Definición de E

Cualquier diccionario dice que es la quinta letra del abecedario. A be ce de ¡e! A mí me encanta escribir lo anterior, sólo para constatar que la b (segunda letra del abecedario) contiene a la e. Lo mismo sucede con la c (tercera letra del abecedario) y con la d (cuarta letra del abecedario). Es decir, la e es la quinta letra del abecedario, pero está contenida en la segunda letra. Es tan simpática la letra e que está contenida en muchas otras letras del abecedario. ¿Lo checamos? Ya dijimos la be, la ce, la de y la e. Ahora vamos con las siguientes: efe, ge, hache, ele, eme, ene, eñe, erre, ese, te, ve y zeta. ¡Ah, bárbara! La e es casi imprescindible. Sin la e no hubiera abecedario.

Pero, además, tiene una gran capacidad de transformación porque logra el prodigio que ninguna otra letra posee: toma el lugar de la “y” cuando la palabra que sigue comienza con i o con hi. Hay chistes incluso que abordan esto que no es cosa de risa sino cosa de reflexión. El chiste cuenta que el alumno dijo: Aguja y hilo. El maestro, con la cara severa de sabelotodo, lo corrigió: “No, niño, no se dice aguja y hilo, se dice aguja e hilo. ¿Cómo se dice?”. Y el alumno dijo: “Hilo e aguja”.

Cuando alguien cuenta este sobado chiste no falta el que lo celebra. Pero, este celebrante ¿ya cayó en la cuenta de la maravillosa capacidad de transformación de la e? Cuando alguien dice mestizos y indios, el maestro advierte que, para evitar el hiato, debe decirse mestizos e indios.

¡Ah, qué increíble capacidad de la letra e! De simple vocal pasa a ser conjunción copulativa. Todo mundo sabe que cópula es la unión sexual de dos individuos. Así, la e, en graciosa sustitución de la y, une a dos palabras. Ya Cri-crí había advertido el sentido sexual de la dichosa letra e cuando, en la famosa canción de la marcha de las letras, dijo: “…ahí viene la e, alzando los pies, el palo de en medio es más chico como ves”. Los expertos en albur mexicano han detectado que hay dos palabras esenciales en estas líneas: palo y chico; es decir, acá, Cri-crí coloca los dos elementos necesarios para completar una cópula: el palo y el chico te mido (perdón, me ganó el espíritu alburero del fantástico Chava Flores). Cri-crí lo hace para señalar la virtud de la e. No hay otra letra que posea esta capacidad camaleónica.

Todo mundo emplea el famoso éjele, que es una interjección irónica. Sólo al pueblo mexicano se le pudo ocurrir inventar tal palabra que conlleva la ironía en sí misma y esto es así porque contiene a la e, cuyo sonido es el preferido de la lengua española. ¿Alguien podría soportar que la eñe se llamara aña o uñu o iñi? ¡Nadie! La eñe es simpática porque contiene a la e. Lo mismo sucede con el éjele. ¿Quién soportaría un ájala o un újulu? En cambio el éjele es gracioso de nacimiento. Los niños bromean: “Éjele, se le cayó el calzón”. La burla es simpática, sin ofensa. Bueno, se sabe que las palabras van tornándose duras a medida que el escucha crece. Si al niño le dicen: “Éjele, se le cayó su helado” no lo convierte en tragedia, como sí sucede cuando un adulto escucha la siguiente burla: “Éjele, perdió la candidatura”.

La e es la quinta letra del abecedario y se sabe que no hay quinto malo. Cuando menos eso era lo que decía hace treinta años el tío Chava. Hoy dice que ya no se sabe, porque en estos tiempos los quintos son escasos. ¡Vayan ustedes a saber!

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