Definición de peligro

Imagen: paltufo.treadnet.org

Romeo es alpinista. Repite un lugar común: “La palabra peligro no existe en mi diccionario”. Bueno, el lugar común es decir que una cierta palabra no existe en el diccionario personal, porque lo que sí no es común es decir que el peligro no existe. Salvo las personas que son muy atrevidas y realizan actos osados, los demás mortales sí tienen plena conciencia del peligro.

Por supuesto que el “peligrómetro” marca diversos grados, dependiendo de la edad de las personas, de su ubicación geográfica y, sobre todo, de la actividad laboral a que se dedican. Es también un lugar común decir que los niños no miden el peligro. Tío Salvador preguntaba siempre con qué instrumento se medía el peligro. Y ante el silencio de todos, él mismo se respondía: “Con el temor de cada uno”. El tío Salvador decía que existía una relación directa entre el temor y el peligro, mientras más temeroso era un individuo, más peligroso se hace el instante. Siempre lo ejemplificaba con la segregación de adrenalina ante una jauría. Mientras más adrenalina se produce más se provoca el enfurecimiento de los perros. Mientras más temor muestra un niño en el colegio, más se aprovecha el compañero molestoso, que es como el perro de la historia.

Si uno revisa un diccionario encuentra la siguiente definición de peligro: “Riesgo o contingencia inminente de que suceda algún mal”. La palabra que pareciera estar como piedra en la orilla del abismo es la palabra inminente. Vayamos de nuevo al diccionario para ver qué dice al respecto: “Inminente: Que amenaza o está por suceder prontamente”; es decir, la definición de peligro señala que algo malo está por suceder. ¿Cómo alguien puede saber, con precisión, que está en situación de peligro?

A Romeo le pregunté si, de verdad, jamás, a la hora que escala una montaña, ha tenido la sensación de que su vida está en peligro. Me aseguró que no, porque no lo piensa. Y me puso un ejemplo: Si las personas tuvieran conciencia del peligro que entraña cruzar las calles ¡no saldrían jamás! Él asegura que mientras un mínimo porcentaje de alpinistas ha sufrido un accidente, miles y miles de peatones son sujetos de graves incidentes todos los días.

Romeo dice que extirpó la palabra peligro de su diccionario, porque tal palabra es como un pleonasmo de la vida. ¿Hay alguna situación donde el ser humano no esté en peligro? Como dijera Teofilito: Todo es un riesgo. La vida es un constante peligro. Hay inminencias de estar en peligro a la hora de comer, a la hora de dormir, a la hora de salir a la calle, a la hora de hincarse en un reclinatorio debajo de una lámpara colgante, a la hora de hacer el amor, a la hora de prender una lámpara, a la hora de trapear el piso, a la hora de caminar debajo de la tormenta, a la hora de subir al auto, a la hora de entrar a la ducha, a la hora de comer un caramelo, a la hora de sentarse en una silla chueca, a la hora de subir una escalera, a la hora de bajarla, a la hora de correr, a la hora de cerrar los ojos.

¿Sólo hay peligro en situaciones extremas? Romeo, ¿sólo está en peligro cuando asciende a una montaña? ¡No! Romeo está en situación riesgosa siempre, como cualquier ser humano. En las carreteras hay diversas señalizaciones que advierten una zona peligrosa, donde frecuentemente suceden derrumbes, por ejemplo. Cualquier automovilista sabe que toda la carretera es un constante peligro; es decir, si la autoridad vial quisiera alertar al automovilista debería colocar cientos, miles de señales advirtiendo que es un peligro. Como esto sería un exceso, las autoridades hacen lo mismo que Romeo: extirpan la palabra peligro, porque el peligro es sustancia de cada instante. Si las personas estuvieran conscientes de tal situación riesgosa preferirían no vivir.

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