Definición de esencial

Entiendo que esencial es algo fundamental, casi casi como si dijésemos que si no está esa esencia el ser no puede ser. Lo esencial de una barbacoa de borrego ¡es el borrego! ¿Imagina alguien una barbacoa de borrego sin borrego? De ahí pues que la tía Eulogia recomendara a su hija Cristina que se volviera esencial en el trabajo; es decir, que fuera como el borrego. Lo decía para que el jefe de Cristina entendiera que sin ella el departamento de publicidad no podría sostenerse. Cristina procuraba seguir al pie de la letra la recomendación de la mamá, pero cuando el jefe conoció a Lupita envió a Cristina a otro departamento, donde realizaba trabajos muy elementales. Lupita era una diseñadora que no superaba el talento de Cristina, pero sí la superaba en un generoso par de pechos y en un soberbio derriere. La dignidad de Cristina la obligó a renunciar y a reconocer lo que el tío Andrés siempre sostuvo: ¡Nadie es indispensable!; es decir, ningún ser mortal es esencial.

Aníbal ha tratado de hallar a alguien esencial en el mundo y sostiene que Adán fue el único hombre esencial en la historia de la humanidad. Si no hubiese sido por él el mundo andaría tunco. Pero de ahí en fuera, ningún hombre es esencial. Mi padre, dice Aníbal, no fue, necesariamente indispensable, como sí lo fue mi mamá. Si mi papá no hubiese estado, mi mamá pudo embarazarse de cualquier hombre, cualquiera, incluso de un pordiosero. En tal caso, mi ser no habría cambiado mucho. En cambio la mujer sí es esencial. Sin mi mamá, continúa Aníbal, yo no hubiese sido en esencia. En resumidas cuentas, sólo Adán fue indispensable. Si nos atenemos a esta teoría, toda la esencia proviene de él. Ahora bien, si nos vamos a la Teoría de Darwin, pues fue esencial que hubiera changos para que nosotros fuéramos y por eso somos animales.

Al principio de esta Arenilla apareció la pregunta: ¿Imagina alguien una barbacoa de borrego sin borrego? El otro día apareció una nota en el periódico que daba cuenta de una señora que, en una colonia proletaria de la Ciudad de México, vendía tamales de verdura con pollo, pero sin pollo; es decir, sí tenían carnita, pero la carne no era de pollo sino de rata. Lo cual reafirma la teoría del tío Andrés: nada es indispensable. Tal vez en algún lugar de México alguien ha cambiado el borrego a la hora de preparar la barbacoa y no fue precisamente por pollo. ¿Recuerda el lector cómo, en los años cincuenta, en la nota roja apareció la noticia de aquella mujer que mató a su esposo, lo hizo trocitos, los coció, los sazonó con cebollita y preparó tamales?

Ningún mortal es esencial. La condición de mortal así lo refiere. Cuando muere algún famoso siempre aparece el lugar común que expresa la gran pérdida. Si el fallecido es, por ejemplo, un escritor, las muestras de condolencia señalan el vacío que queda. En realidad, dos días después, ese vacío no se encuentra; es decir, los seres humanos son prescindibles. El nombre del gran escritor se pierde en medio de tanto libro.

El término esencial debería reservarse para las esencias universales: el agua, el aire. Sin las “esencias esenciales”, la vida en la tierra se consumiría. Aparte de esas esencias ¡todo lo demás es prescindible! Por eso, dicen los sabios, las personas deben hallar sus esencias imprescindibles. ¿Qué hace que el hombre (como género humano) sea? ¿De qué podemos prescindir?

El término debería reservarse para lo verdaderamente esencial: La energía divina; es decir, aquello que sí está por encima de lo prescindible, de lo que puede, tranquilamente, ser remplazado.

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