Un gobernante (¿solo uno?) nos vigila

¿Espantados por la vigilancia a los periodistas y activistas? No hay por qué asombrarse. Es un secreto a voces que esto ocurre desde hace décadas, por eso es común escuchar las campanas de la catedral en el teléfono celular y fijo, o recibir invitaciones o links en los emails de supuestos conocidos para ser atrapados y que descubran el password de las cuentas.

Hay nuevas modalidades de bloquear y hackear equipos telefónicos y de cómputo incluso con la misma participación de iTunes, Microsoft, Gmail, etcétera. Es más, Hacienda recurre a ello a través de la presión a las instituciones bancarias aunque estas aleguen secreto bancario. Nadie se salva y menos ahora en estos tiempos de las “nuevas tecnologías” donde vamos dejando rastros con el simple hecho de “pasar”, sin clickear, el cursor, de ahí esa urgencia de crear una ley de protección de datos personales que no sirve de nada pues cada vez son más las empresas, estafadores y diversos organismos los cuales se hacen de nuestros generales aunque se protejan y denuncien. Solo la impunidad persiste.

Y sí, siempre ha sido el gobierno el responsable del espionaje y hasta de negar una vez más, como lo negó y negará hoy Osorio Chong mañana otro pelele, que recurren a ello para mantener la “gobernabilidad” y paz social. Se sabe que esto forma parte de las actividades llevadas a cabo por el CISEN, por las mismas procuradurías aunque muten a fiscalías y hasta de alcaldías. Se valen de los satélites, infiltrados y hackers éstos últimos incrementaron su participación en Chiapas con la llegada de Sabines Guerrero y hoy operan con total impunidad y complacencia del gobierno creando bots desde el C4.

No es muy difícil espiar a los incómodos, incluso hay walkie talkies de marcas como Yaetsu con la posibilidad tecnológica de captar conversaciones de teléfonos celulares con solo apuntar hacia donde se ubica el sujeto que se quiere espiar. Pero hay algo peor: los orejas.

Los orejas son esos sujetos que se hacen pasar por reporteros de medios inexistentes o peor aún, de existentes. Es fácil identificarlos, no saben siquiera colocar las grabadoras o celulares. No preguntan o rara vez lo hacen. Se especializan en azuzar a los reporteros. Filtran datos falsos y a veces verdaderos, según las necesidades de sus jefes. Son paranoicos y fingen amistad a tal grado que se vuelven compadres y comadres de funcionarios y periodistas.

Siempre han operado con discreción y hasta con torpeza, éstos últimos generalmente son del gobierno del estado, más que del federal, provenientes de las secretarías de gobierno o de seguridad pública. Pulularon más cuando surgió el levantamiento armado del 94. De pronto, las ruedas de prensa se llenaron de extraños y supuestos enviados de medios de otras partes de México inexistentes. Otros consiguieron credenciales de medios locales por órdenes de su siempre patrón: el gobierno. Es más, algunos orejas hasta llegaron a ser reporteros de planta y directores de medios; si repartidores de boletines y choferes han sido asesores de gobernantes, compadres, senadores, alcaldes, diputados, líderes sindicales y hasta empoderados empresarios del periodismo, por qué no un “oreja” director o corresponsal. Por eso no es nada raro el espionaje que realiza el gobierno para cazar a líderes, periodistas y funcionarios incómodos.

Hoy se camuflajean en bots, apps o páginas informativas; detrás de éstas hay gobernantes de administraciones pasadas que utilizan a estos sicarios de la pluma para atacar a cuanto individuo les estorbe para sus perversidades. Juegan en las dos modalidades de comunicación: en medios tradicionales y en virtuales.

Los dueños y directores de los medios también se han prestado a esta modalidad de espionaje. Extienden credenciales a sujetos que trabajan en el gobierno pero fingen no hacerlo porque no quieren perderse las jugosas tajadas distribuidas en diversas modalidades como concesiones de radio, renta de pisos y edificios, licencias para operar negocios, concesiones de transporte público, entre muchas prebendas más.

Es lamentable ser espiado y vendido por los propios jefes de información, de redacción, directores y hasta por los dueños. Son muchos los casos en que los gobernantes han comprado el despido y liquidación de periodistas incómodos en negociaciones obscuras con medios que pregonan libertad, justicia, izquierda y ética. Como dijo Álvaro Obregón “nadie resiste un cañonazo de 50 mil pesos”, porque “perro con hueso en la boca ni muerde ni ladra” (Porfirio Díaz).

¿Quiere ver “orejas”? Fácil, observe la cantidad de personas de ambos sexos “leyendo” en los parques de Tuxtla Gutiérrez. Si quiere identificarlos pronto póngase a encuestar sobre política y de inmediato como zancudos acudirán a ser “cuestionados”, o se acercarán sigilosamente para escuchar qué pregunta. Hasta lo fotografiarán y enviarán de inmediato el reporte que un “enemigo desestabilizador del gobierno acecha las inmediaciones del palacio; favor de levantar ficha roja”.

No es paranoia. El o la de al lado, el o la de enfrente, el o la de atrás, pueden ser el o la traidora; es más, ni siquiera necesitan estar cerca a usted. Así es. Como en los viejos tiempos de la guerra fría, solo que ahora un celular puede ser la guillotina que caiga sobre su cabeza.

Recuerde que hasta en la Unach infiltrados de la guerrilla trabajaron de “orejas”. Otros ahora fungen como oídos del gobierno a veces, los llaman porros.

MAROMA

 LA OPORTUNISTA le dicen. Y no es de extrañar. Siempre ha sido una arribista. María Elena Orantes presume no tener dos actas de nacimiento como la señora Olvera, pero se olvida que su paso por las diversas cámaras legislativas no han sido nada positivas pues su lujosa prepotencia le ha ganado el desprecio de miles.

En la entrevista concedida a Lizeth Coello (16 de junio de 2017) argumenta que Chiapas requiere de alguien que quiera al estado cuando ésta ha menospreciado la propia entidad, desde sus tiempos como estudiante en el Tec de Monterrey campus Chiapas al que niega, y ahora residiendo fuera de ella y no por su “trabajo” legislativo. En su distrito goza de reputación negativa pues no ha cumplido sus promesas en todas las campañas que dijo realizar a pesar de su dicho “Yo soy una mujer de compromisos y de calidad real en el conocimiento y cariño a mi pueblo” (SIC y Recontra SIC diría Carlos Monsiváis). Ni siquiera conoce la diferencia entre un caldo de gallina de rancho y uno de granja.

Se confundió al decir “a mí me encanta servir”, más bien se ha servido con la cuchara grande pues goza de un salario que no devenga, ha sido una de las diputadas con más ausencia junto con Sasil de León, Rafael Guirao y Julián Nazar[1], y no nos vengan a contar eso que “andan informando” a sus votantes.

Es cierto, no podrán acusarla de tener dos actas pero sí de otras situaciones como el haber votado a favor del gasolinazo y de contratar a troles (Ksheratto, 2017)[2] para atacar y “lavar” su imagen no solo de chapulín político sino de mentir, como siempre ha sido su tónica desde que decidió dejar de ser nada más una auxiliar del área de comunicación en el congreso del estado allá por 1993.

DE PLANO, con tal de quedar bien con un gobernador que ni lo fuma y al que le agria cada vez más el gesto, el rector Carlos Eugenio Ruiz Hernández dejó plantado en un desayuno convocado por él mismo, a todos los docentes que con mucho trabajo individual y sin apoyos reales de la Unach, obtuvieron o refrendaron el reconocimiento del Sistema Nacional de Investigadores, el SNI, y todo porque prefirió ir a colocar unas piedritas de lo que serán las nuevas instalaciones de la licenciatura Médico Cirujano, que no doctor, allá en Tapachula.

Ruiz Hernández va de torpeza en torpeza. Olvídese de esa foto donde se retrata con varios sujetos señalados por comportamiento dudoso en esta administración de Manuel Velasco; sino que organizó una conferencia “magistral” donde se abordó el Sistema Nacional Anticorrupción”, impartida por Yasmín Esquivel Mossa, quien ha sido señalada como presunta traficante de influencias en la ciudad de México, según artículo de Daniel Gershenson (2015)[3] ¡qué contradictorio! Esto, por supuesto, no abona a la imagen de Carlos Eugenio.

En fin. Qué se puede esperar de quien recurrió a lo mismo, al tráfico de influencias, para llegar a la rectoría. Porque si la elección para rector de la Unach hubiese sido por méritos propios, ni en la primera escalinata de las grades de la Colina Universitaria se habría sentado.

[1] https://www.boletinchiapas.com/maria-elena-orantes-entre-los-diputados-y-diputadas-que-mas-se-ausentan/

[2] https://www.alertachiapas.com/2017/01/14/ya-me-canse-orantes-lopez/

[3] http://www.animalpolitico.com/blogueros-entropista/2015/08/31/la-magistraficante-de-influencias/

 

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