El juego de la democracia

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Una de las páginas más oscuras en la historia reciente de nuestro país es sin lugar a dudas “La caída del sistema” electoral que permitió el triunfo de Carlos Salinas de Gortari, candidato presidencial del PRI en 1988. Los coletazos de este lamentable suceso todavía se resienten porque en un momento coyuntural demostró que el partido en el poder PRI estaba en las condiciones de erigirse y que además estaba haciendo lo posible para merecer el mote de “dictadura perfecta” que alguna vez el escritor Mario Vargas Llosa le impusiera como ejemplo de ejercicio del poder en Latinoamérica.

Y no es para menos porque el PRI ese año, por primera vez desde su fundación en 1929, tenía una posibilidad clara de perder en contra de su adversario más cercano: Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano candidato del Frente Democrático Nacional.

Lo que sucedió la noche del 6 de julio de 1988 con el desencajado anuncio del Secretario de Gobernación en ese entonces Manuel Bartlett Díaz, que informaba la suspensión del conteo de votos justo cuando la ventaja de las estadísticas beneficiaba a Cárdenas Solórzano, marcó la historia de México en los próximos años.

Si nos ponemos a fantasear acerca de lo que hubiera pasado si esa “caída del sistema” no hubiera ocurrido, con la clara posibilidad del triunfo del opositor Cardenas Solorzano y su grupo que a la postre fundaron el Partido de la Revolución Democrática (PRD), podríamos llegar a muchas suposiciones que ahora mismo son inútiles.

Lo verdaderamente importante es que este hecho oscuro en la historia además de sucesos trágicos en los años subsecuentes nos trajo un regalo invaluable, la modificación de nuestra constitución en el ámbito electoral, la concepción de un código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE) en 1989 y la fundación en 1990 del Instituto Federal Electoral (IFE) hecho que a la postre permitió la construcción de los organismos electorales, estatales y municipales; de estos años conquistamos el legado de que, como ciudadanos pudiéramos participar en las elecciones.

De 1990 a la fecha mucho se tiene que decir acerca de los procesos democráticos que han sucedido en nuestro país, lo cierto es que los triunfos ciudadanos han sido paulatinos a partir de la concepción de un organismo que por primera vez en la historia de México tomó en cuenta a los ciudadanos y alejó de principio  la permisión del gobierno imponerse como juez y parte en su propia permanencia partidista.

Este conocimiento tiene que valorarse desde la ciudadanía; en un contexto líquido en donde las redes sociales ya le permiten a los ciudadanos alzar la voz es fácil caer en la provocación de algunos actores que tienen como estrategia enlodar a los institutos electorales y distraer la atención o la responsabilidad de quienes tienen realmente la culpa de las guerras sucias en tiempo de elecciones, hay que poner mucha atención, no podemos ni siquiera como error olvidar que el origen de los problemas son las prácticas desleales y los golpes bajos, los que hacen el juego sucio son los que compiten no el que se encarga de organizar el juego.

No se vale descalificar al árbitro, es cierto, estos órganos son perfectibles, pero lo son a partir de la propia participación ciudadana, nuestros institutos de elecciones locales y/o municipales, incluso el Instituto Nacional de Elecciones (INE) necesitan de la ciudadanía responsable, miles de ojos y manos ayudando a limpiar el lodo que arrojan sobre ellos los de siempre, aquellos que desde el inicio de esta historia han demostrado no querer acatar las reglas de un juego limpio. Ojo ciudadanos, que no nos lleven al baile.

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