culturales y pueblos dentro y fuera del país. ¿Acaso podemos descartar que si Trump fuese mexicano, también hubiera ganado las elecciones en 2018?

A las personas en México y las mexicanas donde sea, nos toca más que nunca –como si no fuese siempre una obligación ética- mirar hacia el sur: reconstruir un hermanamiento institucional impulsado por los movimientos sociales hacia el reencuentro de nuestra legítima identidad latinoamericana. No podemos permitir que los gobiernos de ambos países negocien a espaldas de su pueblo; partiendo de una auténtica autocrítica como sociedad y como colectivos, y recordando que las acciones individuales no bastan para encontrar soluciones de fondo, la crítica abierta, la denuncia estratégica y la movilización masiva serán ingredientes fundamentales para la defensa de nuestro porvenir colectivo.

Nuestras anteriores estrategias de lucha se hicieron obsoletas de un día para otro: no queda más que reinventar el modelo de sociedad que queremos y el mundo en que queremos vivir, así como las maneras y vías para lograrlo; para ello el punto de partida será el compartir nuestras visiones y hermanarnos con nuestra diversidad de miradas. Esta coyuntura es espacio y oportunidad para que desde abajo prohibamos al gobierno su política migratoria de los últimos años y su política económica de las últimas décadas.

Es hoy un momento histórico -además de histérico-; el presente es tierra fértil para la germinación de racionalidades alternativas a las hegemónicas, donde la palabra sincera, sensible y empática sea más que un eco, y transforme esta realidad que nos oprime, que nos libere de nuestra propia vergüenza. Es ocasión para la inclusión social y la creatividad colectiva, a partir de revalorar el poder de la palabra y la sutileza de nuestra acción.

Un comentario en “El régimen trump más allá de la circo-política”

  1. ciudadano
    31 enero, 2017 at 8:34 #

    DEJEN EN PAZ LAS CASAS AJENAS, Y RESUELVAN LOS PROBLEMAS DE LA PROPIA, QUE EN SU PROPIA FAMILIA ESTA LA SOLUCIÓN.

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