Los periodistas construyen democracia ¡Ni uno más caído!

 

Charles de Gaulle, el héroe de la V República francesa, en vísperas de su cumpleaños número 80 jugaba “solitario” y veía el televisor esperando la cena, cuando solo alcanza a expresar: “me duele aquí” y se desploma muerto.

Al anunciar por televisión el hecho, el presidente Georges Pompidou solo dijo: “Le Général De Gaulle est mort; veuve la France est”. El General De Gaulle ha muerto, Francia es viuda”.

Cuando De Gaulle pierde el plebiscito que le cuesta la presidencia; Gabriel García Márquez escribió -diez años después del hecho- que un caricaturista español dibujo a un Francisco Franco enano junto a un gigante De Gaulle diciéndole en tono doctoral: “Eso te pasa por preguntón”.

Sobra decir a quien de entre De Gaulle y Francisco Franco, la historia trata mejor. Inmejorablemente mejor.

En el 2006 y todavía un evento fresco en la memoria mexicana:

-Mi gober precioso.

-Mi héroe, chingao.

-No, tú eres el héroe de esta película, papá.

-Pues ya ayer le acabé de darle un pinche coscorrón a esta vieja cabrona.

La prensa ni es preguntona y tampoco ni antes ni ahora se merece un pinche coscorrón de los poderosos.

A pesar de ellos ha sobrevivido a dictaduras, cacicazgos, malos gobiernos y se adapta incluso a las nuevas tecnologías, por la sencilla razón de que la inmensa mayoría de la ciudadanía se aferra a la verdad y lo seguirá haciendo.

La prensa busca la verdad y por eso ayuda a la construcción de la democracia y la libertad de opinión. Por ello el trabajo del periodista es esencial para la democracia, para buscarla, para implantarla y para consolidarla.

Bajo la lupa de la prensa se encuentran todos aquellos que gestionan recursos públicos; sean alcaldes, gobernadores, presidentes y funcionarios.

Los periodistas son en un país como el nuestro; la balanza que impide el total abuso de poder, sencillamente porque nuestras instituciones son débiles.

Son quienes buscan la verdad y hacen que esta sea absoluta y verificable.

 

Y es que la realidad es que en México hoy por hoy tenemos -en las leyes- el mandato de la transparencia y la rendición de cuentas. El problema es que la clase política no está acostumbrada a ella.

En contrapartida, el periodismo mexicano; el independiente hace esfuerzos por hacer efectiva una verdadera libertad de prensa y de garantizar que se respete el derecho público a la información.

La pregunta es ¿En un país donde no hay libertad para ejercer un oficio -en este caso el periodístico- está garantizado el derecho a la información?.

La respuesta es clara y contundente: no está garantizado. Y no lo está porque las leyes mexicanas están muertas.

 

Pero el horror llega cuando además de esa falta de garantías para el ejercicio de la profesión, quienes realizan periodismo pierden la vida. La pierden porque el poder político lo permite; porque no pueden contra el crimen organizado o no quieren combatirlo.

Y claro está, los periodistas no son los únicos que pierden la vida de forma violenta en México, la pierde gente inocente que tiene la desgracia de vivir en las zonas conflictivas del país, la pierden también quienes participan en la guerra fallida contra la delincuencia organizada.

¿Qué queda de ellos? Miles de desaparecidos, viudas, huérfanos, familias buscando a los de su sangre en alguna de las fosas clandestinas del país.

Queda el olvido. Porque hay que decirlo también, no tienen la exposición mediática que tiene el asesinato de un periodista.

Por eso, en el fondo, lo que posibilita la aparición de los homicidios dolosos en México, es la falta de derecho. Y la falta de derecho crea estados fallidos.

 

México es ya el país de los huachicoleros, el país de la impunidad y de la corrupción, la nación donde el presupuesto no es visto como el mecanismo para repartir social y equitativamente la riqueza, sino como un botín político.

Ello hace obvio que sea el país donde matar periodistas es un deporte. El país donde el 99 por ciento de los crímenes contra periodistas no están resueltos.

Por eso, parafraseando a Pompidou, cada vez que atentan contra la vida de un periodista, la verdad queda viuda.

México es el país de la falta del Estado de Derecho. La nación de la ruptura del tejido social.

Los periodistas no quieren ser mártires. Quieren ejercer la pasión de su oficio: informar.

Quieren, como todos queremos; vivir en un país libre y donde se respete el derecho fundamental al trabajo y donde se pueda ejercer el periodismo con libertad.

 

Ojalá que con el asesinato de Javier Valdez Cárdenas pare la barbarie. Valdez Cárdenas es héroe porque ejerció el periodismo en tierra de la delincuencia organizada más famosa de todo México. Héroe porque se negaba a aceptar de que el “narco” implantara cultura en su tierra. Héroe también porque su muerte nos obliga a preguntarnos:

¿Está perdida la -absurda- guerra del Estado mexicano contra las bandas de las drogas?.

Hoy en México, a los periodistas les dieron más que un coscorrón. Ya se pasó del veto, de la censura, del encarcelamiento; al asesinato. A la verdad y a la democracia las dejaron viuda y no soy optimista en pensar que ya tocamos fondo.

La corrupción, la impunidad, los poderes fácticos legales y no legales del país están todavía intactos. No hay razones para ser optimistas y como esos poderes están intactos; la ingobernabilidad crece y crece.

El régimen de Peña Nieto está agotado, su gobierno ya parece un burócrata cansado a cinco minutos de la hora de salida de su horario laboral. El problema es que le falta más de un año para finalizar su sexenio y pensar que renunciará es como pensar que la NASA me llamará mañana para llevarme a la luna.

El problema también es que la burbuja de gobierno le impide ver la realidad del país al que dice gobernar. Solo Peña Nieto se cree sus propios cuentos.

 

Nadie podría adivinar que más va a pasar en este país. Cuya impunidad y corrupción no acaba de sorprendernos.

Pero ojalá -y en el corto plazo- ya no sea el país que pasó de lastimarle la pobreza, al que le hería la pobreza y la desigualdad, al país que le indignan la corrupción y la impunidad y el país al que le da coraje sus desaparecidos y el plomo para los periodistas. Para ese país que soñamos, necesitamos a la prensa libre y a los periodistas ejerciendo su oficio en libertad.

Porque este oficio no está en extinción con las nuevas tecnologías; está acomodándose a ellas y México no merece una democracia viuda sin periodismo libre.

Correo: geracouti@hotmail.com

Twitter: GerardoCoutino

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