Chiapas: La urgencia de recomponer el tejido social

 

El humano es un ser social. No hay duda de eso. Diariamente interactúa con sus semejantes, en su hogar, en el barrio o colonia, en su localidad o ciudad. Esa interacción es como un tejido que hace que funcione la sociedad. Las reglas de convivencia la imponen las leyes, que deben de ser salvaguardadas por las instituciones; donde también los valores y la ética juegan un rol importante.

Hay exclusiones sociales, por ejemplo de clase social, de género, por razas y etcétera. Pero en una sociedad que aspire a ser democrática, las prioridades de convivencia tienen que ser validando la igualdad y la equidad. La misma democracia tiene que existir dentro de contextos favorables para su promoción y disfrute.

Si a la democracia ninguno de los entornos le favorece, comienza la decepción social de las instituciones creadas para la democracia, también aparecen las crisis sociales y la añoranza de un tiempo pasado -calificado como mejor- o incluso comienza a percibirse la ilusión de un gobierno de mano dura que regrese un orden que se siente perdido.

 

¿Qué pasa si la colectividad falla?

¿Qué sucede si el orden social -que no político- comienza a entrar en crisis?. Es decir ¿Qué sucede si el tejido social se rompe o comienza a romperse?

La historia humana nos demuestra colapsos sociales y también transformaciones. Todo ello lleva implícito un costo. El capitalismo global es la última fuente de desigualdad y por tanto también de desintegración del tejido social.

Resulta una paradoja bastante interesante que el capitalismo global promueva la integración económica mundial. Interesante porque esa integración económica trastoca las relaciones sociales, ello porque la garantía de que el Estado-Nación cumpla su función de generadora de bienestar social se diluye.

Las instituciones nacionales ya no generan bienestar, ahora solo son garantes -o deben ser- de la generación de las condiciones necesarias para el bienestar.

¿Quiénes generan ahora bienestar? Lo hacen la productividad y las fuerzas del mercado.

 

Esa paradoja del capitalismo global hace que exista -o se busque- una integración económica mundial; pero a cambio, el modelo económico es excluyente socialmente hablando.

Básicamente quien no sea productivo, quien no sea competitivo; es excluido o se convierte en un ente dependiente y en el peor de los casos es saqueado o explotado. Ello aplica para individuos, naciones y regiones.

En el capitalismo globalizado, Chiapas no es competitivo. Chiapas es una sociedad rezagada y esa falta de competitividad, ese rezago; lo hacen un estado en donde faltan las oportunidades de desarrollo para sus habitantes.

No cabemos en el mundo globalizado y lo vemos desde la periferia. Sin embargo desde la periferia; lo que los chiapanecos sienten son los efectos negativos del capitalismo globalizado y no los efectos positivos.

La falta de oportunidades se enseñorea en Chiapas, la pobreza es parte de la vida diaria de miles de chiapanecos. La población económicamente activa es arrojada a la economía informal o a la migración en busca de la idea de una vida mejor.

En consecuencia, en Chiapas el tejido social colapsa y seguirá colapsando porque la clase política no encuentra rumbo.

 

Si en el argot económico se dice que la economía nacional está sostenida con alfileres y que para evitar su colapso, nadie debe quitarle los alfileres; la economía de nuestro estado está peor; es débil estructuralmente o incluso, pudiera pensarse que ni siquiera está estructurada.

El gobierno estatal no tiene proyectos estratégicos, el gobierno federal con su proyecto de Zonas Económicas Especiales nomás no termina de arrancar.

Si en cambio, se nota la ausencia de los gobiernos nacional y estatal en Chiapas en cuanto a garantizar el bienestar y el desarrollo económico; solo quedan dos cosas a quienes no migran abandonando el estado; primero vivir de los subsidios gubernamentales y lo segundo; vivir de las remesas de dinero americano.

Pero nuestra pobreza y nuestra marginación hacen que estos dos instrumentos no generen procesos de desarrollo y mucho menos siquiera pensar que sean sostenibles. Se utilizan para sobrevivir y ya.

 

¿Qué sería de Chiapas -especialmente el rural- sin las remesas y los subsidios federales?

Sin duda sería una tierra sin ley. Con alta conflictividad social, a lo que el gobierno respondería con el monopolio de la fuerza.

El problema es que aún con remesas, con subsidios; el tejido social chiapaneco se descompone y se seguirá descomponiendo porque en la coyuntura estatal a la vuelta de la esquina, ya vienen las épocas electorales.

La época electoral trae siempre promesas de campaña. Eso es lo que recibiremos los chiapanecos; promesas electorales y no un compromiso genuino de la clase política por resolver nuestros problemas estructurales.

Pareciera que nuestra clase política solo ve espejismos. Nunca la realidad.

 

En el Chiapas de estos días se avizora una nueva insurgencia magisterial, con todo y sus ya cuestionados métodos de lucha. Parece que las nuevas movilizaciones serán inevitables.

Se reportó incluso en estos días la presencia de un grupo de autodefensas en Venustiano Carranza.

Los conflictos poselectorales en Oxchuc y Chenalhó no se han resuelto y ya tenemos encima el próximo proceso electoral.

Los bloqueos carreteros aparecen por toda la geografía estatal.

Las tomas de alcaldías se realizan para evidenciar la apatía e insolencia de las autoridades municipales.

En municipios chiapanecos, sobre todo de la zona Altos, los linchamientos son constantes.

 

Una auténtica ruptura del tejido social que se encontrará de frente otro peligro que hará que se incremente nuestra crisis social; esto es el proceso electoral rumbo al 2018.

Varios presidentes municipales serán tentados por la reelección y poco importará que no hayan realizado un buen trabajo. Volverán a despilfarrar recursos.

¿Esa tentación será avalada por la ciudadanía?

Si muchos municipios vuelven a tropezar con la misma piedra, el desenlace será peor. Promesas y más promesas terminarán creando más hartazgo, hasta que la violencia -provocada por la ira social- sea inevitable.

 

A Chiapas, que solo ve desde la periferia al capitalismo globalizador; le urge definir un rumbo para su desarrollo. La clase política parece que no será quien lo defina; está acostumbrada a ofrecer más y más subsidios.

Chiapas necesita una transformación económica que lo saque de la exclusión. Pero sería excelente que se empezara por democratizar la toma de decisiones con cero impunidades, con leyes que promuevan y garanticen la equidad y la igualdad, con instituciones que garanticen un estado de derecho efectivo, que promuevan el fortalecimiento de la democracia y que en lo económico se generen oportunidades para todos.

 

¿Quién de los próximos candidatos a la gubernatura lo garantizará?

¿Quiénes de los próximos diputados promoverán cambios desde la tribuna?

¿Qué nuevo alcalde generará diálogo con los ciudadanos de su municipio?

¿Quiénes nuevos funcionarios públicos se conducirán con probidad?

¿Los ciudadanos nos conformaremos con que “no roben”, como empiezo a escuchar por todos lados?.

Desde “arriba” puede llegar cualquier cambio. Pero la clase política tiene que recordar que “desde abajo” también se generan transformaciones y que cuando el malestar social se desborda, este es ya incontenible.

A un paso del abismo. Así estamos los chiapanecos.

Correo: geracouti@hotmail.com

Twitter: @GerardoCoutiño

Un comentario en “Chiapas: La urgencia de recomponer el tejido social”

  1. Manuelito
    26 marzo, 2017 at 21:58 #

    QUE SE PUEDE ESPERAR ANTE TANTA DELINCUENCIA QUE GOBIERNA, HASTA DONDE EL PUEBLO AGUANTARA, Y REACCIONE CON HECHOS, HACIA YA VAMOS, SON LAS LEYES NATURALES, NI TODO EL PODER PODRÁ SALVARNOS A TODOS, INCLUYENDO A LOS DELINCUENTES.

    REFLEXIÓN.

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