Proteger a los periodistas es construir ciudadanía

De acuerdo a declaraciones oficiales, lo que hasta el momento se sabe sobre el asesinato en Chihuahua de la periodista Miroslava Breach es que este trágico, violento y cobarde hecho respondió a su labor periodística.

En ese sentido desde la perspectiva que se analice, en este país cuando atentan contra la vida de un periodista; se atenta contra su trabajo, el cual es informar. Eso, simple y sencillamente eso.

Hay muchas razones para que exista un Estado-Nación; territoriales, culturales, históricas, de identidad y hay muchas ideas sobre cómo conducirlo; pero una cosa es segura: este tiene que ser legítimo ante los ojos de sus ciudadanos.

Si un Estado-Nación quiere ser legítimo, tiene que empezar por proteger la vida de sus ciudadanos. No es posible que México sea uno de los países del mundo donde más se agrede a la actividad periodística.

Y es que el derecho que tenemos los ciudadanos a expresarnos, informarnos y formar nuestras propias opiniones y criterios es una característica esencial de cualquier tipo de democracia; sea directa o representativa.

 

La libertad de expresión divulga diferentes ideas y cuando se permite que la clase política, los funcionarios públicos o cualquier otro grupo de poder decidan lo que deba decirse o no; la vida democrática y la vitalidad social se pierden porque no hay voces libres.

En ese contexto no habría ni periodistas ni periodismo libre.

Precisamente eso es lo que la libertad de expresión -entre otras cosas- está llamada a evitar: la tentación autoritaria.

 

En México actual, con el periodismo crítico y abierto se construye ciudadanía, se forman equilibrios y se evidencian la corrupción y la impunidad. Pero está visto que a no todos -especialmente la clase política y los grupos de poder- les gusta el periodismo crítico.

Los datos hablan por sí solos.

Artículo 19, la organización independiente de Derechos Humanos que trabaja a nivel global para la defensa de la libertad de expresión, documenta que en el 2016, en México se registraron 426 agresiones contra la prensa.

Eso no nos pinta como un país democrático y promotor de las igualdades. Así de simple. Incluso la organización calificó al año pasado, como el año más violento para la prensa mexicana.

La organización destaca la impunidad que hay en el país ante las agresiones a periodistas, pues el 99.7 por ciento de dichas agresiones se queda sin resolverse y por ende, sin castigo a los culpables. Siendo esto un reflejo de lo que también pasa en otros asuntos de la vida nacional.

 

La corrupción y la impunidad también dañan a la libertad de expresión, porque sus mensajeros -los periodistas- están constantemente agredidos.

Entonces, ser periodista en México, es como ser pobre en este país: es ser vulnerable y en riesgo; y serlo frente al poder, ante las élites y los poderosos.

Los periodistas son vulnerables todo el tiempo y están en riesgo permanente también todo el tiempo; como lo somos la mayoría de los mexicanos.

Y me refiero al verdadero periodista, no a los empresarios de la comunicación, que hacen de este oficio un negocio y que pervierten el sentido de construcción ciudadana y democrática de la libertad de expresión.

Sin periodistas críticos no hay verdadero periodismo, sin periodismo crítico no hay democracia. Así de sencillo.

 

Cuando se permite a la clase política que decida sobre lo que puede opinarse o escribirse y a los grupos de poder legales e incluso ilegales que por la fuerza y violencia callen a los periodistas, la ciudadanía pierde la oportunidad de formarse una opinión sobre cualquier tema y en consecuencia se atenta contra la democracia.

En México, seguimos viendo asesinatos de periodistas. Nuestras instituciones no protegen la vida de quienes informan.

Ello también le resta legitimidad al sistema político. Como también se lo resta su incapacidad de contener la violencia de la delincuencia organizada, como también no abona a su legitimidad la incapacidad para contener la corrupción y la impunidad.

 

El clima de inseguridad, el riesgo permanente que provoca el oficio de ser periodista puede llevar al país a que para proteger la vida de los informadores -como ya ha pasado en algunos casos- los medios, los periodistas, los que tienen una opinión influyente se autocensuren.

Ya nos estamos imaginando a Estados Unidos sin migrantes, ¿Por qué no habríamos de imaginarnos un México con los periodistas autocensurándose?. La vida es primero. Eso es esencial entenderlo.

 

Hay buenos y malos periodistas, hay quienes se acercan al poder y este los engulle, hay a quienes el poder los intenta seducir y no caen. Hay quienes toda la vida -como muchos políticos- han estado cerca y sacado provecho del poder, hay también quienes toda la vida han rechazado acercarse al poder.

Hay periodistas a quienes les apasiona perseguir la nota, hay quienes son combativos en la defensa de alguna o varias causas, hay a quienes les gusta el análisis político. Incluso ahora hay quienes ejercen el periodismo científico o de asuntos económicos por citar un ejemplo.

Pero a la sociedad no le conviene que ni a los buenos periodistas ni a los malos se les silencie y además pierdan la vida. No le conviene que la prensa sea callada.

Los ex gobernadores corruptos huyen del país y se fugan. Por eso México es el país de la impunidad y la corrupción y la prensa cumple la función de evidenciar lo que las autoridades no castigan o no quieren hacerlo.

Latinoamérica de cabeza por el caso Odebrecht y en México nadie se despeina por ello. Una ex primera dama estatal justifica sus complicidades con una plana escrita, un grupo de periodistas descubren la trama de corrupción más importante en México de los últimos años, el denominado asunto de la “Casa Blanca” y ello les cuesta el trabajo.

 

¿Por qué los periodistas habrían de pagar incluso con su vida el hecho de poner en evidencia la corrupción y la impunidad mexicana?

¿No sería mejor que nuestras instituciones funcionaran?

Los tiempos cambian y también cambia la forma de hacer periodismo, la tecnología hace desaparecer poco a poco o cambiar a las grandes empresas y empresarios del periodismo.

Hoy se compite con contenidos en internet. Aparecen los periodistas independientes y la tendencia son los medios digitales. Ello es bueno para la libertad de expresión.

Los que no se adaptan a los nuevos conceptos son los miembros de la clase política, para quienes lo importante es censurar o coaptar y no ejercer un servicio público eficiente y transparente.

Por eso, los riesgos presentes de ejercer el oficio periodístico son latentes y también lo serán en el futuro. Pero tenga por seguro que siempre habrá periodismo y periodistas críticos y comprometidos con la verdad.

En cualquier circunstancia y bajo cualquier contexto la verdad prevalece y prevalecerá. Por eso proteger a los periodistas es construir ciudadanía, es encarar a los poderosos, es confrontar a quienes toman decisiones que nos afectan positiva o negativamente a todos.

Es de cobardes intentar acallar las voces del periodismo crítico y es monstruoso llegar hasta el asesinato.

Corresponde al Estado garantizar la seguridad de los periodistas y corresponde a la sociedad civil exigir que ello se cumpla por todos los medios posibles y al alcance.

 

Justicia para Miroslava.

Justicia para todos los periodistas abatidos.

Pugnemos por un Estado eficaz. Alto a la impunidad y la agresión constante al trabajo periodístico.

Correo: geracouti@hotmail.com

Twitter: @GerardoCoutino

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